9 de septiembre de 1922

Sobre la creación de Adán y el pecado original. Jesús encuentra en el alma que vive en el Querer Divino todo lo que Él hizo.

Mi siempre dulce Jesús continúa hablando de su Santísimo Querer. Y me hacía ver su Corazón abierto, del cual salían tantos ríos de luz que herían a todas las criaturas, los cuales formando una red de luz envolvían todo, y hablándome me dijo:

"Hija mía, al crear al primer hombre daba el principio a la creación del género humano y después de que le formé el cuerpo, con mi aliento omnipotente le infundí el alma y con otro aliento mío, podría decir, me infundí Yo mismo en el fondo del hombre para sostenerlo, dominarlo y custodiarlo. Así que aquel hombre formaba un reino para Mí, en el cual Yo como Rey debía extender mis confines. Mi alegría fue suma al ver en este hombre la generación casi interminable de tantos otros seres, con que me debía proveer de tantos otros reinos por cuantas criaturas debían salir a la luz y en los cuales debía Yo reinar y agrandar mis confines divinos en ellos, y todo el bien de los demás reinos debían redundar para gloria y honor del primer reino, que debía ser la cabeza de los demás y como acto primero de la creación. Pero con sustraerse de mi Querer, mi reino y el suyo terminaron y no sólo esto sino que me pisoteó y en mi lugar se puso a sí mismo a reinar, idolatrándose y formando el reino de los vicios, de las miserias, de las desgracias. Mi alegría murió al nacer y se cambió en dolor. Mira, todo el mal no fue más que el sustraerse el hombre de mi Voluntad.

Pero nuestro amor no se detuvo, no quise ser el Dios aislado, no, y por eso quise descender del Cielo tomando una Humanidad semejante al primer hombre; encerré en Ella la creación toda, vinculé de nuevo la voluntad humana de esta Humanidad a la Voluntad Divina a fin de que esta voluntad humana abrazando la creación toda y todos los actos de ellos en esta Voluntad Divina, me la llevaba a mi trono como triunfadora de todos los actos humanos cambiados por Ella en actos de Voluntad Divina. Con esto la voluntad humana tomaba posesión de la Voluntad Divina y la Divina de la humana. Una dominaba sobre la otra, porque cuando un ser forma una sola cosa con otro ser, si es dueño uno, es como connatural que el otro se haga también dueño. Fue esta mi única razón por la que ordené al hombre abstenerse del fruto prohibido por Mí: quería un acto de sacrificio de la voluntad humana en la Mía a fin de que en este sacrificio, vinculando su voluntad en la Mía, pudiera tomar posesión de mi Voluntad y Yo de la suya y ambas reinar con la misma potencia, sabiduía y bondad, no lo quería en nada desemejante de Mí, era mi parto, era mi hijo, y ¿qué padre no quiere que su hijo sea rico y feliz como él? Mucho más Yo, Padre Celestial, y que nada perdía con hacer a este hijo mío rico, feliz y reinante a la par de Mí. Entonces, habiendo roto el hombre su voluntad con la Mía, mi amor no se quedó quieto, elevó más alto sus llamas y a cualquier costo quise producir otro Yo y elegí mi Humanidad, la cual sacrificándose en todo a mi Voluntad, tomaba posesión de mi Querer, haciéndome cumplir en Ella la finalidad de la creación del hombre. Porque Yo acostumbro cumplir mis más grandes empresas con uno solo y después las difundo. ¿No fue un hombre solo el que arruinó todos mis designios? Y mi Humanidad sola debía rehacerme de esa ruina, y la potencia de mi Querer encerrando en Ella la creación toda debía hacerme restituir los amores, los besos, las caricias que el primer hombre tan brutalmente había rechazado. Mi amor, dejando las vestiduras, podría decir, de dolor y de luto se revistió de fiesta y como triunfador llegó a los más grandes excesos y locuras de amor. Así que cuando quiero hacer una obra con la criatura empiezo siempre de tú a tú, como si ninguna otra existiera y después la agrando tanto hasta llenar Cielo y tierra.

Ahora, hija mía, mi amor quiere producir de nuevo, y mientras llega a los excesos sale fuera y deteniéndose quiere dar nuevos partos; y lo que hizo en mi Humanidad, encerrando a la creación toda para hacer que toda pudiera dar al Padre todo lo que de ella quería y hacer descender todo en favor de todas las criaturas, ahora, vinculando tu voluntad con la Mía quiero encerrar en ti la creación toda y haciéndote tomar posesión de mi Querer quiero sentir repetir en ti mis actos, mi amor, mis penas; quiero mi reflector en la tierra que al verlo vea la creación que creé en el Cielo y que encerró mi Humanidad dentro de ti como dentro de un espejo, y Yo mirándote la reconozca en ti. Entre tú y Yo estaremos en continuos reflejos, Yo la haré reflejar en ti y tú en Mí; Yo desde el Cielo y tú desde la tierra. Sólo mi amor estará contento cuando vea en una criatura no sólo la imagen de mi Humanidad sino todo lo que obró mi Divinidad en ella. Por eso sé atenta y sigue mi Querer."

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11 de septiembre de 1922

La finalidad primaria de todo lo que Dios hizo en la creación y en la redención fue que el hombre viva en el Divino Querer.

Continuando mi habitual estado, me abandonaba toda en el Santo Querer de mi dulce Jesús y sintiendo necesidad de reposar decía entre mí: "También el sueño en tu Voluntad; no quiero otra cosa que tomar el verdadero reposo en los brazos de tu Querer".

Entonces Jesús me dijo:

"Hija mía, extiende sobre todas las criaturas tu reposo como un manto para cubrirlas a todas, porque sólo en mi Querer hay verdadero reposo, y como Él lo envuelve todo, reposando en mi Voluntad te extenderás sobre todos para impetrar para todos el verdadero reposo. ¡Cuán bello es ver a una criatura nuestra reposar en brazos de nuestra Voluntad! Pero para encontrar verdadero reposo es necesario que ponga en camino todos sus actos, sus palabras, todo su amor, sus deseos, etc., en nuestro Querer, para que tomando su lugar en Él reciban el reposo y Yo me repose en ellos.

Todas las obras dan reposo cuando se cumplen, pero si no están cumplidas, dan siempre una preocupación, un pensamiento, un quehacer que hace inquieto el verdadero reposo. Ahora bien, el cumplimiento de la obra de la creación era que el hombre cumpliera en todo nuestra Voluntad; Ella debía ser la vida, el alimento y la corona de la criatura; y como esto no se realiza todavía, la obra de la creación no está aún cumplida; por eso ni Yo puedo reposar en ella, ni ella en Mí, me da siempre quehacer, y Yo anhelo este cumplimiento y mi reposo. Por eso anhelo y quiero tanto que se conozca el modo de vivir en mi Querer, pues jamás podré decir que la obra de la creación y la de la redención están cumplidas si no tengo todos los actos de la criatura que como lecho se extiendan en mi Querer para darme reposo. Y Yo ¿qué bello reposo no le daré a ella al verla retornar en alas de nuestra Voluntad con el sello del cumplimiento de la creación? Mi seno será su lecho. Por tanto no hay cosa que haya Yo hecho que no haya tenido por finalidad primaria que el hombre tome posesión de mi Querer y Yo del suyo. En la creación fue ésta mi finalidad primaria, en la redención lo mismo, los sacramentos instituidos, las tantas gracias hechas a mis Santos... han sido semillas, medios para hacer llegar a esta posesión de mi Querer. Por eso no dejes escapar nada de lo que quiero sobre mi Voluntad, ya sea en el escribir, ya sea en la palabra o en las obras.

Sólo por los preparativos que la han precedido puedes conocer que la cosa más grande, la más importante y la que más me interesa es el vivir en mi Querer.

¿Quieres saber dónde fue sembrada esta semilla de mi Querer? En mi Humanidad; en Ella germinó, nació y creció, así que en mis llagas, en mi sangre, se ve esta semilla que quiere transplantarse a la criatura para que ella tome posesión de mi Voluntad y Yo de la suya, a fin de que la obra de la creación vuelva al principio de donde salió, no sólo por medio de mi Humanidad sino también por medio de la misma criatura. Serán pocas... y con que fuera sólo una, ¿no fue uno sólo aquel que sustrayéndose de mi Querer estropeó y rompió mis planes y destruyó la finalidad de la creación? Pues así: una sola puede adornarla y realizarla en su finalidad; pero mis obras no quedan jamás aisladas, así que tendré el ejército de las almas que vivirán en mi Querer y en ellas tendré la creación reintegrada, toda bella y perfecta como salió de mis manos. Y si no fuera así, no tendría tanto interés por hacer conocer mi Voluntad".

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15 de septiembre de 1922

Premura de Jesús por hacer conocer el Divino Querer obrante en la criatura.

Al continuar copiando de mis escritos lo que Jesús me dijo sobre las virtudes sentía tal repugnancia que me sentía morir y decía entre mí: "A los demás se les hace inventario de sus cosas hasta después de su muerte, sólo a mí me toca la dura suerte de hacerlo yo misma estando aún en vida. ¡Ah Señor, dame la fuerza para hacer este sacrificio!" Luego, el Confesor me hizo saber el modo que seguirán para hacerlos salir. ¡Oh Dios, qué pena! Me sentía amargada hasta la médula de los huesos. Entonces el bendito Jesús, al venir y viéndome tan amargada me dijo:

"Hija mía, ¿qué tienes? ¿Por qué te afliges tanto? Es mi gloria y mi honor quienes lo exigen y tú deberías estar con esto contenta. ¿Crees que son las criaturas quienes lo quieren, quienes disponen y quienes te lo ordenan? No, no, soy Yo mismo quien mueve todo, quien las empuja, quien las ilumina... y muchas veces no soy escuchado, de lo contrario se darían más prisa y tendrían más interés, y Yo me veo obligado a empujarlas más fuerte para hacer que mi Querer se cumpla. Tú quisieras esperar hasta después de tu muerte, pero mi Querer no quiere esperar; y además es cierto que tú eres la que tienes la conexión, el injerto con mi Voluntad, pero aquí se trata no de ti sino de Mí; se trata de hacer conocer los efectos, los bienes y el valor que contiene mi Querer obrante en la criatura, cuando ésta vive en Él. Además, si no quieres interesarte tú, que conoces cuánto me importa y cuán ardientemente quiero que los efectos de mi Querer sean conocidos, de lo que me vendrá la completa gloria de la creación y el cumplimiento de la misma redención... (¡oh, cuántos efectos están aún suspendidos tanto de la creación como de la redención porque mi Querer no es conocido y no tiene su verdadero Reino en la criatura, y no reinando, la voluntad humana queda siempre esclava de sí misma), ¿crees tú entonces que se interesarán los demás después de tu muerte? ¡Oh, cuántas cosas hay sepultadas que he manifestado a las almas por falta de alguien que se interese en mis obras! Pero si lo he tolerado en las otras, en ésta de mi Voluntad no lo toleraré. Daré tanta gracia a quien se ponga al trabajo que no me podrá resistir. Pero la parte más importante y esencial la quiero de ti".

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20 de septiembre de 1922

Para vivir en el Querer Divino la criatura debe contener sus gérmenes. El doble oficio.

Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: "Ah amor mío, haz que de todo mi ser no salga más que amor, alabanza, reparación, bendición hacia ti!" Y mientras esto decía, el bendito Jesús vino y yo me veía toda ojos, no había partecita de mí en la que no se viera un ojo, y de cada uno de ellos salía un rayo de luz que hería la persona de Nuestro Señor, y me dijo:

"Hija mía, es decoroso para Mí y para ti que no salga más que amor, santidad, gloria... todo para Mí. De otra manera degradaría mi Voluntad al hacer vivir en Ella a un alma que no fuera un complejo de todos los bienes en los que sobreabunda mi Voluntad; y el alma, si no tuviera los gérmenes de todos los bienes, no podría recibir los bienes que mi Voluntad contiene; y si, jamás sea, tuviese algún germen no bueno, sería una intrusa, sin nobleza ni decoro, y por lo tanto ella misma, avergonzándose, se saldría fuera de Ella y no tomaría gusto ni contento, teniendo en ella cosas extrañas a mi Querer. Por eso te he signado hasta las gotas de tu sangre, tus huesos, latidos... que son estos ojos de luz, para hacer que nada, nada salga de ti que no sea santo y que no sea dirigido a Mí".

Después me transportó fuera de mí misma, haciéndome ver todo revuelto y cómo están maquinando otras guerras y revoluciones. Jesús hacía de todo para alejarlos de eso, pero viendo su obstinación se retiraba de ellos. ¡Dios mío, qué tristes tiempos! Yo creo que nunca el hombre había llegado a este exceso de perfidia: querer la destrucción del propio ser.

Estaba también con el temor de que mi dulce Jesús no viniera, y mucho más porque sentía que mis sufrimientos se habían disminuido y como adormecido y por eso decía para mí: "Si es cierto lo que vi y según otras veces, para dar curso a la justicia tal vez Él no vendrá y no me hará participar en sus penas".

Y Jesús, volviendo y viéndome muy oprimida me dijo:

"Hija mía, no temas. ¿No recuerdas que ocupas dos oficios: uno de víctima y el otro, mucho más grande, de vivir en mi Querer para darme de nuevo la gloria completa de toda la creación? Así que si no estás en un oficio junto conmigo, te tendré en el otro oficio. A lo más podrá haber una pausa de penas en relación al oficio de víctima; por eso no temas y cálmate".

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24 de septiembre de 1922

La Divina Voluntad: vestido del alma.

Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hizo ver casi desnudo y temblando de frío y me dijo:

"Hija mía, cúbreme y caliéntame que tengo frío. Mira, la criatura con el pecado se desnudó de todos los bienes, y Yo quise formarle un vestido más bello tejiéndoselo con mis obras, coloreándolo con mi sangre y adornándolo con mis llagas, pero ¿cuál no es mi dolor al ver que me rechazan este vestido tan bello y se contentan con quedarse desnudas? Yo me siento desnudo en ellas y siento su frío; por eso vísteme, pues tengo de ello necesidad".

Y Yo: "¿Cómo podré vestirte si no tengo con qué?"

Y Él: "Sí que puedes vestirme: tienes toda mi Voluntad en tu poder, absórbela en ti, luego hazla salir y me harás el más bello vestido, un vestido todo de Cielo y divino. ¡Oh, cómo quedaré calentado! Y Yo te vestiré a ti con el vestido de mi Voluntad para que podamos quedar vestidos con un mismo vestido. Por eso lo quiero de ti, para podértelo dar a ti con justicia; si tú me vistes a Mí, es justo que Yo te vista a ti para darte la correspondencia de lo que has hecho por Mí. Todo el mal en el hombre es que ha perdido la semilla de mi Voluntad, por eso no hace otra cosa que cubrirse con los más grandes delitos que lo degradan y lo hacen obrar como demente. ¡Oh, cuántas locuras están por cometer! Justa pena... porque quieren tener por Dios al propio yo".

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27 de septiembre de 1922

Lamentos y amor de Jesús.

Me sentía amargada a lo sumo por la privación de mi dulce Jesús y era tanta la pena que llegaba a decir desatinos, hasta decirle que no me amaba, que ya no me quería y que yo lo amaba más a Él, y que si bien es cierto que mi amor es pequeño y limitado, apenas una sombra, una gotita, un centavo, y esto es porque mi ser así está hecho, estrecho, pequeño, pero por cuan pequeño y limitado, todo es para amarlo... Pero ¿quién puede decir todos los desatinos que decía? Era el delirio de la fiebre que me producía su privación el que me hacía decir estas cosas. Entonces, después de mucho esperarlo, mi dulce Jesús vino y me dijo:

"Hija mía, quiero ver si es cierto que tú me amas más que Yo a ti." Y mientras esto decía, la Persona de Jesús se multiplicaba, así que veía a Jesús a la derecha, a la izquierda, a Jesús en el corazón; no había parte de mí, ni lugar alguno en el que no viera a Jesús, y todos a la vez me decían: "Te amo, te amo", pero esto era nada; conteniendo Jesús la Potencia Creadora, toda la creación repetía junto: "Te amo". Cielo y tierra, viadores y bienaventurados, todos juntos a coro, como si fuera un solo eco, repetían: "Te amamos con el amor con el que te ama Jesús". Yo quedé confundida ante tanto amor, y Jesús agregó:

"A ver, dime, repíteme que tú me amas más, multiplícate tú para darme tanto amor por cuanto te doy Yo."

Y yo: "Jesús mío, perdóname, yo no sé multiplicarme, pues no poseo la Potencia Creadora y por tanto no tengo nada en mi poder, entonces ¿cómo puedo darte tanto amor por cuanto me das Tú? Lo sé también yo que mi amor es una sombra frente al tuyo, pero el dolor de tu privación me hace delirar y me hace decir necedades, por eso no me dejes más sola sin ti, si no quieres que diga desatinos".

Y Jesús deteniendo mi hablar agregó: "Ah hija mía, no sabes en qué contraste me encuentro: mi amor me empuja, hasta hacerme violencia, a hacerme venir, pero mi justicia casi me lo prohibe, porque el hombre está por llegar a los extremos del mal y no merece esa misericordia que sobre ellos corre cuando vengo y te participo mis penas, que ellos mismos me infligen. Has de saber que los gobernantes de las naciones están combinándose juntos para destruir a los pueblos y maquinar desgracias para mi Iglesia, y para obtener lo que se proponen, quieren servirse de la ayuda de potencias extranjeras. El momento en que el mundo se encuentra es terrible; por eso reza y ten paciencia".

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3 de octubre de 1922

Necesidad de que la Santísima Virgen estuviera al día en las penas internas de Jesús.

Continuando mi habitual estado, me sentía oprimida porque el bendito Jesús frecuentemente permite que yo sufra mientras está presente el Confesor, y me lamentaba con Él diciéndole:

"Amor mío, te pido, te suplico que no permitas que sufra en presencia de alguien; haz que todo pase entre Tú y yo y que únicamente Tú conozcas mis penas. Ah Jesús, conténtame, dame tu palabra de que no lo harás más; es más, hazme sufrir el doble, estaré contenta, siempre que todo quede oculto entre Tú y yo". Y Jesús interrumpiendo mi hablar me dijo:

"Hija mía, no te abatas, cuando mi Voluntad lo quiere, tú debes ceder; además esto no es otra cosa que un paso de mi vida. Mi misma vida oculta, mis penas internas y todo lo que hice tuvieron siempre al menos uno o dos espectadores, y esto con razón, por necesidad y para obtener la finalidad de mis mismas penas. Así que, el primer espectador fue mi Padre Celestial, a quien nada podía escaparle porque era Él mismo el que me infligía las penas, era actor y espectador; si mi Padre no hubiera visto ni hubiera sabido nada ¿cómo habría podido Yo darle satisfacción, darle la gloria e inclinarlo, ante la vista de mis penas, a la misericordia para el género humano? Entonces la finalidad de mis penas no se hubiera logrado.

En segundo lugar mi Mamá fue espectadora de todas las penas de mi vida oculta, y esto era necesario, pues si Yo había venido del Cielo a la tierra para sufrir, no para Mí sino para bien de los demás, debía tener por lo menos a una criatura en la que debía apoyar el bien que contenían mis penas y así mover a mi querida Mamá a agradecerme, a alabarme, a amarme, a bendecirme y a hacerla admirar los excesos de mi bondad; tanto que Ella, conmovida y raptada ante la vista de mis penas, me rogaba que en vista del gran bien que le llevaban mis penas, no la eximiera de fundirse con mis mismas penas para sufrirlas también Ella y darme así su correspondencia y ser mi perfecta imitadora. Si mi Mamá no hubiera visto nada, Yo no habría tenido mi primera imitadora, ni habría tenido ningún ‘gracias’, ninguna alabanza, y mis penas y el gran bien que contenían habrían quedado sin efecto, porque no conociéndolas ninguno, no habría Yo podido hacer el primer apoyo, y así la finalidad del gran bien que debía recibir la criatura se habría perdido. ¿Ves ahora cuán necesario era que al menos una sola criatura estuviera al tanto y al día de mis penas?

Si esto fue así para Mí, quiero que sea también así para ti; es más, te digo que quiero al Confesor obrante junto conmigo, espectador y depositario de las penas que te hago sufrir, a fin de que también él participe en el bien y teniéndolo junto conmigo pueda excitarlo más en la fe e infundirle luz y amor para hacerle comprender las verdades que te voy manifestando".

Yo quedé más que nunca oprimida al oír esto y mientras esperaba misericordia encontré justicia e irremovilidad de parte de Jesús. ¡Oh Dios, qué pena! Entonces Jesús viéndome más afligida agregó:

"Hija mía, ¿esto es lo mucho que me quieres? Los tiempos son muy tristes y los males que vendrán son de hacer temblar, y cuando no puedas tú sola impedir todo el curso de mi justicia, lo podréis entre los dos, y tú misma me dirás que te haga sufrir. Por eso resígnate también en esto y ten paciencia, lo quiere tu Jesús y basta".

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6 de octubre de 1922

Luisa: la primera en vivir en la Divina Voluntad.

Estaba rezando y mi siempre amable Jesús vino y poniendo un brazo en mi hombro me dijo:

"Hija mía, recemos juntos, entremos en el mar inmenso de mi Voluntad para hacer que nada salga de ti que no sea sumergido en Ella; el pensamiento, la palabra, el latido, la obra, el paso..., todo debe tomar su puesto en mi Voluntad, y en cada cosa que hagas en Ella tomarás una posesión de más y adquirirás un derecho mayor.

Todos los actos humanos según la finalidad de la creación debían tener Vida en mi Querer, para formar en Él su plano de todos los actos humanos cambiados en actos divinos y con el sello de la nobleza, de la Santidad y de la Sabiduría Suprema. No era nuestra Voluntad que el hombre se saliera de Nosotros, sino que viviera con Nosotros, creciendo a nuestra semejanza y obrando con nuestros mismos modos. Por eso quería que todos sus actos fueran hechos en nuestro Querer, para darles su puesto y poder formar su arroyo en el mar inmenso del Mío. Yo hice como un padre que poseyendo grandes extensiones de tierra, dice a su hijo: ‘Te doy en posesión el centro de mis propiedades a fin de que no salgas jamás de mis confines y crezcas en mis riquezas, con mi misma nobleza y con la misma grandeza de mis obras, y así todos reconozcan que eres mi hijo’. ¿Qué se diría de este hijo si no aceptara el gran don del Padre y se fuera a tierras extrañas a vivir de miserias, desnobleciéndose bajo la ignominiosa esclavitud de crueles enemigos? ¡Así fue el hombre!

Ahora, este plano, este arroyo en mi Querer, lo quiero de ti: corra cada uno de tus pensamientos en Él, a fin de que a los reflejos de nuestra Inteligencia, que es pensamiento de cada uno, se eleve sobre todas y cada una de las inteligencias humanas y nos dé el homenaje de cada pensamiento en modo divino. Tus palabras, tus obras corran también, a fin de que a los reflejos de nuestra palabra Fiat, que hizo todas las cosas y es palabra de cada uno, y a los reflejos de la Santidad de nuestras obras, que es vida y movimiento de todo, nos den, elevándose y sobrevolando sobre todo, la gloria de cada palabra y de cada obra con nuestra misma palabra Fiat y con la misma Santidad de nuestra obras.

Hija mía, si todo lo que es humano, sea aun un pensamiento, no es hecho en mi Querer, el plano humano no toma su puesto y el arroyo no viene formado, y mi Querer no puede descender a la tierra para hacerse conocer y reinar".

Yo, al oír esto, le dije:

"Amor mío Jesús, ¿es posible que después de tantos siglos de vida de la Iglesia que ha hecho salir tantos Santos, y muchos de ellos han hecho asombrar al Cielo y a la tierra por sus virtudes y por las maravillas que han obrado, no debían ellos obrar todo en el Divino Querer, en modo de formar este plano que Tú dices y que me estabas esperando precisamente a mí, la más inhábil y la más mala e ignorante para hacerlo? ¡Me parece verdaderamente increíble!"

"Escucha, hija mía: mi Sabiduría tiene medios y caminos que el hombre ignora y está obligado a inclinar la frente y a adorarla en mudo silencio. No le está a él dictarme leyes, ni a quién debo escoger, ni el tiempo oportuno que mi bondad dispone. Además, debía Yo primero formar los Santos que debían asemejarse y copiar en modo perfecto mi Humanidad, por cuanto a ellos es posible, y esto lo he hecho ya. Ahora, mi bondad quiere pasar más allá y quiere llegar a excesos más grandes de amor, por eso quiero que entren en mi Humanidad y copien lo que hizo el alma de mi Humanidad en la Divina Voluntad. Si los primeros cooperaron a mi redención, a salvar a las almas, a enseñar la ley, a vencer al pecado, limitándose a los siglos en los que vivieron, los segundos pasarán más allá, y copiando lo que hizo el alma de mi Humanidad en la Divina Voluntad abrazarán todos los siglos y a todas las criaturas y elevándose sobre todas pondrán en vigencia los derechos de la creación, tanto los que me corresponden a Mí como los que corresponden a las criaturas, llevando todas las cosas a su primer origen de la creación y a la finalidad para la que la creación fue hecha. Todo es ordenado en Mí: si la creación la hice salir ordenada, debe volverme ordenada, como salió de mis manos. Ya el primer plano de los actos humanos cambiados en divinos en mi Querer fue hecho por Mí y lo dejé como suspendido, y la criatura nada supo, excepto mi querida e indivisible Mamá, y era necesario así, pues si el hombre no conocía el camino, la puerta y las estancias de mi Humanidad ¿cómo habría podido entrar dentro de Ella y copiar lo que Yo hice? Pero ahora ha llegado el tiempo de que la criatura entre en este plano y haga también lo suyo en lo Mío. ¿Y qué maravilla que te haya llamado a ti por primera? Además es tan cierto que te he llamado a ti por primera que a ninguna otra alma, por cuanto querida por Mí, le he manifestado el modo de vivir en mi Querer, los efectos de Él y las maravillas y los bienes que recibe la criatura obrante en mi Querer Supremo; busca en cuantas vidas de Santos quieras, o en todos los libros de doctrina y en ninguno encontrarás los prodigios de mi Querer obrante en la criatura y la criatura obrante en Él, a lo más encontrarás la resignación, el abandono, la unión de los quereres, pero el Divino Querer obrante en la criatura y ella en el Mío en ninguno lo encontrarás. Esto significa que no había llegado el tiempo en que mi bondad debía llamar a la criatura a vivir en este estado sublime. Aun el modo como te hago rezar no se encuentra en ningún otro.

Por eso sé atenta. Mi justicia lo exige y mi amor delira, por eso mi sabiduría dispone todo para obtener lo que quiero. Son los derechos y la gloria de la creación lo que queremos de ti".

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9 de octubre de 1922

La voluntad humana obrante en la Voluntad Divina.

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús viene todo ternura, me estrecha entre sus brazos, me besa y me dice quién sabe cuántas veces:

"¡La hija mía, la hija de mi Voluntad, cómo me eres querida! Mira, a medida que tu querer entra en Mí se vacía de ti y el Mío entra obrante en ti, y a medida que obra el Mío, el tuyo recibe la fuerza de la Potencia Creadora y queda obrante en Mí, y como Yo soy un punto solo, que contengo todo, abrazo todo y hago todo, veo tu querer obrante en Mí con mi misma Potencia Creadora que quiere darme todo y corresponderme por todos, y con sumo contento mío lo veo en mi presencia desde el primer instante en el que hice salir la creación toda; y dejando atrás a todos se pone adelante, como si tú fueras la primera creada por Mí y en quien no existe ninguna ruptura de voluntad entre tú y Yo, tal como hubiera querido al primer hombre, y me da el honor, la gloria y el amor como si la creación no hubiera salido fuera de mi Voluntad. ¡Qué gusto, qué contento siento! Tú no puedes comprenderlo. El orden de la creación me viene restituido; las armonías, las alegrías se suceden sin interrupción. Veo esta voluntad humana obrante en Mí en la luz del Sol, en las olas del mar, en el centelleo de las estrellas, en todo... y me da la gloria de todos los bienes que estas cosas creadas dan al hombre... ¡Qué felicidad! En todo se me asemeja, con esta sola deferencia: que Yo soy un punto solo, y tú, poco a poco. Conforme obras, piensas, hablas, amas en mi Querer, así vas tomando más lugar y formas partos divinos".

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19 de octubre de 1922

Por cuantos efectos y valores se conocen, tanto más se recibe del Querer Divino. Espera de Jesús de tantos siglos para hacerlos conocer.

Continúo estando toda abandonada en los brazos de mi dulce Jesús. Me sentía toda sumergida en su Santísimo Querer y me encontraba como en su centro. Entonces, al venir, Jesús me dijo

"Hija mía, mi Humanidad vivía como en el centro del sol eterno de mi Voluntad Divina y desde este centro partían los rayos, y llevando con ellos mi inmensidad envolvía todo y a todos; mi obrar, partiendo de este centro se encontraba como en acto por cada acto de criatura; mis palabras como en acto por cada palabra; cada uno de mis pensamientos como en acto por cada pensamiento... y así de todo lo demás. Y al descender, como un acto solo volvía a subir a su centro, llevando consigo todos los actos humanos para rehacerlos, para reordenarlos todos según como quería mi Padre.

Así que, sólo porque mi Humanidad vivía en el centro del Querer Eterno pudo abrazar a todos como un acto solo, para cumplir así con decoro y digna de Mí la obra de la redención, de otra manera habría sido una obra incompleta y no digna de Mí. Y así como la ruptura de la voluntad humana con la Divina fue todo el mal del hombre, así la unión continua de la voluntad de mi Humanidad con la Voluntad Divina debía formar todo su bien, y esto sucedía en Mí connaturalmente.

Mira el Sol, ¿qué cosa es? Es un globo de luz que difunde su luz igualmente a la derecha, a la izquierda, adelante, atrás, arriba, abajo... por doquier. La luz de tantos siglos atrás es la de hoy, nada ha cambiado, ni luz, ni calor, y la luz de hoy será la del fin de los siglos. Si tuviera razón, podría decir todos los actos humanos, es más, los tendría en sí como propiedad suya, habiendo sido él vida, causa y efecto de cada acto, y esto como cosa connatural en él.

Ahora bien, esto sucede al alma que vive en el centro de mi Querer: ella abraza a todos y nada se le escapa, hace por todos y nada omite. Junto conmigo no hace otra cosa que difundirse a derecha y a izquierda, adelante y atrás y en modo simple y connatural; al obrar en mi Querer hace el giro de todos los siglos y por todos los actos humanos eleva su acto en modo divino por virtud de mi Voluntad.

Escucha, oh hija mía regenerada en mi Supremo Querer, lo que quiero hacer de ti y en ti: quiero repetir lo que hizo mi Humanidad en la Divina Voluntad, pero quiero tu querer unido junto, a fin de que repita conmigo lo que Yo hice y hago aún. En mi Querer están todos los actos que hizo mi Humanidad, tanto internos como externos. De los actos externos más o menos se sabe lo que Yo hice, y la criatura, queriendo, se puede unir conmigo y tomar parte en aquel bien que hice y Yo siento el contento de que veo mi bien como multiplicado en medio de las criaturas en virtud de la unión que tienen conmigo. Mis actos entonces son como puestos en un banco y Yo recibo los intereses. Pero de los actos míos internos que hizo mi Humanidad en la Divina Voluntad por amor de todos, poco o nada se sabe, y la criatura, no conociendo ni la potencia de este Querer, ni cómo mi alma obraba en Él, ni lo que hice, ¿cómo podrá unirse conmigo para tomar parte en este bien? El conocimiento lleva consigo el valor, los efectos y la vida de aquel bien.

Un objeto tanta utilidad produce por cuanto se le conoce. Muchas veces sucede que de dos objetos que contienen el mismo valor, uno que lo conoce, al venderlo, lo vende en más y gana más, en cambio el otro, que no es conocido se vende en menos y produce menos. ¡Cuántas cosas hace el conocimiento! Muchos se hacen ricos porque tienen cuidado de conocer las cosas, y otros que se encuentran en las mismas circunstancias, pero como no conocen bien las cosas, son pobres.

Ahora, queriéndote junto conmigo también en mis actos internos que hizo mi Humanidad en este Querer Supremo, es justo que te haga conocer el valor, los efectos, la potencia y el modo que tiene éste mi Querer, y según te los voy manifestando, abro entre tú y Yo la participación de lo que te hago conocer, y si no fuera así, ¿para qué, entonces, decírtelo? ¿Acaso para darte una simple noticia? No, no; cuando Yo hago conocer es porque quiero dar. Así que por cuantos más valores y efectos conozcas, tanto más te habré dado. Por eso fíjate en el gran bien que quiero hacer, no sólo a ti sino también a los demás, porque al hacerse camino este conocimiento del vivir en mi Querer, será amado más y el amor absorberá en ellos todo el bien que el conocimiento como madre fecunda les habrá parido.

Yo no soy el Dios aislado, no; quiero a la criatura junto conmigo, mi eco debe resonar en el suyo y el suyo en el mío para hacer de los dos uno solo, y si he esperado tantos siglos para hacer conocer mi Querer obrante en la criatura y el suyo obrante en el Mío, elevándolo casi a mi mismo nivel, ha sido porque debía preparar y disponer a las criaturas a pasar de los conocimientos menores a los mayores, debía hacer como un maestro que debe enseñar primero las vocales y las consonantes para pasar después a las composiciones; hasta ahora no se sabía de mi Voluntad más que las vocales y las consonantes, era necesario que pasara a las composiciones y esto me desarrollará la Vida de mi Voluntad.

La primera composición la quiero de ti y si eres atenta la desarrollarás bien y me darás el honor de un tema que te ha dado tu Jesús, el tema más noble: el tema de mi Querer Eterno, que me traerá la gloria más grande y que formando la conexión con la criatura le hará conocer nuevos horizontes, nuevos cielos y nuevos excesos de mi amor.

Mira, en mi Querer Supremo están todos mis actos internos que hizo mi Humanidad a la expectativa de salir como mensajeros para ponerse en camino. Estos actos fueron hechos para la criatura y quieren darse y hacerse conocer; y no dándose se sienten como prisioneros y piden y suplican que mi Querer los haga conocer para poder dar el bien que ellos contienen. Me encuentro en las condiciones de una pobre madre que por largo tiempo tiene su parto en su seno y que llegando el tiempo de hacerlo salir, si no lo hace salir sufre espasmos y dolores, y no teniendo en cuenta su vida, a cualquier costo quiere hacer salir su parto, las horas y los días de retraso le parecen años y siglos, pues todo lo ha hecho y dispuesto ya y no le queda más que hacerlo salir. Así soy Yo, más que madre, por tantos siglos he contenido en Mí, más que parto, todos mis actos humanos hechos en la Santidad del Querer Eterno para darlos a la criatura, y al darse, elevarán los actos humanos de la criatura en actos divinos, la adornarán con las más variadas bellezas, la harán vivir con la Vida de mi Voluntad, dándoles el valor, los efectos y los bienes que mi Querer posee. Por eso, más que madre sufro los espasmos y los dolores, ardo porque quiero hacer salir este parto de mi Voluntad. El tiempo ha llegado, no queda más que encontrar a quien debe recibir el primer parto, para continuar con los otros partos en las otras criaturas. Por eso te digo: sé atenta, ensancha tu voluntad para poder recibir todo el valor, los efectos y el conocimiento que mi Querer contiene, para poder depositar en ti el primer parto. ¡Cuánto gozo me darás! Serás el principio de mi felicidad en la tierra. El querer humano, podría decir, me ha hecho infeliz en medio de las criaturas y mi Voluntad obrante en la criatura me restituirá mi felicidad".

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24 de octubre de 1922

El Divino Querer abre la corriente entre el Cielo y la tierra y hace en el alma el depósito de los bienes celestiales.

Mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su Santísimo Querer. Me parece un verdadero Maestro que mientras parece que no tiene ya nada más que enseñar a su discípulo, es sólo un descanso que se toma, para luego poder continuar y dar lecciones más sublimes, que raptan la atención del muchacho y causan más amor y veneración. Entonces Jesús, al venir me dijo:

"Hija mía, ¡cuántos prodigios contiene mi Querer Supremo obrante en la criatura! Al hacer el alma entrar en ella a este Santo Querer, y ella en Él, y lo hace obrar en todo, aun en las más pequeñas cosas, se establece la corriente entre el Querer obrante en las Divinas Personas y el mismo Querer obrante en la criatura. Así que si Ellas aman o quieren dar amor, encuentran donde depositar este amor, porque en un punto de la tierra está su mismo Querer obrante en la criatura que puede recibir este amor, y subiendo de nuevo hasta el seno de la Divinidad, su Querer como dividido en dos, en la criatura y en la Divinidad, mientras es siempre uno, le llevará la correspondencia de su amor en modo divino por parte de la criatura. Y he aquí que el Amor Eterno se pone en corriente entre el Cielo y la tierra, desciende y asciende sin ningún obstáculo pues hay quien puede recibir el depósito, y su mismo Querer obrante en la criatura será celoso de tenerle custodia. Así, si mi Divinidad quiere hacer salir de Ella su belleza, sus verdades, su Potencia, sus gracias infinitas... tiene donde hacer el depósito: en su mismo Querer obrante en la criatura; la corriente está abierta y mi Querer mantendrá la batuta en custodiar celosamente mi belleza, mis verdades, mi Potencia... y de hacerme los agradecimientos por mis gracias infinitas. Y por tanto, no quedaré más defraudado en nada, estaré en perfecta armonía entre mi Querer obrante en la criatura y el del Cielo. ¡Cuántas cosas mías haré conocer de más! Mi amor sofocado quedará libre cuando haya formado mi depósito y las corrientes entre el Cielo y la tierra estén ya siempre abiertas".

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27 de octubre de 1922

La Divina Voluntad: herencia de Jesús a las criaturas. Las dos generaciones.

Estaba pensando entre mí acerca de lo que está escrito en estos días pasados y decía para mí: "¿Cómo es posible que mi dulce Jesús haya esperado tanto tiempo para hacer conocer todo lo que por amor a las criaturas obró su Humanidad en la Divina Voluntad?" Y mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús, haciéndose ver con su Corazón abierto, me dijo:

"Hija de mi Querer, ¿por qué estás pensativa? Esto sucedió también en la creación: ¿Cuánto tiempo no la tuve en mi seno realmente formada? Y cuando a Mí plació la hice salir fuera. Y la misma redención: ¿Cuánto más no la tuve en Mí? Podría decir que ab æterno y sin embargo esperé mucho tiempo para descender del Cielo y darle cumplimiento. Es mi costumbre: primero fecundo mis obras, las formo en Mí y a tiempo propicio las hago salir.

Es más, has de saber que mi Humanidad contenía en Sí dos generaciones: los hijos de las tinieblas y los hijos de la Luz. A los primeros venía a rescatarlos y por eso derramé mi sangre para ponerlos a salvo. Mi Humanidad era santa y nada heredó de las miserias del primer hombre, y si bien era semejante en las facciones y en los rasgos naturales, era intangible de cualquier mínimo defecto que pudiera ensombrecer mi santidad; mi heredad fue la sola Voluntad de mi Padre, en la cual debía desarrollar todos mis actos humanos para formar en Mí la generación de los hijos de la Luz. Mira, esta generación me fue dado formarla en el mismo seno de la Voluntad de mi Padre Celestial, y Yo no me ahorré ni fatigas, ni actos, ni penas, ni oraciones..., es más, estuvo en la cima de todas las cosas que hice y sufrí; de manera que la concebí en Mí, la fecundé y la formé. Eran ellos, los hijos de la Luz, los que el Divino Padre me había con tanto amor confiado, era mi heredad predilecta que me fue dada en la Santísima Voluntad Suprema.

Ahora, después de haber conocido los bienes de la redención y cómo quiero a todos salvos, dando a todos los medios que se necesitan, paso a hacer conocer que en Mí hay otra generación que debo hacer salir: mis hijos que deben vivir en el Divino Querer, y que en mi mismo Corazón tengo preparadas todas las gracias, todos mis actos internos hechos en el ámbito de la Voluntad Eterna para ellos y que esperan el beso de sus actos, su unión, para darles la herencia de la Voluntad Suprema. Y como la recibí Yo, quiero darla a ellos, para hacer salir de Mí la segunda generación: los Hijos de la Luz.

Si mi Humanidad no diera esta herencia que posee, es decir: la Divina Voluntad, la sola y única cosa que Yo amaba y que me daba todo el bien, habría sido incompleto mi descendimiento a la tierra y no podría decir que habría dado todo, es más, habría reservado para Mí la cosa más grande, la más noble y divina.

Ves entonces cuán necesario es que mi Querer sea conocido en todas sus relaciones, en su prodigios, en sus efectos, en el valor; que sea conocido lo que Yo hice por las criaturas en este Querer y lo que deben hacer ellas; y este conocimiento será un potente imán para atraer a las criaturas a hacerlas recibir la herencia de mi Querer y así hacer salir en campo los Hijos de la Luz, los Hijos de mi Querer. Sé atenta, hija mía, tú serás la portavoz y la trompeta para llamarlos y reunir esta generación tan predilecta para Mí y tan suspirada".

Después, habiéndose retirado, volvió de nuevo, pero tan afligido que movía a piedad y se arrojó en mis brazos como para encontrar reposo. Yo al verlo le dije: "¿Qué tienes, Jesús, que estás tan afligido?"

Y Jesús me dijo:

"Ah hija mía, no sabes tú nada de lo que quieren hacer. Quieren jugarse Roma. Se la quieren jugar los extranjeros y los mismos italianos, son tales y tantas las maldades y las infamias que harán que sería menor mal si la tierra hiciera salir fuego para incinerarlos que lo que harán. Mira, por todas partes salen gentes para concurrir juntas y dar el asalto, pero lo que es peor, vestidos de corderos mientras que son lobos rapaces que quieren devorar la presa. ¡Qué uniones diabólicas acuerdan y concertan juntos para tener más fuerza y dar el asalto!

Reza, reza; es el último precipicio de estos tiempos en el que la criatura quiere precipitarse".

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30 de octubre de 1922

Los prodigios de la criatura obrante en el Querer Divino.

Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús vino y sumergiéndome en la luz inmensa de su Santísima Voluntad me dijo:

"Hija mía, mira los prodigios de la criatura obrante en mi Voluntad: En cuanto entra en mi Querer y piensa, reza, obra, se eleva conmigo, y como Yo soy voz sin palabra y por eso mi voz se forma y llega a cada corazón según sus propias necesidades y en tan diversas lenguas y formas que hay en las criaturas, de manera que todas me pueden comprender, soy obra sin manos y por eso soy obra de cada uno; soy paso sin pies, de manera que a todas partes llego y me encuentro en acto, así el alma, obrando en mi Querer se hace voz sin palabra, se hace obra sin manos, paso sin pies y Yo me la siento correr en mi voz, en mis obras y en mis pasos, en todas partes me la siento. Y sintiéndola siempre junto conmigo no me siento más solo, y como amo tanto la compañía de la criatura, encendido de amor hacia ella, la divinizo, la enriquezco y le doy gracias tales de hacer maravillar Cielo y tierra".

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6 de noviembre de 1922

La Divina Voluntad cristaliza al alma. El conocimiento gradual del Palacio de la Divina Voluntad.

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hizo ver teniendo en sus brazos a muchos pequeños corderitos, unos apoyados sobre su pecho, otros en los hombros, otros estrechados a su cuello, otros a la derecha y a la izquierda en sus brazos, otros que sacaban su cabecita de su Corazón..., pero los pies de todos estos corderitos estaban todos en el Corazón de Jesús y el alimento que les daba era su aliento. Estaban todos con su boca abierta dirigida hacia la boca de mi dulce Jesús para recibir el aliento de Él y nutrirse. Era realmente bello ver cómo Jesús se deleitaba sumamente y era todo atención para alimentarlos y hacerse feliz junto con ellos. Parecían tantos partos salidos de su Corazón Santísimo. Entonces Jesús, dirigiéndose a mí, me dijo:

"Hija mía, estos corderitos que ves en mis brazos son los hijos de mi Voluntad, parto legítimo de mi Querer Supremo; saldrán de mi Corazón, pero sus pies quedarán en el centro de mi Corazón para hacer que nada tomen de la tierra y de nada se ocupen sino de Mí sólo. Míralos cómo son bellos, cómo crecen limpios, bien alimentados y nutridos sólo con mi aliento... serán la gloria y la corona de la creación".

Después agregó: "Mi Voluntad cristaliza al alma, y así como en un cristal, cualquier objeto que se le acerca se forma adentro otro objeto todo semejante al que se pone de frente, así mi Voluntad, todo lo que hace lo refleja en estas almas cristalizadas por mi Potencia, y repiten y hacen lo que hace mi Querer Supremo; y como mi Voluntad se encuentra por doquier, en el Cielo, en la tierra y en todo lugar, así estas almas, conteniendo mi Querer en ellas como Vida propia, dondequiera que mi Querer obra, como cristal lo absorben en ellas y repiten mis actos. Así que conforme obro, me deleito en ponerme frente a ellas para ver repetir en ellas mi misma acción. Son mis espejos, y mi Querer los multiplica por doquier en cada acto que hacen, por eso no hay cosa creada donde ellas no se encuentren, en las criaturas, en el mar, en el Sol, en las estrellas y aun en el empíreo, y mi Querer recibe de la criatura la reciprocidad de mi acto en modo divino.

Esta es la causa por la que quiero tanto que el vivir en mi Querer sea conocido: para multiplicar estos espejos cristalizados por mi Querer a fin de repetir en ellos mis obras, y entonces ya no estaré solo sino que tendré a la criatura en mi compañía, la tendré conmigo, íntimamente conmigo en el fondo de mi Querer, casi inseparable de Mí, como si ahora mismo estuviera saliendo de mi seno como cuando la creé, sin haber hecho otros caminos contrarios a mi Voluntad; cuán contento seré".

Yo al oír esto le dije: "Amor mío y vida mía, yo no sé persuadirme aún. ¿Cómo es posible que ningún Santo haya hecho siempre tu Voluntad y que no haya vivido en el modo como Tú ahora me dices: en tu Querer?"

Y Jesús: "Ah hija mía, ¿no quieres persuadirte aún de que tanto se toma de luz, de gracia, de variedad, de valor por cuanto se conoce? Cierto que ha habido Santos que han hecho siempre mi Querer, pero tomaron de mi Voluntad por cuanto conocieron de Ella. Ellos conocían que el hacer mi Voluntad era el acto más grande, el que más me honraba y que les llevaba la santificación y con esta intención la hacían, y esto sólo tomaban, porque no hay santidad sin mi Voluntad, y no puede salir ningún bien ni ninguna santidad, pequeña o grande, sin Ella.

Has de saber que mi Voluntad, cual era, es y será; no ha cambiado en nada, pero según se manifiesta, así hace conocer las variedades de sus colores, de los efectos y los valores que contiene; y no sólo se hace conocer sino que da al alma la variedad de sus colores, efectos y valores, y si no fuera así ¿para qué, entonces, hacerlos conocer?

Mi Voluntad ha hecho como un gran señor que ha hecho ver un palacio suyo extensísimo y suntuoso: a los primeros les ha señalado el camino para ir a su palacio; a los segundos, el portón; a los terceros, las escaleras; a los cuartos, las primeras estancias; y a los últimos les ha abierto todas las estancias haciéndolos dueños y dándoles todos los bienes que hay en ese palacio. Entonces, los primeros han tomado los bienes que hay en el camino; los segundos, los que hay en el portón, que son superiores a los que hay en el camino; los terceros, los de las escaleras; los cuartos, los de las primeras estancias, donde hay más bienes y están más al seguro; y los últimos, los bienes de todo el palacio entero.

Así ha hecho mi Voluntad: debía primero hacer conocer el camino, el portón, las escaleras, las primeras estancias, para hacer que pudieran pasar a toda la inmensidad de mi Querer y hacerles ver los grandes bienes que mi Querer contiene y cómo la criatura obrante en estos bienes que mi Querer contiene hace adquisición de la variedad de colores, de su Inmensidad, de su Santidad, de su Potencia y de todo mi obrar. Yo, en el hacer conocer doy e imprimo en el alma la cualidad divina que le hago conocer.

¡Si tú supieras bajo qué olas tan impetuosas de gracia te encuentras cuando paso a hacerte conocer otros efectos de mi Querer y como experto pintor pinto en tu alma con los más vivos colores los efectos y los valores diversos que te hago conocer, quedarías aplastada bajo mis olas! Pero Yo teniendo compasión de tu debilidad te sostengo y mientras te sostengo imprimo más en ti lo que te digo, porque si Yo hablo, obro. Por eso sé atenta y fiel..."

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8 de noviembre de 1922

Barruntos de nuevas guerras.

Paso días amargos por la privación de mi dulce Jesús, y si se hace ver, lo veo tan afligido y taciturno que por cuantas cosas le pueda yo decir no logro consolarlo y me quedo más amargada que antes. Entonces esta mañana, al venir me dijo:

"Hija mía, las penas y las ofensas que me hacen las criaturas son tantas que ya no puedo más. Las naciones se unen para hacer nuevas guerras. ¿No te decía Yo que las guerras no habían terminado y que la paz era una paz falsa y aparente porque la paz sin Dios es imposible? Era paz que no salía de la justicia, por eso no podía durar. Ah, los gobernantes de estos tiempos son verdaderos demonios encarnados que se unen para hacer el mal y para poner en los pueblos el desorden, las matanzas y las guerras".

Y mientras esto decía, se escuchaba el llanto de las madres, el retumbar de los cañones y las alarmas en todos los países...; pero espero que Jesús quiera aplacarse y así quedarán todos en paz.

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11 de noviembre de 1922

Jesús dio Vida en la Divina Voluntad a los actos de todas las criaturas, asoció en esta obra a su Madre Santísima y ahora llama al alma para repetirlo.

Mi siempre amable Jesús al venir me atrajo mucho a Él dentro de una luz inmensa y me dijo:

"Pequeña hija de mi Querer, esta Luz inmensa que ves es mi Suprema Voluntad, de la cual nada escapa. Has de saber que al crear el cielo, el Sol, las estrellas, etc., a todo fijé sus límites, su lugar y su número, y no pueden crecer ni decrecer; todas las cosas las tengo en un puño. Así, al crear al hombre, al mismo tiempo creé todas las inteligencias y todos y cada uno de los pensamientos, todas las palabras, las obras, los pasos y todo lo demás del hombre, desde el primero hasta el último que deberá existir. Y esto era connatural en Mí... y mucho más, pues Yo mismo debía ser actor y espectador hasta de un pensamiento; y si el hombre no lo podía hacer sin Mí, ¿cómo no debía Yo conocerlo y saber hasta el número de todos? Así que en mi Voluntad nada todo el obrar de las criaturas como nadan los peces en un vasto mar. Pero habiendo creado al hombre no esclavo sino libre, (porque no habría sido decoroso para Mí, ni obra digna salida de mis manos si hubiera creado al hombre atado y sin libertad, y no habría podido decir: ‘hagámoslo a nuestra imagen y semejanza’ si no lo hubiera hecho libre), quise dotarlo con la libertad. Yo era libre, libre debía ser también él. Además, no hay cosa que más torture a una persona que dar un amor forzado; y esto causa desconfianza, sospechas, temores y hasta asco a quien lo recibe.

¿Ves entonces dónde tiene su origen cada acto de la criatura, aun un pensamiento? En la Santidad de mi Voluntad. Con una diferencia: que si el hombre quiere, el mismo pensamiento, palabra, etc., puede hacerlo bien o mal, santo o perverso. Entonces mi Voluntad tuvo un dolor al ver en tantos, cambiados sus actos de los que Yo era actor, en actos mortales para Mí y para ellos. Por eso quise que mi Voluntad, haciéndose doblemente actora de cada acto, extendiera sobre todos y cada uno otro acto divino que debía darme la correspondencia según la Santidad de mi Voluntad con tantos otros actos Divinos. Pero se necesitaba alguien para hacer esto, y he aquí a mi Humanidad, Santa, libre también Ella, que no queriendo otra Vida que la sola Voluntad Divina, nadando en este mar inmenso, iba duplicando cada pensamiento, cada palabra, cada obra de criatura y extendía sobre todo un acto de Voluntad Divina. Esto dio satisfacción y glorificó al Padre Divino, de modo que Él pudo mirar al hombre y pudo abrirle las puertas del Cielo, y Yo así vinculaba de nuevo y con más fuerza a la voluntad humana, dejándola siempre libre, para no separarse de la Voluntad de su Creador, pues habiéndose separado de Ella se había precipitado en todas las desgracias.

Pero no estuve contento sólo con esto; quise que mi Mamá, también Santa, me siguiera en el mar inmenso del Querer Supremo y junto conmigo duplicara todos los actos humanos, poniendo el doble sello, después del mío, de los actos hechos en mi Voluntad sobre todos los actos de las criaturas. ¡Cuán dulce me era la compañía de mi inseparable Mamá en mi Voluntad! La compañía en el obrar hace surgir la felicidad, la complacencia, el amor de ternura, la competencia, el acuerdo, el heroísmo; en cambio el aislamiento produce lo contrario. De modo que al obrar juntos, con mi querida Mamá, salían mares de felicidad, de complacencia de ambas partes, mares de amor que, haciéndose competencia, uno se arrojaba en el otro y producían gran heroísmo; y no para Nosotros solos surgían estos mares sino también para quien nos habría hecho compañía en nuestra Voluntad. Es más, podría decir que estos mares se convertían en tantas voces que llamaban al hombre a vivir en nuestro Querer para restituirle la felicidad, su naturaleza primera y todos los bienes que había perdido con sustraerse de nuestra Voluntad.

Ahora vengo a ti: Después de mi Madre Celestial te llamé a ti para hacer que todos los actos humanos tengan: el primer sello hecho por Mí, el segundo hecho por mi Mamá y el tercero, por una criatura de la estirpe común. Mi amor eterno no estaría contento si no elevara a una de la estirpe común, la cual debe abrir las puertas a quien se disponga a entrar por ellas para vivir en nuestro Querer. He aquí el porqué de mis tantas manifestaciones, de los tantos efectos que te he hecho conocer de mi Voluntad; estos serán los potentes imanes para atraerte a ti y después a los otros a vivir en Ella. Pero para entrar en nuestra Voluntad y seguir el sublime vuelo de mis actos y de los actos de mi indivisible Mamá, siendo tú de la estirpe común no habrías podido entrar en nuestro Querer si no tuvieras, o al menos hubieras sido transformada en la naturaleza que salió de mis manos, antes de que el hombre se sustrajera de nuestro Querer. Esta es la razón de mis tantas gracias: para reducir tu naturaleza, tu alma, a aquel primer estado. Y conforme te iba dando esas gracias, te iba quitando los gérmenes, las tendencias y las pasiones de la naturaleza rebelde, pero dejando siempre libre tu voluntad. Era necesario para mi decoro, para mi Santidad y mi dignidad que debiéndote llamar al centro de mi Querer para hacer ahí vida común y para hacerte recorrer todos los actos hechos por Mí, y que las criaturas no han conocido aún, redujera tu naturaleza a este estado feliz; de otro modo no habrías podido correr conmigo en los interminables actos de mi Querer, ni estar conmigo con la familiaridad que se necesita para obrar juntos. Las pasiones, los gérmenes de las tendencias no buenas hubieran sido como tantas barreras de división entre tú y Yo, y a lo más hubieras estado a las órdenes de mi Querer, como tantos otros fieles míos, pero de hacer lo hice Yo... hubieras estado muy lejos, y ni tú ni Yo hubiéramos sido felices. Mientras que el vivir en mi Querer es precisamente esto: vivir plenamente feliz en la tierra para luego pasar a vivir aun más feliz en el Cielo.

Por eso te digo, verdadera Hija de mi Querer, primer parto feliz de mi Voluntad: séme atenta y fiel, ven a mi eterno Querer, te esperan mis actos que quieren el sello de los tuyos; te esperan los actos de mi Mamá; te espera todo el Cielo, pues quieren ver todos sus actos glorificados en mi Voluntad por una criatura de la misma estirpe de ellos; te esperan las presentes y las futuras generaciones, para que les sea restituida la felicidad perdida... ¡Ah no, no terminarán las generaciones si no retorna el hombre a mi seno, bello, dominante, como salió de mis manos creadoras! No estoy contento con haberlo solamente redimido y aunque tenga que esperar... tendré paciencia todavía, pero debe retornar a Mí tal como lo hice, en virtud de mi Voluntad. Con hacer su voluntad cayó al abismo y se transformó en bruto; y con hacer mi Voluntad subirá y adquirirá la nueva transformación en la naturaleza por Mí creada, y entonces podré decir: ‘todo he cumplido, el orden de toda la creación me ha retornado’... y descansaré en él".

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16 de noviembre de 1922

La Divina Voluntad quiere obrar de nuevo como obró en la creación y en la redención.

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me atrajo toda en su Santísimo Querer y yo como si tuviera ante mis ojos toda la obra de la creación seguía todo lo que había hecho mi dulce Jesús para las criaturas. Y después de que todo lo hemos seguido juntos, Jesús me dijo:

"Hija mía, mi Voluntad actúa en diversos modos: una vez obra y otra vez conserva lo que ha obrado. En la creación obré y todo lo ordené y después de hecho todo, mi Voluntad es conservadora de todo. Desde entonces en adelante no he hecho nada de nuevo en el orden de la creación.

Mi Voluntad nuevamente salió en campo para obrar al descender Yo del Cielo a la tierra para redimir al hombre; pero ésta mi obra no fue por poco, como en la creación, sino que duró por espacio de treinta y tres años, y de nuevo volví a conservar todo lo que obré en la redención. Y así como existe un Sol por virtud de mi Voluntad conservadora, para bien de todos y de cada uno, así está en acto para todos y para cada uno los bienes de la redención.

Ahora mi Voluntad quiere volver a la obra y ¿sabes qué quiere hacer? Quiere obrar en la criatura lo que obró en mi Humanidad. Esta será una obra mía grandísima... más que la redención.

Y como para obrar la redención me formé una Madre, en la que concebí mi Humanidad, así ahora te elegí a ti para obrar lo que mi Voluntad obró en mi Humanidad. ¿Ves, hija mía?, se trata de obras, y obras de mi Querer Supremo. Tú serás como el espacio que se ofreció para hacerme crear y poner en orden el Sol, las estrellas, la luna, el aire... y todo lo bello que hay en la bóveda del cielo, y todo el bien que del cielo desciende. Serás como mi Humanidad que a nada se opuso en todo lo que mi Querer quiso obrar, y Yo encerraré en ti lo que hizo en Mí el Querer Supremo para tener de todo su repetición".

Más tarde estaba recibiendo yo la absolución por parte del Confesor y decía entre mí: "Jesús mío, en tu Querer quiero recibirla..." y Jesús, sin darme más tiempo, continuó: "... y Yo en mi Voluntad te absuelvo, y mientras te absuelvo a ti, mi Querer pone en camino las palabras de la absolución para absolver a quien quiera ser absuelto y para perdonar a quien quiera el perdón. Mi Querer toma a todos, no sólo a uno, pero quien está dispuesto toma más que todos".

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20 de noviembre de 1922

Corrientes de amor entre Dios y el hombre.

Estaba pensando en cómo mi dulce Jesús estando en el Huerto sufrió tantas penas, no por parte de las criaturas pues ahí estaba solo, y es más, abandonado por todos, sino por parte de su Eterno Padre. Eran corrientes de amor entre Él y el Padre Celestial y en estas corrientes estaban todas las criaturas, estaba el amor de un Dios por cada criatura y todo el amor que cada una debía a Dios, y faltando esto, Él sufría penas que superaban a todas las demás penas, y tan dolorosas que sudó sangre. Entonces mi dulce Jesús, estrechándome a su Corazón para ser consolado, me dijo:

"Hija mía, las penas del amor son las más lacerantes. Mira, en estas corrientes de amor entre Mí y mi Padre está todo el amor que me deben todas las criaturas y, por tanto, está el amor traicionado, el amor negado, el amor rechazado, el amor desconocido, el amor pisoteado, etc. ¡Oh, cómo traspasan a mi Corazón..., de sentirme morir!

Has de saber que al crear al hombre establecí innumerables corrientes de amor entre Yo y él. No me bastaba con haberlo creado, no, debía además establecer tantas y tales corrientes de amor entre Yo y él que no debía haber parte de él en la que no corrieran esta corrientes; así que en la inteligencia del hombre corría la corriente de amor de mi Sabiduría; en sus ojos corría la corriente de amor de mi Luz; en la boca, la corriente de amor de mi palabra; en las manos, la corriente de amor de la santidad de mis obras; en su voluntad la corriente de amor de la Mía... y así en todo lo demás. El hombre había sido creado para estar en continuas comunicaciones con su Creador, y ¿cómo podía estar en comunicación conmigo si mis corrientes no corrían en las suyas?: Con el pecado despedazó todas estas corrientes y quedó dividido de Mí.

¿Sabes cómo sucedió? Mira el Sol: toda su luz toca la superficie de la tierra y la inviste tanto que le hace sentir su calor tan a lo vivo y real que da la fecundidad y la vida a todo lo que la tierra produce; así que se puede decir que el Sol y la tierra están en comunicación entre ellos. ¡Oh, cómo son mucho más estrechas mis comunicaciones entre el hombre y Yo, verdadero Sol eterno! Ahora, si una criatura tuviera el poder de interrumpir entre la tierra y el Sol la corriente de la luz que toca la superficie de ella, ¿qué mal no causaría? El Sol retiraría en sí toda la corriente de la luz y la tierra quedaría en la oscuridad, sin fecundidad alguna y sin vida. ¿Qué pena merecería ese tal?

Pues eso fue lo que hizo el hombre en la creación... y Yo descendí del Cielo a la tierra para reunir todas estas corrientes de amor, pero oh, ¡cuánto me costó... y el hombre continúa su ingratitud y continúa destrozando las corrientes por Mí restablecidas!"

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24 de noviembre de 1922

Efectos de la palabra y de la mirada de Jesús. Reprimenda a Luisa por querer dejar ocultas estas verdades.

Estaba pensando en mi dulce Jesús cuando fue presentado ante Herodes y decía para mí: "Cómo es posible que Jesús, tan bueno, no haya tenido a bien decirle una palabra, ni dirigirle una mirada, tal vez ese pérfido corazón ante la potencia de la mirada de Jesús se hubiera convertido..."

Y Jesús haciéndose ver me dijo:

"Hija mía, era tanta se perversidad y su indisposición de alma que no mereció que lo mirara ni que le dijera una palabra, y si esto hubiera hecho, él se habría hecho más culpable, porque cada palabra o mirada mía es un vínculo de más que se forma entre Mí y la criatura. Cada palabra es una unión mayor, es un mayor estrechamiento. Al sentirse el alma mirada, la gracia comienza su trabajo: si la mirada o la palabra ha sido dulce o benigna, el alma dice: ‘Cómo era bella, penetrante, suave, melodiosa..., ¿cómo no amarlo?’ O bien, si ha sido una mirada o palabra majestuosa, fulgurante de luz, dice: ‘Qué majestad, qué grandeza, qué luz tan penetrante; cómo me siento pequeña, cómo soy miserable, cuántas tinieblas en mí ante esa luz tan fulgurante’.

Si te quisiera decir la potencia, la gracia y el bien que lleva mi palabra, quién sabe cuántos libros te haría escribir.

¿Ves ahora cuántos bienes te he dado con mirarte tantas veces?, ¿con tenerte conmigo en familiares conversaciones?, pues además no han sido sólo algunas palabras, no, sino discursos completos. De aquí puedes comprender que las uniones entre tú y Yo, las relaciones y los vínculos son innumerables.

Yo he hecho contigo como un maestro que con otros que quieren alguna indicación les dice sólo algunas palabras, pero con sus propios discípulos, queriendo hacer de ellos otros tantos maestros semejantes a él, se está con ellos todo el día, les habla largamente, está siempre sobre ellos y ahora les desarrolla un argumento, ahora les da una semejanza para hacerse comprender más, no los deja solos por temor de que, distrayéndose, dejen que el viento se lleve todas sus fatigas... y, si se necesita, quita horas a su descanso para dedicarlas a amaestrarlos; nada ahorra, ni fatigas, ni dificultades, ni sudores para obtener su propósito: que sus discípulos se hagan maestros.

Así he hecho Yo contigo, nada he ahorrado: con los demás he tenido sólo algunas palabras, pero contigo, discursos, largas lecciones, semejanzas, de noche, de día, a todas horas. ¿Cuántas gracias no te he hecho? ¿Cuánto amor... hasta no saberme estar sin ti? Es grande mi designio hecho sobre ti, por eso mucho te he dado. Y tú, en agradecimiento quisieras dejar oculto en ti lo que te he dicho y hecho y así no darme la gloria que con manifestarlo todo Yo hubiera tenido.

¿Qué dirías tú de aquel discípulo que después de que el maestro ha llegado con muchas fatigas a hacerlo maestro, quisiera retener para sí la ciencia recibida sin querer impartirla a los demás? ¿No sería un ingrato y un dolor para el maestro? ¿Qué dirías del Sol, que después de que le he dado tanta luz y calor no quisiera hacer descender esta luz y calor a la tierra? ¿No le dirías: ‘Es cierto que eres bello, pero no haces bien en retenerlos para ti, la tierra, las plantas y las generaciones humanas esperan tu luz y tu calor y los quieren para recibir la vida y la fecundidad, ¿por qué quieres privarnos de tanto bien?, y mucho más, pues tú con darlos a nosotros, nada pierdes, al contrario, adquieres mayor gloria y todos te bendecirán’.

¡Así eres tú! Mucho más que sol he puesto en ti tanta luz de Verdad de mi Voluntad que sería bastante más que sol para iluminar a todos y para hacer más bien de cuanto hace el mismo Sol a la tierra, y Yo y las generaciones esperamos que salga de ti esta luz... y tú piensas en cómo ocultarla y te afliges si personas autorizadas quieren ocuparse de hacerla salir; no, no, no está bien".

Yo me sentía morir de sólo escuchar a mi dulce Jesús, y me sentía culpable porque estos días, habiéndose llevado un escrito mío, no han conseguido lo que se proponían, es decir, hacerlo salir, y yo sentí gran satisfacción por eso. Oh, cómo me sentía mal al oírme reprender tan duramente, y de corazón le pedía a Jesús perdón. Entonces Él para tranquilizarme me bendijo diciéndome:

"Te perdono y te bendigo, pero serás más atenta y no lo harás más".

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27 de marzo de 1923

Dolores de la Vida Sacramental de Jesús. Gracias con las cuales nos previene para recibirlo.

Habiendo recibido la comunión, mi dulce Jesús se hizo ver y yo en cuanto lo vi me arrojé a sus pies para besarlos y estrecharme toda a Él. Y Jesús extendiéndome la mano me dijo:

"Hija mía, ven entre mis brazos y hasta dentro de mi Corazón. Me cubrí con los velos eucarísticos para no causar temor; bajé al abismo más profundo de las humillaciones en este sacramento para elevar a la criatura hasta Mí, fundiéndola tanto en Mí de formar una sola cosa conmigo y haciendo correr mi sangre sacramental en sus venas para constituirme vida de su latido, de su pensamiento y de todo su ser. Mi amor me devoraba y quería devorar a la criatura en mis llamas para hacerla renacer como otro Yo. Por eso quise esconderme bajo estos velos eucarísticos, y así escondido entrar en ella para formar esta transformación de la criatura en Mí. Pero para realizar esta transformación se necesitaban las disposiciones de parte de la criatura, entonces mi amor, llegando a sus excesos, mientras instituía el Sacramento Eucarístico así también hacía salir de dentro de mi Divinidad otras gracias, otros dones, favores y luz en bien del hombre para hacerlo digno de poderme recibir; podría decir que hice salir tanto bien de sobrepasar los dones de la creación. Quise darle primero las gracias para recibirme y después darme Yo para darle el verdadero fruto de mi vida sacramental. Pero para preparar con esos dones a las almas se necesita vaciarse de sí mismas, odio a la culpa y deseo de recibirme. Estos dones no descienden en la podredumbre, en el fango y sin mis dones no tienen las verdaderas disposiciones para recibirme, y Yo, descendiendo en ellas no encuentro el vacío para comunicar mi Vida, estoy como muerto para ellas y ellas muertas para Mí. Yo ardo y ellas no sienten mis llamas; soy luz y ellas quedan más ciegas... ¡ay, cuántos dolores en mi vida sacramental! Muchas, por su falta de disposiciones, no se quedan con nada de bien al recibirme y llegan a nausearme y si continúan recibiéndome es para formar mi continuo Calvario y su eterna condenación. Si no es el amor lo que las lleva a recibirme es una afrenta de más que me hacen, es una culpa de más que agregan a sus almas. Por eso, reza y repara por tantos abusos y sacrilegios que se hacen al recibirme sacramentado.

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18 de Junio de 1923

Prodigios y excesos de amor de Jesús al instituir el Santísimo Sacramento y en especial al comulgarse a Sí mismo.

Me sentía toda absorbida en la Santísima Voluntad de Dios y el bendito Jesús me hacía presentes, como en acto, todos los actos de su vida en la tierra, y como yo lo había recibido sacramentado en mi pobre corazón, me hacía ver, como en acto en su Santísimo Querer, cuando mi dulce Jesús al instituir el Santísimo Sacramento se comulgó a sí mismo. ¡Cuántas maravillas, cuántos prodigios, cuántos excesos de amor en este comulgarse a Sí mismo! Mi mente se perdía en tantos prodigios divinos... Y mi siempre amable Jesús me dijo:

"Hija querida de mi Supremo Querer, mi Voluntad contiene todo, conserva todas las obras divinas como en acto y nada deja escapar, y a quien en Ella vive quiere hacerle conocer los bienes que contiene. Por eso ahora quiero hacerte conocer la causa por la que quise recibirme a Mí mismo al instituir el Santísimo Sacramento. El prodigio era grande e incomprensible a la mente humana: recibir la criatura a un Hombre y Dios, encerrar en el ser finito el Infinito y a este Ser Infinito darle los honores divinos, el decoro y la habitación digna de Él... era tan oscuro e incomprensible este misterio, que los mismos Apóstoles, mientras creyeron con facilidad en la encarnación y en tantos otros misterios, frente a éste quedaron turbados y su inteligencia se resistía a creer, y se necesitó hablarles repetidamente para rendirlos.

Entonces, ¿cómo hacer? Yo, que lo instituía, debía pensar en todo, debía pensar en que mientras la criatura debía recibirme, a mi Divinidad no debían faltarle los honores, el decoro divino, la habitación digna de Dios. Por eso, hija mía, mientras instituí el Santísimo Sacramento, mi Voluntad Eterna unida a mi voluntad humana me hizo presentes todas las hostias que hasta el fin de los siglos debían recibir la consagración sacramental y Yo una por una las miré, las consagré y vi mi vida sacramental palpitante en cada hostia y que quería darse a las criaturas. Mi Humanidad a nombre de toda la familia humana hizo la obra por todos y dio habitación en Ella misma a cada hostia, y mi Divinidad, que era inseparable de Mí, circundó cada hostia sacramental con honores, alabanzas y bendiciones divinos para hacer digno decoro a mi Majestad; así que cada hostia sacramental fue depositada en Mí y contiene la habitación de mi Humanidad y el cortejo de los honores de mi Divinidad. De no ser así ¿cómo habría podido descender en la criatura? Y fue sólo por esto por lo que toleré los sacrilegios, las frialdades, las irreverencias, las ingratitudes: porque recibiéndome a Mí mismo puse a salvo mi decoro, los honores y la habitación que se necesitaba a mi misma Persona. Si no me hubiera recibido a Mí mismo Yo no habría podido descender en la criatura y a ella le habría faltado el camino, la puerta y los medios para recibirme.

Así es mi costumbre: Todas las obras mías las hago una vez para dar vida a todas las demás veces que se repetirán, uniéndolas al primer acto como si fuera un acto solo. Así que la potencia, la inmensidad, la omnividencia de mi Voluntad me hicieron abrazar todos los siglos, me hicieron presentes todos los comulgantes y todas las hostias sacramentales y me recibí otras tantas veces a Mí mismo, para hacer pasar de Mí a Mí mismo a cada criatura. ¿Quién ha pensado jamás en tanto amor mío... que para descender en los corazones de las criaturas Yo debía recibirme a Mí mismo para poner a salvo los derechos divinos y poder darles a ellas no sólo a Mí mismo, sino también los mismos actos que Yo hice al recibirme para disponerlas y darles casi el derecho de poderme recibir?"

Yo quedé maravillada pero como si quisiera dudar y Jesús agregó:

"¿Por qué dudas? ¿No es acaso éste el obrar como Dios? ¿Y de este acto solo formar tantos actos por cuantos se quiera disfrutar, mientras que es un solo acto? ¿No fue lo mismo para el acto de la encarnación, de mi vida y de mi Pasión? Una sola vez me encarné, una fue mi vida, una mi Pasión, sin embargo esta encarnación, vida y Pasión son para todos y para cada uno como si fueran para uno solo, y están aún en acto para cada uno como si ahora mismo me estuviera encarnando y estuviera sufriendo mi Pasión. Si esto no fuera así, no obraría Yo como Dios, sino como criatura, que no conteniendo un poder divino no puede hacerse de todos, ni puede darse a todos.

Ahora, hija mía, quiero decirte otro exceso de mi amor: Quien hace mi Voluntad y vive en Ella viene a abrazar el obrar de mi Humanidad, porque Yo quiero que la criatura se haga semejante a Mí. Y como mi Querer y el suyo son uno solo, Él se goza y, recreándose, deposita en la criatura todo el bien que contengo y hace en ella el depósito de las mismas hostias sacramentales. Mi Voluntad, que la criatura misma contiene, le presta y la circunda con decoro, con homenajes y honores divinos y Yo todo a ella le confío, porque estoy cierto de poner al seguro mi obrar, porque mi Voluntad se hace actora, espectadora y custodia de todos mis bienes, de mis obras y de mi misma vida."

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