19 de junio de 1922
Cada vez que el alma obra en el Divino Querer hace salir de Dios nuevos gozos y nuevas alegrías.
Continuando mi habitual estado, me sentía abismada en el Querer Supremo de mi dulce Jesús y me parecía que cada pequeño acto mío hecho en el Divino Querer, hacía salir nuevos contentos desde dentro de la Majestad Suprema. Entonces mi amable Jesús me dijo:
"Hija mía, yo poseo tales y tantos contentos, felicidades y bienaventuranzas que podría dar a cada instante siempre nuevas alegrías y bienaventuranzas, y cada vez que el alma obra en mi Querer me da el campo para hacer salir nuevas bienaventuranzas y nuevos contentos que Yo poseo; y como mi Querer es inmenso e invade a todos y a todo, así, cuando salen mis bienaventuranzas, corren primero en el alma que está obrando en mi Querer, pues ella es la causa primaria de que mis bienaventuranzas sean hechas salir, y después circulan en todos, en el Cielo y en la tierra. Por tanto, por cuantas veces obras en mi Querer, tantas bienaventuranzas y alegrías de más me haces poner fuera, y Yo siento el contento de participar los gozos que poseo.
Mi Voluntad quiere hacer salir lo que posee, pero va buscando a quien le da la ocasión, a quien está dispuesto a recibirlo, a quien prepare un lugarcito en su alma para poder poner estos nuevos contentos. Ahora, el alma, al querer hacer mi Voluntad, abre las puertas de mi Querer y vaciándose de su querer me prepara el lugarcito para poner mis bienes, y entrando a obrar en mi Voluntad me da la ocasión de hacer salir de Mí nuevas bienaventuranzas. Por eso espero con ansia que el alma venga a obrar en mi Querer Eterno, para hacer salir de Mí un nuevo gozo y me haga conocer que soy aquel Dios que no me agoto jamás y que siempre tengo para dar a quien hace mi Voluntad".
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23 de junio de 1922
Quien no está vacío de su querer humano no puede comprender el Querer Divino.
Estaba pensando entre mí: "Jesús dice tantas cosas de su Santísimo Querer, pero parece que no es comprendido ni aun por los mismos confesores, quienes parecen dudosos y ante una luz tan inmensa no quedan ni iluminados ni movidos a amar a un Querer tan amable".
Entonces, mientras esto pensaba, mi siempre amable Jesús poniéndome un brazo al hombro me dijo:
"Hija mía, no te asombres por esto, pues quien no está vacío del todo de su propio querer no puede tener un cierto conocimiento del Mío, porque el querer humano forma las nubes entre mi Querer y el suyo e impide el conocimiento del valor y de los efectos que el Mío contiene; pero a pesar de esto, no puede decir que no es luz. Mira, tampoco las cosas que se ven aquí en la tierra son comprendidas por el hombre, ¿quién puede decir cómo hice al crear el Sol?, ¿cuánta luz y calor contiene? Pero a pesar de que no lo saben, lo ven y gozan de sus efectos, todo el día está con ellos, su calor y su luz los sigue por todos lados, sin embargo no saben ni pueden decir su altura ni la luz ni el calor que posee, y si alguno quisiera elevarse para conocer todo esto, la luz lo eclipsaría y el calor lo incineraría, así que el hombre está forzado a tener los ojos bajos y gozarse la luz, sin poderlo investigar y debe contentarse con decir: Es Sol.
Entonces, si esto sucede con el Sol que se ve y que Yo creé para el bien natural del hombre, mucho más con las verdades que contienen ¡oh, cuánta más luz y calor que el mismo Sol!, en especial las verdades que se refieren a mi Voluntad, pues éstas contienen efectos, bienes y valor eternos. ¿Quién puede medir todo lo que una verdad contiene? Sería quererse eclipsar. Es mejor abajar la frente y gozarse de la luz que lleva mi verdad, amarla y hacer suya la pequeña luz que la inteligencia humana comprende, y no hacer que, porque no comprenden toda la plenitud de la luz la hagan a un lado como cosa que a ellos no pertenece. Así como con el Sol, no comprendido, pero se goza de su luz por cuanto más se puede, se sirve uno de ella para obrar, para caminar, para mirar y ¡oh, cómo se suspira para que llegue el día para que la luz les haga compañía y viva con ellos! Mis verdades, en cambio, que son más que luz y que hacen despuntar el sol del día en las mentes humanas, no son tomadas en cuenta, ni amadas, ni suspiradas y se tienen como naderías... ¡qué dolor! Pero Yo, cuando veo que ellos hacen a un lado mis verdades, los hago a un lado a ellos y hago hacer su curso a mis verdades con las almas que las aman, las suspiran y se sirven de su luz para modelar sus vidas y hacerse con ellas una sola cosa. ¿Crees tú que te haya dicho todo de las verdades, de los efectos y del valor que mi Verdad contiene? ¡Oh no, cuántos otros soles debo hacer surgir! Pero tú no te asombres si no comprendes todo, conténtate con vivir de su luz y esto me basta".
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26 de junio de 1922
El aislamiento y la soledad de Jesús en medio de las criaturas.
Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino y como desde hace algunos días yo he estado como contraída, tanto que me he sentido impotente aun para moverme, tomando mis manos en las suyas me dijo:
"Hija mía, deja que Yo te suelte".
Y poniéndose junto a mí, puso mis brazos en sus hombros diciéndome:
"Ahora estás libre, estréchame a ti, pues he venido para hacerte compañía y recibir a cambio la tuya. Mira, Yo soy el Dios aislado de las criaturas; vivo en medio de ellas, soy vida de cada uno de sus actos, pero me tienen como si no existiera con ellas. ¡Oh, cómo lloro mi soledad! Me ha tocado la misma suerte que al Sol, que mientras vive con su luz y su calor en medio de todos y no hay fecundidad que de él no provenga y con su calor purifica la tierra de tantas inmundicias y sus bienes son incalculables y con magnanimidad los hace descender sobre todos, él en lo alto vive solo, siempre solo y el hombre ingrato no le dirige jamás un gracias, ni el menor testimonio de reconocimiento. Así soy Yo: solo, siempre solo, mientras que estando en medio de ellos soy luz de cada pensamiento, sonido de cada palabra, movimiento de cada obra, paso de todo pie, latido de cada corazón... y el hombre ingrato me deja solo, no me dice jamás un gracias, un te amo. Quedo aislado en la inteligencia porque de la luz que le doy se sirve para él y tal vez hasta para ofenderme; quedo aislado en las palabras, porque el sonido que forman muchas veces sirve para blasfemarme; quedo aislado en sus obras, de las que se sirve para darme muerte; en los pasos, en el corazón, dedicados sólo a desobedecerme y a amar lo que a Mí no pertenece. ¡Oh, cómo me pesa esta soledad! Pero mi amor y mi magnanimidad son tan grandes que más que sol continúo con mi curso, y voy investigando si hay alguno que quiera hacerme compañía en tanta soledad, y, encontrándolo, con él formo mi compañía perenne y lo abundo de todas mis gracias.
He aquí por qué vine a ti, pues estaba cansado de tanta soledad; no me dejes jamás solo, hija mía".
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6 de julio de 1922
La bendición de Jesús al despedirse de su Madre.
Estaba meditando y acompañando a Jesús en las Horas de la Pasión cuando fue ante la Divina Mamá para pedirle su santa bendición, y mi dulcísimo Jesús, en mi interior me dijo:
"Hija mía, antes de la Pasión quise bendecir a mi Mamá y ser por Ella bendecido, pero no fue únicamente a mi Mamá a quien bendije, sino a todas la criaturas, no sólo animadas sino también las inanimadas. Vi a la criatura débil, cubierta de llagas, pobre... mi Corazón tuvo un latido de dolor y de tierna compasión y dije: ¡Pobre humanidad, cómo estás caída! Quiero bendecirte para que resurjas de tu estado; mi bendición imprima en ti el triple sello de la Potencia, de la Sabiduría y del Amor de las tres Divinas Personas, te restituya la fuerza, te sane y te enriquezca, y para rodearte de defensas bendigo todas la cosas creadas por Mí a fin de que las recibas bendecidas por Mí; te bendigo la luz, el aire, el agua, el fuego, el alimento a fin de que quedes como abismada en mis bendiciones y cubierta por ellas, pero como tú no mereces esta bendición, por eso quiero bendecir a mi Mamá, sirviéndome de Ella como canal para hacerte llegar mis bendiciones.
Y así como me correspondió mi Mamá con su bendición, así quiero que las criaturas me correspondan con sus bendiciones, pero ¡ay de Mí!, en vez de corresponderme con bendiciones, me corresponden con ofensas y con maldiciones. Por eso, hija mía, entra en mi Querer y elevándote en sus alas a todas las cosas creadas séllalas a todas con las bendiciones que todas las criaturas me deben y trae a mi doliente y tierno Corazón las bendiciones de todas".
Después de haberlo hecho, como para recompensarme Jesús me dijo:
"Querida hija mía, te bendigo de modo especial, te bendigo el corazón, te bendigo la mente, el movimiento, la palabra, el respiro, toda y todo te bendigo".
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Quien vive en la Divina Voluntad es depositario de la vida sacramental de Jesús.
Después de esto, continué con las demás Horas de la Pasión y mientras estaba en la de la Cena Eucarística, mi dulce Jesús se movió en mi interior y con la punta de un dedo llamaba fuerte en mi interior, tanto que yo lo oía con mis oídos y dije para mí: "¿Qué querrá Jesús, que llama?" Y Él hablándome, me dijo:
"No bastaba llamar, sino hablarte para ser escuchado. Escucha, hija mía, mientras instituía la Cena Eucarística llamé a todos en torno a Mí, miré todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, para darles a todos mi Vida sacramental, y no una vez solamente sino tantas veces por cuantas tienen la necesidad del alimento corporal. Yo quería constituirme como alimento del alma, pero me encontré muy mal al ver que ésta mi Vida Sacramental quedaba rodeada de desprecios, de descuidos y aun de muerte despiadada; me sentí mal, sentí todas las angustias de muerte de mi Vida sacramental, tan dolorosas y repetidas; pero miré mejor y haciendo uso de la Potencia de mi Querer llamé en torno a Mí a las almas que habrían vivido en Él y ¡oh, cómo me sentí feliz! Me sentí rodeado por estas almas que la Potencia de mi Querer las tenía como abismadas y cuyo centro de vida era mi Querer, vi en ellas mi misma inmensidad y me encontré en ellas bien defendido de todos, y a ellas confié mi Vida sacramental, la deposité en ellas para que no sólo me cuidaran sino que me correspondieran con una vida de ellas por cada hostia consagrada. Y esto es connatural porque mi Vida sacramental está animada por mi Voluntad Eterna y la vida de estas almas tiene como centro de vida a mi Querer, así que cuando se forma mi Vida sacramental, mi Querer obrante en Mí obra también en ellas y Yo siento su vida en mi Vida sacramental, se multiplican conmigo en cada hostia y Yo siento que me dan vida por Vida.
¡Oh, cómo exulté al verte a ti como primera, que en modo especial te llamé a formar vida en mi Querer!, hice en ti mi primer depósito de todas mis Vidas sacramentales y te confié a la potencia y a la inmensidad de mi Querer Supremo para que te hicieran capaz de recibir este depósito. Desde entonces tú esuviste presente a Mí y te constituí depositaria de mi Vida sacramental y en ti a todas las demás almas que habrían vivido en mi Querer. Te di el primado sobre todo, y con razón, porque mi Querer no está puesto por debajo de ninguno, por tanto, aun sobre los Apóstoles y sobre los sacerdotes, porque si bien ellos me consagran pero no quedan vida junto conmigo, es más, me dejan solo, olvidado y no tienen cuidado de Mí, en cambio esas almas habrían sido vida en mi misma Vida e inseparables de Mí. Por eso te amo tanto..., es a mi mismo Querer a quien amo en ti".
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10 de julio de 1922
El principio del Reino de la Divina Voluntad como en el Cielo en la tierra.
Continuando mi habitual estado, me sentía a mi amable Jesús en mi interior, pero tan real, que ahora sentía que me estrechaba tan fuerte al corazón que me hacía sufrir, ahora estrechaba sus brazos a mi cuello y me sofocaba, ahora se sentaba en mi corazón, tomando un aire imperante de mando y yo me sentía como aniquilar y luego resurgir a nueva vida bajo su mandato; pero ¿quién puede decir lo que Él hacia en mi interior y lo que yo sentía? Creo que es mejor dejarlo en silencio. Entonces mientras sentía su presencia real en mi interior, me dijo:
"¿Hija mía, elévate, elévate más, pero tanto... hasta llegar al seno de la Divinidad. Entre las Divinas Personas estará tu vida. Mira, para hacerte llegar a esto he formado mi Vida en ti, he encerrado mi Querer Eterno en lo que tú haces, corriendo en todo en modo maravilloso y sorprendente; mi Querer está obrante en ti en continuo acto inmediato. Y habiendo formado mi Vida en ti, con mi Querer obrante en ti, en tus actos, tu querer ha quedado impregnado y transfundido en el Mío, de modo que mi Querer tiene una Vida sobre la tierra, y ahora es necesario que te eleves y lleves contigo mi Vida, mi Querer, para que mi Querer de la tierra y del Cielo se fundan juntos y tú hagas vida por algún tiempo en el seno de la Divinidad, donde tu querer será obrante junto con el Mío para poder ensanchar el tuyo por cuanto la criatura puede ser capaz; después bajarás de nuevo sobre la tierra llevando la Potencia y los prodigios de mi Querer por los cuales las criaturas serán sacudidas, abrirán los ojos, y muchos conocerán qué significa vivir en mi Querer: vivir a semejanza de su Creador. Y esto será el principio de que mi Reino venga sobre la tierra y de que mi Querer tenga su último cumplimiento.
¿Crees tú que sea cosa de nada vivir en mi Querer? No hay cosa que lo iguale, ni santidad que lo asemeje; es mi Vida real, no fantástica, como alguien lo puede imaginar, y esta Vida mía no está sólo en el alma sino también en el cuerpo. Pero ¿sabes tú cómo se forma esta Vida mía? Mi Querer Eterno es el del alma y mi latido, latiendo en su corazón forma mi concepción; su amor, sus penas y todos sus actos hechos en mi Querer forman mi Humanidad, y me hacen crecer tanto que no puedo mantenerme escondido y ella no puede hacer menos que sentirme. ¿No me sientes tú vivo en tu interior? Por eso te he dicho que a la santidad del vivir en mi Querer no hay nada que remotamente se le asemeje; todas las demás santidades serán las pequeñas lucecitas y ella será el gran sol transfundido en su Creador."
Ahora, sólo para obedecer y con gran repulsión digo cómo siento a Jesús en mi interior: lo siento en el lugar de mi corazón, casi de modo visible; ahora siento que reza y muchas veces lo oigo con los oídos del cuerpo, y yo rezo junto con Él; ahora, que sufre y me hace sentir su respiro afanoso y lo siento en mi respiro, tanto que me veo obligada a respirar afanosamente junto con Él, y como en Él están contenidas todas las criaturas, siento su respiro que como vida se difunde en todos los movimientos y respiros humanos, y yo me difundo junto con Él; ahora lo siento gemir, agonizar; ahora lo siento mover los brazos y los extiende en los míos, ahora que duerme, quedando en mi interior un profundo silencio... pero ¿quién pude decirlo todo? Sólo Jesús puede decir lo que obra en mí, pues yo no tengo palabras suficientes para manifestarlo. Esto lo he escrito sólo por obedecer, con sumo dolor de mi alma y por temor de que mi Jesús pudiera disgustarse, porque Él tolera, siempre que la obediencia no me mande, pero si la obediencia manda, me queda solamente el Fiat, de otro modo me aniquilaría. Espero que sea todo para gloria suya y para confusión mía.
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14 de julio de 1922
Luisa, generadora del Reino de la Divina Voluntad en los demás.
Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús me transportó fuera de mí misma, hasta el seno del Eterno y mientras ahí nadaba, y no sé decir lo que sentía ni lo que comprendía porque me faltan las palabras para explicarme, mi siempre amable Jesús me dijo:
"Hija amada de nuestra Voluntad, te he traído al seno de nuestra Divinidad a fin de que tu querer se extienda mayormente en el Nuestro y tome parte en nuestro modo de obrar: Nuestra Divinidad es llevada naturalmente a la generación, no hace otra cosa que generar continuamente, y también todas las cosas creadas por Nosotros llevan en ellas la virtud de generar. El Sol genera la luz en todo ojo humano, en cada obra y en cada paso, parece que se multiplica por cada hombre, por cada planta y por cada punto de la tierra y si no tuviera la virtud, la conexión con su Creador generador, el Sol jamás podría dar luz a todos ni estar a disposición de cada uno. La flor genera otra flor, toda igual a ella. La semilla genera otra semilla. El hombre genera otro hombre, así que todas las cosas llevan consigo la virtud de su Creador de generar. Así, Nosotros somos llevados muy naturalmente a generar y a reproducir de Nosotros seres semejantes a Nosotros.
Para eso te he llamado a nuestro seno: para que viviendo con Nosotros, tu querer, difundiéndose en el Nuestro, se agrande y genere junto con Nosotros santidad, luz, amor, y multiplicándose junto con Nosotros en todos, genere en los demás lo que ha recibido de Nosotros. Lo único que nos queda respecto a la creación es nuestra Voluntad: que Ella obre en la criatura como obra en Nosotros. Nuestro Amor quiere hacer salir de nuestro seno a nuestra Voluntad para depositarla en la criatura, y va buscando a quien está dispuesta, a quien la conoce y la aprecia, tú, para generar en ella lo que genera en Nosotros. He aquí por qué tantas gracias, tantas manifestaciones sobre mi Voluntad: es la Santidad de mi Querer la que exige que antes de ser depositada en el alma sea conocida, amada y reverenciada para que pueda desarrollar en ella toda su virtud y su potencia y sea cortejada por nuestras mismas gracias. Así que todo lo que hago contigo no es más que para preparar y adornar la morada de mi Voluntad. Por eso sé atenta, aquí en nuestro seno aprenderás mejor nuestros modos y recibirás todas las prerrogativas que convienen a los designios que hemos formado de ti".
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16 de julio de 1922
Para reinar, la Santidad del vivir en el Divino Querer debe ser conocida.
Habiéndome dicho el Confesor que debía copiar de mis escritos lo que sobre las diversas virtudes el bendito Jesús me ha hecho escribir, sentía en mí una pena, un martirio al hacer salir lo que Jesús me ha dicho; entonces, cuando el bendito Jesús vino, le dije:
"Amor mío, sólo para mí este martirio: que yo misma deba ser instrumento para hacer salir lo que Tú me has manifestado. Y mucho más, porque debiendo hacer salir lo que Tú me has dicho, me veo obligada en ciertas cosas a salir también yo misma. ¡Ah mi Jesús, qué martirio! Y con todo, aunque con sumo dolor de mi alma, estoy obligada a obedecer. ¡Dame la fuerza, ayúdame! ¡Sólo para mí esto! Has dicho tantas cosas a otros, les has hecho tantas gracias, pero nadie ha sabido nada... y si bien después de su muerte se han conocido algunas cosas, todo lo demás ha quedado sepultado con ellos, ¡ah, sólo a mí me toca este martirio!"
Entonces Jesús, todo bondad, me dijo:
"Hija mía, ánimo, no te abatas, Yo estaré contigo también en esto. Ante mi Querer el tuyo debe desaparecer; además, es la Santidad de mi Querer que quiere ser conocida; esta es la causa.
La santidad del vivir en mi Querer no tiene camino, ni llaves, ni habitaciones; invade todo, es como el aire que se respira, que todos pueden y deben respirarlo, basta sólo con que lo quieran y con que hagan a un lado su querer humano y el Querer Divino se hará respirar por el alma, le dará la vida, los efectos y el valor de la Vida de mi Querer; pero si no es conocido ¿cómo podrán amar y querer un vivir tan santo? Es la gloria más grande que puede darme la criatura.
La santidad de las otras virtudes es bastante conocida en toda la Iglesia y quien quiere puede copiarla, por eso no tengo premura por multiplicar su conocimiento; en cambio la santidad del vivir en mi Querer, sus efectos, el valor que contiene, la última pincelada que dará mi mano creadora a la criatura para hacerla semejante a Mí, no es conocida todavía. He aquí por qué toda mi premura de que se conozca todo lo que te he dicho, y si esto no hicieras, vendrías como a restringir mi Querer, como a reprimir en Mí las llamas que me devoran y a hacerme retardar la gloria completa que me debe la creación. Pero quiero que las cosas salgan ordenadas, porque una palabra que falte, una coma, una interrelación que falte, un capítulo a medias, en lugar de iluminar, arrojará tinieblas y en vez de hacerme dar gloria y amor, las criaturas quedarán indiferentes, por eso sé atenta, quiero que lo que he dicho Yo salga entero".
Y yo: "Pero para poner tu parte entera estoy obligada a poner algo de mi parte".
Y Jesús:
"¿Y qué quieres decir con esto? Si el camino lo hemos hecho juntos ¿quieres que salga sólo Yo? Además, ¿a quién debo señalar y poner como ejemplo a seguir si aquella a quien he amaestrado y tiene la práctica del modo y del cómo vivir en mi Querer no quiere ser conocida? Hija mía, esto es absurdo".
"Ah Jesús, en qué laberinto me pones. Me siento morir, pero espero que tu Fiat me dé la fuerza."
"Por eso quita tu querer y mi Fiat hará todo".
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20 de julio de 1922
El vivir en el Divino Querer injerta en el alma todo lo que Él hizo en la Humanidad de Jesús.
Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino y me abismó tanto en su Querer que aun el querer salir de Él se me hacía imposible. Me sucedía como a una persona que voluntariamente se deja arrojar desde su pequeño lugar a otro lugar interminable, y viendo la enorme distancia del camino del que no conoce ni siquiera su fin, deja el pensamiento de volver a su pequeño lugar, pero es feliz de su suerte. Entonces, mientras nadaba en el mar inmenso del Querer Divino, mi dulce Jesús me dijo:
"Hija amadísima de mi Querer, quiero hacer de ti una repetidora de mi Vida. El vivir en mi Querer debe injertar en el alma todo lo que mi Voluntad hizo y me hizo sufrir en mi Humanidad; mi Querer no tolera ninguna desemejanza.
Mira, mi Voluntad Eterna impuso a mi Humanidad que aceptara tantas muertes por cuantas criaturas debían tener vida a la luz del día, y mi voluntad aceptó con amor estas muertes, tanto que el Querer Eterno hizo tantas marcas en ella por cuantas muertes debía sufrir. Ahora, ¿quieres que Yo marque tu voluntad con tantas marcas por cuantas fue marcada la mía, a fin de que cuantas muertes sufrí Yo las sufras también tú?"
Yo le dije "Fiat."
Y Jesús, con maestría y velocidad a la vez, marcó mi voluntad con tantas marcas de muerte por cuantas tenía Él y me dijo:
"Sé atenta y fuerte en el sufrir estas muertes, mucho más porque de estas muertes saldrá la vida para tantas otras criaturas".
Y mientras esto decía, con sus mismas manos creadoras me tocaba, y conforme me tocaba creaba el dolor, tanto que me hacía sentir penas mortales, me desgarraba el corazón y lo hería de mil modos, ahora con dardos de fuego, ahora con flechas de hielo que me hacían titiritar, ahora lo estrechaba tan fuerte que lo dejaba inmóvil, pero ¿quién puede decirlo todo? Puede decir sólo Él lo que hacía. Yo me sentía triturada y aniquilada y casi temía no tener fuerzas, entonces Él, como queriendo descansar de las penas que me había dado me dijo:
"¿De qué temes? ¿Acaso de que mi Querer no tenga fuerza suficiente para sostenerte en las penas que quiero darte o de que puedas salir de los confines de mi Querer? Esto no será jamás. ¿No ves cuántos mares inmensos ha extendido mi Querer en torno a ti, de manera que tú misma no encuentras el camino para salir? Todas las verdades, los efectos, los valores y los conocimientos que te he manifestado son tantos mares con los que has quedado rodeada, y otros mares más continuaré extendiendo.
Ánimo, hija mía, todo esto es necesario a la Santidad del vivir en mi Querer: generar semejanza entre Mí y el alma. Esto lo hice con mi Mamá, no toleré ni siquiera una pequeña pena, ni ningún acto o bien que hice en el que Ella no tomara parte. Una era la Voluntad que nos animaba y, por tanto, cuando Yo sufría las muertes, las penas, obraba, Ella moría, sufría y obraba junto conmigo. En su alma Ella debía ser mi copia fiel, de manera que viéndola a Ella debía encontrar otro Yo mismo.
Ahora, lo que hice con mi Mamá lo quiero hacer contigo, después de Ella te pongo a ti. Quiero que sea reflejada la Santísima Trinidad sobre la tierra: Yo, mi Mamá y tú. Esto es necesario, que por medio de una criatura mi Querer tenga vida obrante en la tierra. Y ¿cómo mi Querer puede tener esta Vida obrante si no da lo que mi Querer contiene y lo que hizo sufrir a mi Humanidad? Mi Querer tuvo verdadera Vida obrante en Mí y en mi inseparable Mamá y ahora quiero que la tenga en ti. Una criatura me es absolutamente necesaria, así mi Querer lo ha establecido, las demás serán condicionadas".
Ante todo esto yo me sentí confundida, comprendía lo que Jesús me decía y más sentía aniquilar y deshacer mi pobre ser; me sentía tan indigna que pensaba para mí: "¡Qué error tan grande comete Jesús... hay tantas almas tan buenas a las que puede elegir!" Y mientras esto pensaba para mí, Él agregó:
"Pobre hija mía, tu pequeñez junto a Mí se pierde, pero así lo he decidido: de la raza humana debo tomarla y si no te tomo a ti, tomaría a otra criatura, pero porque tú eres la más pequeña te hice crecer sobre mis rodillas, te nutrí a mi seno como una pequeña bebita, así que siento en ti mi misma Vida y por eso he posado sobre ti mis miradas, te he mirado y mirado, y complaciéndome he llamado al Padre y al Espíritu Santo a mirarte y mirarte y de consenso unánime te hemos elegido. Por eso no te queda más que serme fiel y abrazar con amor la Vida, las penas, los efectos y todo lo que quiere nuestro Querer".
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24 de julio de 1922
Vínculos de Jesús con todas las criaturas. Luisa llamada a esta semejanza. Correspondencia a la Gracia.
Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino con una majestad y un amor encantadores y me hizo ver a todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y ligado con mi dulce Jesús, era tanto el vínculo que parecía que Jesús se multiplicaba por cada criatura, de manera que cada una lo tenía todo sólo para sí, y Jesús entregaba cada Vida suya a sufrir todas las penas y muertes que se necesitaban por cada criatura para poder decir al Padre Celestial: "Padre mío, en cada criatura tendrás otros tantos Yo mismo que te darán por cada una lo que cada una te debe".
Y mientras esto veía, mi dulce Jesús me dijo:
"Hija mía, ¿también quieres tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre tú y Yo no haya ninguna desemejanza?"
Yo no sé cómo, pero sentía como si el peso de todos se apoyaba y cargaba sobre mis hombros; veía mi indignidad y mi debilidad y sentía tal repugnancia que me sentía desfallecer, tanto que el bendito Jesús teniendo compasión de mí, me tomó entre sus brazos y me acercó a su Corazón haciéndome poner mi boca en la herida que lo traspasaba y me dijo:
"Bebe, hija mía, la sangre que brota de esta herida para que recibas la fuerza que te falta. Ánimo, no temas, Yo estaré contigo, nos repartiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes; por eso te digo que seas atenta y fiel, porque mi gracia quiere correspondencia, pues si ésta no hay, se necesita nada para descender.
¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos? Nada. Sin embargo fíjate en el gran bien que lleva el tenerlos abiertos y en el gran mal de tenerlos cerrados: con tenerlos abiertos, los ojos se llenan de luz y de sol y con esta luz la mano puede obrar, el pie puede caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos y si son buenos o malos, reordena las cosas, lee, escribe, y ¿qué se necesita para perder todos estos bienes? Pues simplemente cerrar los ojos, entonces la mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está en peligro de tropezar, el hombre ya no distingue los objetos... se reduce a la incapacidad.
Tal es la correspondencia: no es más que abrir los ojos del alma, y al abrirlos se hace luz en la mente y mi imagen se proyecta en todo lo que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua luz de Mí para convertir todo su ser en luz. En cambio la incorrespondencia arroja al alma a las tinieblas y la hace inoperante".
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28 de julio de 1922
Semejanza de Luisa con Jesús no sólo en las muertes de dolor sino también en las de amor.
Me sentía toda sumergida en el Santísimo Querer de mi dulce Jesús, quien al venir me dijo:
"Hija mía, funde tu inteligencia con la mía a fin de que la tuya circule en todas las inteligencias de las criaturas y reciba el vínculo de cada pensamiento de ellas para sustituirlos por otros tantos pensamientos hechos en mi Querer y así Yo reciba la gloria como si todos los pensamientos hubieran sido hechos en modo divino. Ensancha tu querer en el mío; ninguna cosa debe escapar que no quede presa en la red de la tuya y mía Voluntad. Mi Querer en Mí y mi Querer en ti deben confundirse juntos y tener los mismos interminables confines, pero es necesario que tu querer se preste a extenderse, a dilatarse en el Mío y que no le escape ninguna cosa creada por Mí, a fin de que en todas las cosas escuche el eco de la Voluntad Divina en la voluntad humana y así genere mi semejanza en ti.
Mira, hija mía, Yo sufrí doble muerte por cada una de las criaturas: una de amor y la otra de pena, porque al crearla, la creé un complejo todo de amor, por lo que no debía salir de ella otra cosa sino sólo amor, tanto que mi Amor y el suyo debían estar en continuas corrientes, pero el hombre no sólo no me amó sino que, ingrato, me ofendió y entonces Yo debí rehacer a mi Divino Padre de esta falta de amor y debí aceptar una muerte de amor por cada uno y otra de dolor por las ofensas".
Y mientras esto me decía, yo veía a mi dulce Jesús todo una llama que lo consumaba y le daba muerte por cada uno, es más, veía que cada pensamiento, palabra, movimiento, obra, paso... eran tantas llamas que consumaban a Jesús y al mismo tiempo le daban la vida. Entonces Jesús agregó:
"¿No quisieras tú mi semejanza? ¿No quisieras tú aceptar las muertes de amor como aceptaste las muertes de dolor?"
Yo le respondí: "Ah Jesús mío, yo no sé qué me haya sucedido; siento todavía una gran repugnancia por haber aceptado las muertes de dolor, ¿cómo podría aceptar las del amor que me parecen más duras? Tiemblo de sólo pensarlo; mi pobre naturaleza se aniquila más, se deshace... ¡ayúdame, dame la fuerza porque siento que no puedo seguir adelante!"
Y Jesús, todo bondad, agregó: "Está decidido. Pobre hija mía, ten valor, no temas ni quieras turbarte por la repugnancia que sientes; es más, para darte seguridad te digo que también ésta es un semejanza mía. Has de saber que también mi Humanidad por cuanto santa y deseosa sumamente de sufrir, sentía esta repugnancia, pero no era mía, eran todas las repugnancias que las criaturas sienten en hacer el bien y en aceptar las penas que merecen, y Yo debía sufrir estas penas que me torturaban, y no poco, para dar a ellas la inclinación al bien y hacerles más dulces las penas, tanto que en el Huerto grité al Padre: Si es posible pase de Mí este cáliz, pero ¿crees tú que fui Yo? Ah no, te engañas; Yo amaba hasta la locura el sufrir, amaba la muerte para dar Vida a mis hijos; era el grito de toda la familia humana entera que hacía eco en mi Humanidad, y Yo, gritando junto con ellos para darles fuerzas repetí tres veces: Si es posible pase de Mí este cáliz. Yo hablaba a nombre de todos como si fuera cosa mía, pero me sentía aplastar. Así que la repugnancia que sientes no es tuya, es el eco de la mía, pues si fuera tuya, ya me habría Yo retirado. Por eso, hija mía, queriendo generar de Mí otra imagen mía, quiero que tú aceptes, y Yo mismo quiero imprimir en tu voluntad, ensanchada y consumada en la Mía, estas muertes mías de amor".
Y mientras esto decía, con su santa mano me las imprimió y desapareció. Sea todo para gloria de Dios.
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30 de julio de 1922
Luisa se resiste a publicar los escritos. Lamentos de Jesús.
Continúan copiando de mis escritos, según la obediencia del Confesor, lo que Jesús me dijo sobre las virtudes y yo quería hacerlo copiar sin decir que me lo había dicho Jesús, entonces Él al venir, desagradándose, me dijo:
"Hija mía, ¿por qué quieres ocultarme? ¿Soy Yo acaso persona deshonrada que no quieres hacer mención de Mí? Cuando se dice un bien, un dicho, una obra o una verdad de alguna persona deshonrada, no se quiere decir quién es esa persona para no hacer perder la estima, la gloria, el prestigio y el efecto que hay en aquel bien, en aquel dicho, en aquella obra, porque si se dice quién es, no será apreciado y perderá todo lo bello, sabiendo que la fuente de donde proviene no merece ningún aprecio. En cambio, si es persona de bien y honorable, primero se dice el nombre de la persona para hacer resaltar y hacer apreciar mayormente lo que dijo o hizo y luego se dice lo que dijo o hizo. Así que ¿Yo no merezco que mi nombre sea puesto por delante de mis palabras? ¡Ah, qué mal me tratas!... No esperaba esta pena de ti. Yo he sido tan magnánimo contigo, te he manifestado de Mí tantas cosas, te he hecho conocer tantas cosas y las más íntimas de Mí, lo que no he hecho con los demás; así, tú deberías ser más abierta en hacerme conocer, pero en cambio pareces la más cerrada. Otras almas, lo poco que les he dicho han querido decirlo a voz de trompeta para hacerme conocer, en cambio tú quieres ocultarme. Esto en verdad que no me agrada".
Y yo confundida y humillada hasta el extremo, le dije: "Jesús mío, perdóname, tienes razón, pero es la gran repugnancia que siento. Ese tener que poner mi voluntad en el modo como debo salir me tortura. Tú ten piedad de mí. Dame más fuerza, más gracia y ensancha más mi corazón para que no pueda darte jamás esta pena".
Y Jesús: "Te bendigo a fin de que tu corazón reciba más gracia y sea más abierto en hacerme conocer".
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2 de agosto de 1922
Semejanza en la pena más grande de la vida de Jesús: el alejamiento de la Divinidad.
Encontrándome en mi habitual estado, me veía toda confundida y como separada de mi dulce Jesús, tanto que al venir le dije:
"Amor mío, cómo han cambiado las cosas para mí. Antes me sentía tan fundida contigo que no advertía ninguna división entre Tú y yo y aun en las mismas penas que sufría Tú estabas conmigo, pero ahora todo es al contrario: si sufro, me siento dividida de Ti y si te veo ante mí o dentro de mí, es con aspecto de un juez que me condena a la pena, a la muerte, y Tú ya no tomas parte en las penas que Tú mismo me das, sin embargo me dices: elévate cada vez más y en lugar de esto, yo desciendo".
Entonces Jesús, deteniendo mi hablar me dijo:
"¡Hija mía, cuánto te engañas! Esto sucede porque tú aceptaste, y Yo marqué en ti, las muertes y las penas que Yo sufrí por cada criatura. También mi Humanidad se encontró en estas dolorosas condiciones: Ella era inseparable de mi Divinidad, pero siendo mi Divinidad intangible en las penas y no capaz de poder sufrir sombra de pena, mi Humanidad se encontraba sola en el sufrir y mi Divinidad era sólo espectadora de las penas y muertes que Yo sufría, es más, me era juez inexorable que quería el pago de cada pena de cada criatura. ¡Oh, cómo mi Humanidad temblaba! Yo quedaba aplastado delante de aquella Luz y Majestad Suprema al verme cubierto por las culpas de todos y por las penas y muertes que cada uno merecía. Fue la pena más grande de mi vida: que mientras era una sola cosa con la Divinidad e inseparable de Ella, en las penas quedaba solo y como apartado. Entonces si te llamé a mi semejanza ¿qué maravilla que mientras me sientes en ti, me ves espectador de tus penas que Yo mismo te inflinjo y te sientes como separada de Mí? Sin embargo esta pena tuya no es sino una sombra de la mía. Y así como mi Humanidad no quedó jamás separada de la Divinidad, así te aseguro que nunca quedas separada de Mí. Son los efectos lo que sientes, y en esos momentos más que nunca formo una sola cosa contigo. Por eso, ánimo, fidelidad y no temas".
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6 de agosto de 1922
La Divina Voluntad es equilibrio, orden y armonía.
Me sentía toda inmersa en el Santo Querer de Dios y mi dulce Jesús al venir me dijo:
"Hija mía, todas las cosas son para Mí de un igual peso, tanto me pesa el Cielo cuanto la tierra. Mi Voluntad contiene perfecto equilibrio; el equilibrio lleva el orden, el régimen, lo útil, la armonía; todas las cosas armonizan como si fueran una sola cosa. El orden lleva la igualdad y la igualdad lleva la semejanza. He aquí por qué tanta armonía, orden y semejanza en las tres Divinas Personas. Todas las cosas creadas están en perfecta armonía: la una es el sostén, la fuerza y la vida de la otra; si una sola cosa creada desarmonizara, todas las demás rodarían y se destruirían. Sólo el hombre se separó de Nosotros, del equilibrio de nuestra Voluntad. ¡Oh, cómo rodó el hombre... y desde su más alto puesto cayó a lo más profundo del abismo! Y con toda mi redención, no toda la familia humana ha vuelto a su estado primero. Esto significa que la cosa más grave: sustraerse del equilibrio de nuestra Voluntad, significa arrojarse al caos, al desorden y al océano de todos los males.
Ahora, hija mía, para esto te he llamado en modo especial en este equilibrio de mi Querer, a fin de que viviendo tú en Él vengas a equilibrar todo el obrar de la trastornada humanidad. Viviendo en mi Voluntad te equilibrarás tú misma, estarás en el orden y en perfecta armonía entre Nosotros y con todas las cosas creadas, y armonizando así todo, sentiremos en ti, que corriendo en el ámbito de nuestra Voluntad, nos darás el orden y la armonía de todas las inteligencias, de las palabras, de las obras y pasos de todos. Constituiremos tus actos en nuestro Querer como regidores de todos los demás y nos reharemos del caos de la desventurada humanidad. Cada acto tuyo será el sello del orden que Nosotros recibiremos a nombre de todos los demás.
Mucho quehacer tienes en nuestro Querer. Serás como reina que nos traerás todas las conquistas, todas las armonías; nuestro Querer te suministrará todo lo que es necesario para poder suplir por todos y llenar el vacío del equilibrio de la voluntad humana, que tanto daño recibió por haberse sustraído del equilibrio de nuestra Voluntad".
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12 de agosto de 1922
El valor y los efectos del sacrificio.
Me sentía muy oprimida y en pena. Sólo mi dulce Jesús puede saberlo pues Él escruta cada fibra de mi pobre corazón y ahí ve toda la intensidad de mi pena. Entonces, teniendo compasión de mí, viniendo, me sostuvo entre sus brazos diciéndome:
"Hija mía, ánimo, estoy Yo contigo, ¿de qué temes?, ¿acaso alguna vez te he fallado? Y si tú no quieres a ningún costo separarte mínimamente de mi Querer, mucho menos quiero Yo no estar contigo y no ser vida de cada uno de tus actos y de tus penas.
Has de saber que mi Voluntad es oro purísimo y para hacer que el alambre de tu voluntad humana pueda convertirse en oro purísimo, de manera que entrelazándose el alambre de tu voluntad con la Mía no se distinga cual sea la tuya y cual la Mía, es únicamente el sacrificio y las penas lo que consumando el metal de tu voluntad humana lo convierte en alambre de oro divino, y este alambre fundiéndose con el mío forma uno solo y entrelazando toda la gran rueda de la eternidad se extiende por todas partes y en todas partes se encuentra; pero si mi Querer es oro y el tuyo es hierro te quedarás por debajo y el mío no descenderá a entrelazarse con el tuyo.
Si tomas dos objetos de oro, a pesar de que cada uno tenga su forma, licuándolos podrás formar uno solo, sin poder ya distinguir cuál era el oro de uno y cuál era el oro del otro; pero si un objeto es de oro y el otro es de hierro, uno no se adherirá al otro y no se podrá formar un solo objeto de oro.
Así que es sólo el sacrificio lo que cambia la naturaleza a la voluntad humana. El sacrificio es fuego ardiente que licúa y consuma; el sacrificio es sagrado y tiene virtud de consagrar la Voluntad Divina en la humana; el sacrificio es gracia e imprime con su hábil pincel la forma y los rasgos divinos. He aquí por qué el aumento de tus penas: son las últimas pinceladas que se necesitan para dar la última extensión y entrelazamiento de tu querer con el Mío".
Entonces yo le dije: "Oh Jesús mío, todas mis penas, por cuanto dolorosas que parece que me aniquilen, no me oprimen y si a ti te place, multiplícamelas, pero Tú sabes bien cuál es la pena que me lacera y de esta sola es de la que te pido compasión, pues me parece que no puedo seguir; ¡ah, por piedad, ayúdame y libérame, si te place!"
Y Jesús: "Hija mía, también en esta pena estaré contigo, seré tu ayuda y te daré mi fuerza para que la sostengas. Podría contentarte, pero no es decoroso que lo haga, porque una obra tan alta, una misión tan sublime y única de llamarte a hacer vida en mi Querer me sonaría mal si no la hiciera pasar por medio del órgano de mi Iglesia. Además, con mi Voluntad y con la intervención de la obediencia a un ministro mío te pusiste en ese estado; ahora bien, si él no quiere continuar, puede darte la obediencia, a fin de que, haciéndolo tú por obedecer, entre tú y Yo quedemos en pleno acuerdo, porque si lo haces tú sola por tu propia voluntad no sólo no quedaremos de acuerdo sino que quedarías deshonrada. Pero ellos deben saber que el mundo se encuentra sobre una hoguera y si quieren que el fuego aumentando sus llamas incinere todo, entonces que hagan lo que quieran".
Yo quedé aterrada y más afligida que antes, pero dispuesta a hacer su Santísima Voluntad y no la mía.
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15 de agosto de 1922
Los actos de Jesús y los de la Santísima Virgen en la Divina Voluntad.
Encontrándome en mi habitual estado, me estaba abandonando en los brazos de la Santísima Voluntad de Dios, y mi dulce Jesús me dijo:
"Hija mía, en mi Querer no sólo encontrarás todos los actos que hizo mi Humanidad, en los que entretejía a todas las criaturas juntas, sino que encontrarás también todo lo que hizo mi querida Mamá, que entretejiéndose junto conmigo, sus actos formaban uno solo con los míos.
En cuanto fui concebido en su seno, Ella empezó a entretejerse con mis actos, y como mi Humanidad no tenía otra Vida, ni otro alimento ni otra finalidad que la sola Voluntad de mi Padre, y Ésta, corriendo en todo me constituía acto de toda criatura para restituir al Padre los derechos de Creador de parte de las criaturas y para darme Yo como Vida a todas las criaturas, así también Ella: en cuanto empezó a entrelazarse conmigo, también le restituía al Padre, a nombre de todos, sus derechos de Creador y se daba a las criaturas, de modo que todas las criaturas recibían como Vida, junto con mis actos los de mi Mamá.
Ahora en el Cielo abraza toda la gloria de cada criatura, y de parte de cada criatura mi Querer le da tanta gloria, que no hay gloria que Ella no contenga, ni gloria que de Ella no descienda. Y como entretejió conmigo sus obras, su amor, sus penas, etc., ahora en el Cielo está refulgente de tanta gloria por cuantos entretejidos hizo en mi Voluntad; he aquí por qué supera todo, abraza todo y concurre en todo; he aquí lo que significa vivir en mi Querer. Jamás habría podido recibir tanta gloria mi Mamá querida, si todos sus actos no hubieran corrido en mi Querer, los cuales la constituyen Reina y corona de todos.
Ahora te quiero a ti en mi Querer para que el entretejido no sea entre dos sino entre tres; mi Voluntad quiere ensancharte para encontrar en una criatura a todas las criaturas juntas. Y ¿ves el gran bien que te vendrá, cuánta gloria me darás, y cuánto bien harás a todos?"
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19 de agosto de 1922
La penas que la Divinidad infligía en el interior de Jesús.
Encontrándome en mi habitual estado, el dulce Jesús me hacía sufrir parte de las penas y de las muertes que sufrió por cada una de las criaturas. Por mis pequeñas penas yo comprendía qué atroces y mortales habían sido las penas de Jesús, y entonces Él me dijo:
"Hija mía, mis penas son incomprensibles a la naturaleza humana, y las penas mismas de mi Pasión fueron sombras o similitudes de mis penas internas.
Mis penas internas eran infligidas por un Dios Omnipotente y ni siquiera la fibra mía más pequeña podía escapar; las de mi Pasión me eran infligidas por los hombres, los cuales, no teniendo la Omnipotencia ni la Omnividencia no podían hacer lo que ellos mismos querían ni podían penetrar en todas y cada una de mis fibras. Mis penas internas eran encarnadas y mi misma Humanidad estaba transmutada en espinas, en clavos, en flagelos, en llagas, en martirios y tan crueles que me daban muertes continuas, y éstas eran inseparables de Mí y formaban mi misma Vida; en cambio, las de mi Pasión eran extrañas a Mí, eran espinas y clavos que se podían clavar y, queriendo, se podían también quitar; al solo pensamiento de que un pena se puede quitar es un alivio, pero de mis penas internas que eran formadas por mi misma carne, no había ninguna esperanza de que se me pudieran quitar, ni siquiera de disminuir la agudeza de una espina o del traspasarme con clavos.
Mis penas internas fueron tantas y tales que a las mismas penas de mi Pasión las podría llamar alivios y besos que se daban a mis penas internas y que uniéndose juntas daban el último testimonio de mi amor tan grande y excesivo por salvar a las almas.
Mis penas externas eran voces que llamaban a todos a entrar en el océano de mis penas internas para hacerles comprender cuánto me costaba su salvación.
Ahora, por tus mismas penas internas, comunicadas por Mí, puedes comprender en alguna forma la intensidad continua de las mías. Por eso, ánimo, es el amor lo que a esto me lleva".
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23 de agosto de 1922
En el alma que vive en la Divina Voluntad se forma la fuente de todos los dolores y también la de todos los gozos.
Me sentía oprimida y sufriente y sentía mi interior como si estuviera en acto de sufrir nuevos aniquilamientos de mi pobre ser y pedía a Jesús que me diera fuerza, y Él al venir me tomó en sus brazos para infundirme nueva vida, pero esta nueva vida era para darme ocasión de sufrir una nueva muerte, para después infundirme una nueva vida..., y me dijo:
"Hija mía, mi Voluntad abraza todo, encierra en sí todas las penas, todos los martirios, todos los dolores que hay en el giro de todos los siglos. He aquí por qué mi Humanidad abrazó todo, cada pena, cada martirio de criatura: porque mi vida no fue otra cosa que la Vida de la Divina Voluntad. Eso era necesario no sólo para cumplir la obra de la redención sino también para poderme constituir Rey, ayuda y fuerza de todos los martirios, de todos los dolores y de todas las penas. Si no tuviera en Mí la fuente de todos los martirios, dolores y penas ¿cómo podría llamarme Rey de todos y poseer en Mí la fuente de todas las ayudas, apoyos, fuerza y gracia que se necesitan en cada pena de criatura? Es necesario tener para dar.
He aquí por qué te he dicho tantas veces que la misión de llamar a un alma a vivir en mi Querer es la más grande, la más alta y la más sublime y no hay otra misión que la pueda lejanamente igualar: la inmensidad de mi Querer le hará llegar todos los martirios, penas y dolores y mi misma Voluntad le dará la fuerza divina para sostenerlos y formará en ella la fuente de los martirios y de los dolores y mi mismo Querer la constituirá reina de todos los martirios, dolores y penas. ¿Ves qué significa vivir en mi Querer? Sufrir no sólo un martirio sino todos los martirios; no sólo una pena y un dolor, sino todas las penas y todos los dolores. He aquí por qué la necesidad de que mi Voluntad le sea Vida, de otra manera ¿quién le daría la fuerza en tanto sufrir? Y si esto no fuera así ¿cómo se podría decir que el alma que vive en mi Querer es la fuerza de los mártires? Si no tuviera en ella la sustancia de esa pena ¿cómo podría ser fuerza de otros?, sería solamente un modo de decir, una cosa fantástica, pero no una realidad.
Veo que te asustas al oír esto. No, no temas; tantos martirios, dolores y penas serán correspondidos con innumerables alegrías, gozos y gracias, de los que también mi mismo Querer formará fuente inagotable. Es justo: si en el alma que vive en mi Querer formaré la fuente de los dolores para ayuda de toda la familia humana, es también justo que forme en ella la fuente de las alegrías, de los gozos y de las gracias, pero con esta diferencia: que la de los dolores tendrá un fin, porque las cosas de acá abajo, por cuanto grandes, están siempre delimitadas, en cambio la fuente de las alegrías, siendo éstas de allá arriba, son divinas, y por lo tanto, sin fin. Por eso, ánimo en hacer el camino de mi Voluntad".
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26 de agosto de 1922
Las verdades, como las flores, al ser tocadas expanden su perfume.
Estaba viendo de nuevo en mis escritos, según la obediencia, lo que debía señalar para hacerlo copiar, y pensaba para mí: "¿Para qué servirán tantos sacrificios? ¿Qué bien vendrá?", y mientras esto hacía y decía, el bendito Jesús me tomó la mano entre las suyas y estrechándola fuertemente me dijo:
"Hija mía, así como las flores al ser tocadas expanden con más intensidad sus perfumes, tanto que si no son tocadas parece que no contengan tanto perfume y el aire no queda embalsamado de ese olor, así mis verdades: por cuanto más se piensan, por cuanto más se leen, se escriben, se hablan, se difunden... tanto más perfume expanden, de tal modo que perfuman a todos y el perfume llega hasta el Cielo y Yo siento el perfume de mis verdades y me veo impulsado a manifestar otras verdades al ver que las verdades manifestadas expanden la luz y el perfume que contienen. En cambio si no son tocadas mis verdades, su perfume y su luz quedan como reprimidos y no se expanden y el bien y lo útil que contienen mis verdades queda si efecto y Yo me siento defraudado en la finalidad para la cual he manifestado mis verdades.
Así que si no fuera para otra cosa sino sólo para hacerme sentir el perfume de mis palabras para hacerme contento, deberías estar con esto feliz de hacer el sacrificio".
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29 de agosto de 1922
El alma en la Divina Voluntad recibe todos los bienes de todo lo que hizo Jesús.
Continuando mi habitual estado, estaba pensando en todo lo que mi dulce Jesús hizo y sufrió para salvar a las almas y Él al venir me dijo:
"Hija mía, todo lo que hizo mi Humanidad, oraciones, palabras, obras, pasos, penas... están en acto de darse al hombre, pero ¿quién lo toma? ¿Quién recibe el injerto de mi obrar? El que se acerca a Mí y uniéndose conmigo reza, recibe el injerto de mi oración y los bienes que ella contiene. El que habla, enseña, unido conmigo, recibe el injerto y los frutos de mis palabras, y así quien obra y quien sufre unido conmigo recibe el injerto y los bienes que hay en mis obras y en mis penas. Y si no se hace así, entonces todos los bienes que adquirí para la criatura quedan suspendidos, y no quedando ella injertada conmigo no goza de los bienes que mi Humanidad con tanto amor le quiere dar. Si no hay unión, los bienes de uno quedan como muertos para el otro.
Imagínate una rueda: el centro de la rueda es mi Humanidad, los rayos son todo lo que hice y sufrí, la circunferencia donde quedan fijados los rayos es toda la familia humana que gira en torno al centro; entonces, si esta circunferencia está girando y no se detiene para recibir los rayos fijamente, estos quedan suspendidos y no pueden comunicar los bienes que el centro de la rueda contiene... ¡Oh, cuánto sufro al ver todos mis bienes suspendidos y que la humana ingratitud no sólo no los recibe sino los desprecia y pisotea!
Por eso, con tanta ansia voy en busca de las almas que quieran vivir en mi Querer, para poder fijar en ellas los rayos de mi rueda. Mi Voluntad les dará la gracia de poder formar toda la circunferencia de la rueda para que reciban todos los bienes que las demás rechazan y desprecian".
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1 de septiembre de 1922
El amor rechazado se convierte en fuego de castigo.
Encontrándome según lo habitual, mi siempre amable Jesús se hizo ver todo afanado y oprimido, pero lo que más lo oprimía eran las llamas de su amor, que mientras brotaban de Él para salir y derramarse, quedaban obligadas por la ingratitud humana a replegarse de nuevo en Él. ¡Oh, cómo su Corazón Santísimo quedaba sofocado y ahogado por sus mismas llamas y pedía refrigerio! Entonces me dijo:
"Hija mía, dame alivio, porque no puedo más; mis mismas llamas me devoran; déjame ensanchar tu corazón para poder poner en él mi amor rechazado y el dolor de mi mismo amor. ¡Ah, las penas de mi amor superan a todas mis demás penas juntas!"
Y mientras esto decía, ponía su boca en el lugar de mi corazón y le daba fuertemente su aliento, de manera que me lo sentía inflar, después me lo tocaba con sus manos como si lo quisiera agrandar más y le volvía a dar su aliento... Yo sentía como si me quisiera reventar, pero Jesús, sin hacerme caso, volvía a soplar. Después de que lo hubo henchido bien, con sus manos lo cerró, como sellándolo, de manera que no había esperanza de que yo pudiera recibir alivio alguno, y me dijo:
"Hija de mi Corazón, he querido encerrar con mi sello mi amor y mi dolor que he puesto en ti, para hacerte sentir cuán terrible es la pena del amor contenido, del amor rechazado. Hija mía, paciencia, sufrirás mucho... es la pena más dura, pero es tu Jesús, tu Vida, quien quiere este alivio por parte tuya".
Sólo Jesús sabe lo que sentía y sufría, por eso creo que es mejor no ponerlo en el papel.
Entonces, habiendo pasado todo un día sintiéndome continuamente morir, en la noche, regresando mi dulce Jesús, quería volver a soplar más en la parte del corazón, y entonces yo le dije: "Jesús, ya no puedo más; no puedo contener lo que tengo y ¿quieres agregar más?"
Y Él, tomándome entre sus brazos para darme fuerza, me dijo: "Hija mía, ánimo, déjame hacer, es necesario, pues si no lo fuera no te daría tanta pena. Los males han llegado a tanto que existe toda la necesidad de que tú sufras a lo vivo mis penas como si de nuevo estuviera Yo viviente en la tierra. La tierra está por hacer salir llamas para castigar a las criaturas, y mi amor, que corre hacia ellas para cubrirlas de gracia, rechazado, se convierte en fuego para castigarlas, así que la humanidad se encuentra entre estos dos fuegos: fuego del Cielo y fuego de la tierra. Son tantos los males, que estos dos fuegos están a punto de unirse, y las penas que te hago sufrir corren en medio de estos dos fuegos y se interponen e impiden así que se unan, y si no hiciera esto, para la pobre humanidad todo habría ya terminado. Por eso, déjame hacer; Yo te daré la fuerza y estaré contigo".
Y mientras decía esto, continuaba soplándome, y yo, como si ya no pudiera más, le pedía que me tocara con sus manos para sostenerme y darme fuerza; entonces Jesús me tocó, sí, tomándome el corazón entre sus manos lo estrechó tan fuerte que sólo Él sabe lo que me hizo sentir... y no contento con esto, me apretó tan fuerte la garganta con sus manos, que me sentía despedazar los huesos y los nervios de la garganta y me sentía asfixiar. Luego de haberme dejado en esta posición por algún tiempo, todo ternura me dijo:
"Ánimo, en este estado se encuentra la presente generación... son tales y tantas las pasiones y de todas las clases que la dominan que las criaturas están ahogadas por sus mismas pasiones y por los vicios más bajos y horribles; la podredumbre, el fango es tanto que está por sumergirlas. He aquí por qué quise hacerte sufrir la pena de asfixiarte por la garganta: porque esta pena es la de los momentos extremos, y Yo, no pudiendo soportar más a la humanidad ahogada por sus mismos males, quise de ti esta reparación. Pero has de saber que esta pena la sufrí también Yo cuando me crucificaron, me estiraron tanto sobre la Cruz que sentí que se me despedazaban y retorcían todos los nervios, pero los de mi garganta tuvieron una pena y un estiramiento mayores, tanto que me sentí asfixiar: era el grito de toda la humanidad sumergida en las pasiones que estrechándome la garganta me ahogaba de penas. Fue tremenda y horrible esta pena mía al sentirme estirar los huesos y los músculos del cuello con tal fuerza que me los sentí destrozar, al igual que todos los nervios de la cabeza, de la boca y aun de los ojos..., fue tal y tanta la tensión que el más leve movimiento me hacía sentir penas mortales... ahora me quedaba inmóvil, ahora me contorsionaba tanto que me estremecía y de modo tan horrible en la cruz que los mismos enemigos quedaban aterrorizados...
Por eso te repito: ánimo; mi Voluntad te dará fuerza para todo".
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5 de septiembre de 1922
Dolores y penas de Jesús. Advertencias de castigos. Concentración en el alma del amor, de la luz y la belleza de la creación toda.
Mi siempre adorable Jesús continúa haciéndose ver con su Corazón traspasado y afligido a lo sumo. Parecía que todas las penas y las ofensas de las criaturas eran inflingidas en ese Corazón amoroso. Y era tanto el amor que transmutaba las mismas penas y ofensas en gracias y bendiciones para hacerlas llover sobre ellas. ¡Oh bondad de Jesús! Sólo Él puede ufanarse de amar en verdad y hasta lo increíble a las criaturas.
Entonces también las penas de cada una lo traspasaban, pero eran tantas las ofensas, que cambiaban en rayos a las mismas gracias que partían de ese Corazón Santísimo, por eso me dijo:
"Hija mía, qué insoportable se ha hecho el hombre. Mis gracias se las cambia en rayos y se incita a una revolución general, así que él mismo trama su destrucción. Ha llegado a tanto que merece que lo castigue."
Y mientras esto decía, me hizo ver desgracias por todas partes, ciudades derrumbadas y males de nuevo género.
Después volvió cansado pidiéndome ayuda en sus penas y soplándome de nuevo en la parte del corazón, me participaba, podría decir, las sombras de sus penas, pero a pesar de que eran sombras, si Él no hubiera estado junto a mí para ayudarme, yo no habría podido resistir. ¿Qué será de las penas de ese Corazón santísimo? Entonces, calmándose, me dijo:
"Hija primogénita de mi Voluntad, como mi Voluntad encierra todo, dándote por vida mi Querer quiero encerrar también todo en ti. Recuerda que meses atrás fijé en ti una rueda de sol y con una regla te medí toda, y otra rueda que bajó del Cielo, fijándose en ti, dejaba muchos hilos de luz fijados en la Santísima Trinidad, y dejaba todo abierto entre tú y Nosotros, por entonces te dejé sin darte explicación de mi obrar. Ahora, después de haber trabajado tanto en ti todo este tiempo transcurrido y debiendo cumplir mi trabajo, quiero darte explicación para que el sello de mi Querer y del tuyo formando uno solo dé cumplimiento a la misión a la cual te llamé.
Entonces, la ruedita de luz que primero fijé en ti era la creación toda, salida de la Divinidad toda amor, luz y belleza. La regla con la que te medí era para ver tus disposiciones y las que te faltaban para poder dártelas a fin de poder fijar bien esta rueda y ponerla al seguro. La segunda rueda era la Divinidad que descendiendo en ti establecía lo que había creado en el empíreo y lo fijaba en ti para ponerse en las justas relaciones que la creación le debía. Ahora debes saber que la creación la encerré y la fijé en ti. Lo que fue hecho en el Cielo quiero que tenga vida en la tierra, pero en nuestra misma Voluntad, para que subiendo a Nosotros nos la traigas toda amor, llena de luz y bella como la hicimos salir. He aquí por qué marqué en ti todas las muertes y las penas de cada criatura y de todas ellas juntas, para poder encontrar en ti toda la creación y quedando el Cielo abierto entre tú y Nosotros, nos la conduzcas a nuestro regazo como parto tuyo, es decir, como parto que nuestra Voluntad hizo en ti y tú nos la conduzcas a nuestros pies, pariéndola en nuestro regazo. Son nuestros derechos que exigimos, no queremos sino que entre en Nosotros lo que de Nosotros salió. Es verdad que sólo nuestra Voluntad obrante con su potencia en un alma, como obró en el vacío cuando hicimos salir la creación, nos podrá dar de nuevo nuestros derechos y hacer sonreir a nuestros pies como en triunfo toda la creación, pero queremos usar esta potencia para que no quedemos defraudados en la obra de la creación y nuestro amor triunfe mayormente tomándonos de una lo que todos nos deberían dar.
Por ahora fijamos todo en ti, luego saldrán los otros pequeños partos que queriendo vivir de este modo, en nuestro Querer, nos traerán a nuestro regazo unos, diez; otros, veinte; otros, cien de la creación.
De ti será como un árbol que habiendo formado profundas raíces en nuestra Voluntad, estas raíces harán germinar otros arbolitos que formando corona a ese árbol, producirán sus frutos. El verdadero bien no queda jamás aislado, y siendo mi Voluntad el bien más grande, su fecundidad será inmensa.
Por eso, ánimo, sé atenta en todo; es cierto que nuestro Querer hará todo, pero el hilo del tuyo debe correr junto y extenderse en el cielo, en la tierra y en todo para hacernos cumplir lo que queremos obrar en ti."
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