6 de abril de 1922

Efectos de los actos hechos en el Divino Querer. Correspondencia completa a Dios.

Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús me transportó fuera de mí misma y me hizo ver muchedumbres de pueblos que lloraban, sin techo, en presa de la más gran desolación; ciudades y poblaciones derrumbadas, inhabitables y con sus calles desiertas; no se veía otra cosa que montones de piedras y escombros; sólo un punto quedaba sin ser tocado por los flagelos, ¡Dios mío, qué pena ver estas cosas y vivir! Yo miraba a mi dulce Jesús, pero Él no quería verme, sino que lloraba amargamente y con voz entrecortada por el llanto me dijo:

"Hija mía, el hombre, por la tierra ha olvidado el Cielo, es justo que le venga quitado lo que es tierra y vaya errante, sin poder encontrar dónde refugiarse, a fin de que se recuerde que existe el Cielo. El hombre por el cuerpo ha olvidado el alma, así que todo al cuerpo: los placeres, las comodidades, las suntuosidades, el lujo y demás, y el alma en ayunas, privada de todo, y en muchos muerta, como si no la tuvieran; entonces, es justo que venga privado el cuerpo, para que recuerden que tienen un alma. Pero ¡oh, cuán duro es el hombre! Su dureza me obliga a castigarlo más, tal vez bajo los castigos pueda ablandarse".

Yo me sentía desgarrar el corazón y Él continuó:

"Sufres mucho al ver que el mundo quisiera estremecerse y el agua y el fuego salir de sus confines y lanzarse contra el hombre; por eso, volvamos juntos a tu cama y recemos juntos por la suerte del hombre. En mi Querer sentiré tu corazón palpitante sobre toda la faz de la tierra, que me dará un latido por todos y me dirá: ‘Amor’, y mientras los castigos tocarán a las criaturas, tu latido se interpondrá para hacer que los castigos sean menos duros y lleven, al tocarlos, el bálsamo del amor mío y tuyo".

Entonces yo quedé afligidísima, y mucho más porque al retirarse mi dulce Jesús se ocultaba tanto en mi interior que casi no se hacía sentir. ¡Qué pena! ¡Qué dolor! El pensamiento de los flagelos me aterrorizaba y su privación me daba penas mortales. En este estado trataba de fundirme en el Santo Querer de Dios y decía: "Amor mío, en tu Querer lo que es tuyo es mío, todas las cosas creadas son mías, el Sol es mío y yo te lo doy en reciprocidad para que toda la luz y el calor del Sol, en cada gota de luz y de calor te diga que yo te amo, te adoro, te bendigo y te pido por todos. Las estrellas son mías, y en cada centellar de estrella sello mi te amo inmenso e infinito por todos. Las plantas, las flores, el agua, el fuego, el aire... son míos, y yo te los doy en reciprocidad para que todos ellos te digan y a nombre de todos: ‘te amo con aquel amor eterno con el que nos creaste’...", y si quisiera decirlo todo, sería demasiado largo.

Entonces Jesús moviéndose en mi interior me dijo:

"Hija mía, ¡cuán bellas son las oraciones y los actos hechos en mi Querer! ¡Cómo la criatura se transforma en el mismo Dios Creador, y le da la reciprocidad y la correspondencia de lo que Él le ha dado! Todo lo creé para el hombre y todo a él lo di. En mi Voluntad la criatura se eleva a su Creador y lo encuentra en el acto en el que creó todas las cosas para dárselas en don, y ella, estremeciéndose ante la multiplicidad de tantos dones y no teniendo en ella la fuerza creadora para poder crear tantas cosas por cuantas ha recibido, le ofrece sus mismas cosas para corresponderlo en amor.

Sol, estrellas, flores, agua, fuego, aire... te he dado para darte amor, y tú, reconociente, los has aceptado y poniendo en tráfico mi Amor, me has dado la reciprocidad y la correspondencia; así que: sol te di, sol me has dado; estrellas, flores, agua... te di, y tú me los has dado a Mí. Las notas de mi Amor han resonado de nuevo en todas las cosas creadas, y con voz unánime me han dado el amor que hice correr en toda la creación. En mi Voluntad el alma se pone al nivel de su Creador y en su mismo Querer recibe y da. ¡Oh, qué competencia entre criatura y Creador! Si todos pudieran ver, quedarían estupefactos al ver que en mi Voluntad el alma se hace un pequeño Dios, pero todo en virtud de la potencia de mi Voluntad".

* * *

8 de abril de 1922

Cómo la Santísima Trinidad concurrió en la creación del hombre. El dolor de Jesús al ver deformadas la voluntad, la inteligencia y la memoria del hombre.

Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en el dolor que sufrió mi dulce Jesús en el Huerto de Getsemaní cuando se presentaron ante su Santidad todas nuestras culpas, y Jesús todo afligido, en mi interior me dijo:

"Hija mía, mi dolor fue inmenso e incomprensible a la mente creada, especialmente cuando vi la inteligencia humana deformada; mi bella imagen que hice reproducir en ella, ya no bella, sino fea, horrible.

Yo doté al hombre de voluntad, inteligencia y memoria. En la primera refulgía mi Padre Celestial, quien como acto primero comunicaba su potencia, su santidad, su altura, por lo cual elevaba a la voluntad humana, revistiéndola de su misma santidad, potencia y nobleza y dejaba todas las corrientes abiertas entre Él y la voluntad humana para que ésta se enriqueciera cada vez más con los tesoros de mi Divinidad. Entre la voluntad humana y la Divina no había tuyo ni mío sino todo en común y con acuerdo recíproco. Era imagen nuestra, cosa nuestra, así que ella nos reflejaba y por lo tanto nuestra Vida debía ser la suya; por eso constituía como acto primero su voluntad libre e independiente, así como es como acto primero la Voluntad de mi Padre Celestial. Pero esta voluntad... ¡cuánto se desfiguró! De libre como era, se hizo esclava de vilísimas pasiones. Ah, es ella el principio de todos los males del hombre. No se reconoce más. ¡Cómo ha descendido de su nobleza... da asco mirarla!

Luego, como acto segundo concurrí Yo, Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia, comunicándole mi Sabiduría y la ciencia de todas las cosas, para que, conociéndolas, pudiera gustarlas y hacerse feliz en el bien. Pero ¡ay de Mí, qué lugar tan inmundo de vicios es la inteligencia de la criatura! ¡Y de la ciencia se ha servido para desconocer a su Creador!

Y después, como acto tercero concurrió el Espíritu Santo dotándola de memoria, para que recordándose de tantos beneficios, pudiera estar en continuas corrientes de amor, en continuas relaciones; el Amor debía coronarla, abrazarla e informar toda su vida; pero cuán contristado queda el Amor Eterno, porque esta memoria se recuerda de los placeres, de las riquezas y hasta de pecar.

¡Y la Trinidad Sacrosanta es echada fuera de los mismos dones dados a su criatura!

Mi dolor fue indescriptible al ver la deformidad de las tres potencias del hombre; habíamos formado nuestro trono en él... y él nos había echado fuera".

* * *

12 de abril de 1922

El pecado rompe la corriente del amor y abre la corriente de la Justicia.

Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hizo ver todo afligido, casi en acto de dar curso a la Justicia, pero como forzado por las mismas criaturas. Yo le pedí que disminuyera los castigos y Él me dijo:

"Hija mía, entre Creador y criatura no hay otra cosa que corrientes de amor. El pecado rompe estas corrientes y abre las corrientes de la Justicia. Mi Justicia defiende los derechos de mi amor ultrajado, de mi amor despedazado entre Creador y criatura, y haciéndose camino en medio de ellas quisiera volver a reunir este amor despedazado. ¡Ah, si el hombre no pecara, mi Justicia no tendría nada qué hacer con él! Pero en cuanto empieza la culpa, la Justicia se pone en camino. ¿Crees tú que Yo quisiera castigar al hombre? No, no, al contrario, me duele, me es muy duro el tocarlo; pero es él mismo quien me forza y me obliga a castigarlo. Pide que el hombre se arrepienta y cambie, para que así la Justicia reuniendo rápidamente la corriente del amor, pueda retirarse".

* * *

13 de abril de 1922

El alma que vive en el Divino Querer, vive en el seno de la Santísima Trinidad.

Estaba rezando mis habituales oraciones y mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome por detrás de las espaldas, me llamó por mi nombre diciéndome:

"Luisa, Hija de mi Querer, ¿quieres tú vivir siempre en mi Querer?"

Y yo: "Sí, oh Jesús".

Y Él: "¿Pero es en verdad que quieres vivir en mi Voluntad?"

Y yo: "Es en verdad, amor mío; además, no sabría ni me adaptaría a vivir de otra voluntad".

Y de nuevo Jesús: "Pero ¿lo dices firmemente?"

Entonces, sintiéndome confundida y casi temiendo agregué: "Vida mía, Jesús, Tú me haces temer con estas preguntas, explícate mejor, firmemente te lo digo, pero siempre ayudada por ti y en la fuerza de tu Voluntad, que envolviéndome toda, yo no podría hacer menos que vivir en tu Querer".

Y Él, dando un suspiro de alivio, continuó:

"¡Cómo estoy contento de tu triple afirmación! No temas, no son otra cosa que aseguraciones, reafirmaciones y confirmaciones para sellar en ti el triple sello del Querer de las Tres Divinas Personas. Has de saber que quien vive en mi Voluntad debe elevarse en alto, pero tan alto que viva en el seno de la Trinidad Sacrosanta; tu vida y la nuestra debe ser una sola; por lo tanto es necesario y decoroso que sepas donde estás, con quién estás, y te uniformes con todo lo que hacemos Nosotros, y que, no forzada, sino libremente, con amor y con pleno conocimiento vivas en nuestro seno.

Ahora bien, ¿sabes tú cuál es nuestra Vida Divina? Nosotros nos divertimos mucho en hacer salir de Nosotros nuevas imágenes de Nosotros mismos; estamos en acto continuo de formar imágenes nuestras, tanto que Cielo y tierra están llenos de nuestras imágenes, las sombras de éstas corren por todos lados. Imagen nuestra es el Sol, y su luz es el símbolo de la nuestra, que ilumina toda la tierra; imagen nuestra es el cielo que se extiende por todas partes y lleva la sombra de nuestra Inmensidad; imagen nuestra es el hombre que lleva en sí nuestra Potencia, Sabiduría y Amor. Así que Nosotros no hacemos otra cosa que producir continuas imágenes que nos asemejan.

Ahora, quien debe vivir en nuestro Querer, viviendo en nuestro seno, debe, junto con Nosotros, formar tantas otras copias de Nosotros mismos, debe estar junto con Nosotros en nuestro trabajo, debe hacer salir de sí copias nuestras, llenando toda la tierra y el Cielo. Al crear el primer hombre lo formamos con nuestras manos y soplándole le dimos la vida, y habiendo hecho al primer hombre, todos los demás tienen origen y son copias de aquel primero; nuestra Potencia, corriendo en todas las generaciones repite las copias.

Ahora, constituyéndote a ti Hija Primogénita de nuestro Querer, es necesario que vivas con Nosotros para formar la primera copia del alma que vive en nuestro Querer, de modo que al ir viviendo en Nosotros, vayas así recibiendo nuestra actitud y vayas aprendiendo con nuestra potencia a obrar a nuestro modo, y cuando habremos hecho de ti la primera copia del alma que vive en nuestro Querer, vendrán de ti las demás copias.

El camino de nuestro Querer es larguísimo, abarca la Eternidad, y mientras parece que has recorrido el camino, te queda mucho por hacer y recibir de Nosotros para aprender nuestros modos y formar la primera copia del alma que vive en nuestro Querer. Es la obra más grande que debemos hacer, por eso mucho debemos darte y mucho conviene disponerte para hacerte recibir. He aquí las razones de mis repetidas preguntas: es para disponerte, ensancharte y elevarte para cumplir mis designios. Es tanto mi deseo que dejaría todo a un lado con tal de lograr mi finalidad. Por eso séme atenta y fiel".

* * *

17 de abril de 1922

El Querer Divino se hace actor y constituye al alma reina de todo.

Continuando mi habitual estado, me encontré fuera de mí misma y vi a mi amable Jesús, mi vida y mi todo. De Él salían innumerables soles de luz que lo circundaban; yo volé en medio de aquella luz y arrojándome en sus brazos lo estreché fuerte, fuerte, diciéndole: "Finalmente te encontré; ahora no te dejo más. Me haces esperar mucho y yo sin ti quedo sin vida, y sin vida no puedo estar, por eso ahora ya no te dejo más". Y lo estrechaba más fuerte, por temor de que huyera, y Jesús, como si gozara de mis abrazos, me dijo:

"Hija mía, no temas, no te dejo más. Si tú no sabes estar sin Mí, Yo tampoco sé estar sin ti y para que estés segura de que no te dejo, quiero encadenarte y atarte con mi misma luz".

Yo quedé tan sumergida y entrelazada en la luz de Jesús que me pareció que no podía encontrar algún camino para salir. ¡Cómo me sentía feliz y cuántas cosas comprendía en aquella luz! Me faltan las palabras para expresarme, sólo recuerdo que me dijo:

"Hija de mi Querer, esta luz que tú ves no es otra cosa que mi Voluntad, que quiere consumar tu voluntad para darte la forma de nuestra imagen, esto es, de las tres Divinas Personas, de modo que transformándote toda en Nosotros, dejaremos en ti nuestro Querer como actor divino que nos haga la pareja de lo que hacemos Nosotros, así que saldrán de Nosotros nuestras imágenes y nuestro Querer obrante en ti producirá otras tantas. ¡Oh, cómo la finalidad de la creación sará completada! El eco de nuestro Querer será el eco de nuestro mismo Querer poseído por ti; la correspondencia será recíproca, el amor será mutuo; estaremos en plena armonía, la criatura se fundirá a su Creador y entonces nada faltará ya a nuestro gozo y a nuestra felicidad para la que hicimos salir fuera a la creación, el ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’ tendrá su efecto, y sólo nuestro Querer como actor en la criatura dará cumplimiento a todo y la creación nos traerá la finalidad divina y la recibiremos en nuestro seno como obra nuestra, como la hicimos salir.

Además, si no puedes estar sin Mí, es el eco de mi amor que resuena en tu corazón, que no sabiendo estar sin ti, resuena en ti; y tú, estremecida, buscas a Aquel que tanto te ama; y Yo al verme buscado, siento el eco de tu amor en el mío y me siento atraído a enviarte nueva corriente de amor para hacer que más me busques".

Y yo: "Ay amor mío, a veces, por cuanto te busco, Tú no vienes, por eso ahora que te he encontrado no te dejo más, no volveré a mi cama, no lo puedo, demasiado me has hecho esperar y temo que yéndome, Tú repetirás tus privaciones." Y me lo estrechaba más fuerte repitiendo: "No te dejo más, no te dejo más". Y Jesús, si bien gozaba de mi actitud, me dijo:

"Hija querida mía, tienes razón en no poder estar sin Mí, sin tu Vida, pero... y de mi Voluntad ¿qué haremos? Pues es mi Voluntad la que quiere que tú vuelvas a tu cama, no temas, no te dejaré; dejaré entre tú y Yo la corriente de la luz de mi Voluntad, y tú, cuando me quieras, tocarás la corriente de esa luz de mi Querer y Yo, de inmediato, en alas de Él vendré a ti; por eso, vuelve, pero no para otra cosa sino sólo para que mi Querer cumpla sus designios y haga el camino que quiere hacer en ti; te acompañaré Yo mismo para darte la fuerza de volver".

Pero ¡oh bondad de Jesús! Parecía que si no tenía mi consentimiento, Él no intentaba hacerme volver y en cuanto le dije: "Jesús, haz lo que quieras", me encontré de nuevo en mí misma.

Entonces, todo el día me sentí circundada de luz y cuando yo lo quería, tocaba la luz y Él venía.

El día siguiente me transportó fuera de mí misma y me hizo ver todas las cosas creadas, de las cuales Jesús era no sólo el Creador y dominador, sino que de Él salía la vida y la conservación de todas las cosas; la corriente de la Potencia Creadora estaba en continua relación con ellas, y si ésta por un momento faltara, todas las cosas se resolverían en la nada. Entonces mi dulce Jesús me dijo:

"A la hija de mi Querer quiero darle la supremacía sobre todo; mi dominio y el suyo deben ser uno sólo; si Yo soy Rey, ella debe ser Reina. Y si de todo te he dado conocimiento es porque quiero que no sólo conozcas mis dominios sino que junto conmigo domines y concurras a la conservación de todas las cosas creadas; mi Querer, como se extiende desde Mí sobre todos, quiero que se extienda desde ti".

Luego me hizo notar un lugar en el mundo del que salía humo negro y me dijo:

"Mira, ahí hay hombres de estado que quieren decidir la suerte de los reinos, pero hacen sin Mí y donde Yo no estoy no puede haber luz, por eso no tienen otra cosa que el humo de sus pasiones que los ciega mayormente, por eso nada de bueno concluirán, sino que todo servirá para exasperarse recíprocamente y suscitar así más graves consecuencias. ¡Pobres pueblos, dirigidos por hombres ciegos y llenos de intereses! Esos hombres serán señalados como la vergüenza de la historia, buenos sólo para causar ruina y desorden, pero retirémonos, dejémoslos a expensas de ellos mismos, para que puedan conocer qué significa hacer sin Mí".

Entonces Jesús desapareció y yo volví en mí misma.

* * *

21 de abril de 1922

Efectos de la oración hecha en la Santísima Voluntad de Dios.

Todo lo que he escrito y escribo es sólo para obedecer, pero mucho más por temor de que mi Jesús, disgustándose, pudiera encontrar pretexto para privarme de Él. ¡Él sabe cuánto me cuesta!

Entonces, he pasado un día sin Jesús. ¡O Dios, qué pena! Y decía entre mí: "¡Cómo tan pronto ha faltado a su palabra de no dejarme! ¡Oh Santa Voluntad Eterna, tráeme a mi Sumo Bien, a mi Todo!" Y era tanta la pena que sentía que estaba molesta y encaprichada; pero en este estado trataba de fundirme en su Santo Querer. Entonces Jesús vino haciéndose ver que lloraba amargamente y con el Corazón roto en muchos pedazos. Yo al verlo llorar hice a un lado mi enojo y abrazándolo y secándole las lágrimas le dije: "¿Qué tienes Jesús que lloras? Dime ¿qué te han hecho?"

Y Él: "Ah hija mía, quieren desafiarme; es un horrible desafío el que me están preparando y esto por los jefes. Es tanto mi dolor que me siento romper en pedazos mi Corazón. ¡Ah, cómo es justo que mi Justicia se desahogue contra las criaturas! Por eso, ven junto conmigo en mi Querer, elevémonos entre el Cielo y la tierra y adoremos juntos la Majestad Suprema, bendigámosla y démosle homenajes por todos, para que Cielo y tierra puedan llenarse de adoraciones, de homenajes y de bendiciones y todos puedan recibir los efectos".

Entonces pasé la mañana entera rezando junto con Jesús en su Querer; pero ¡oh sorpresa!, mientras rezábamos, la palabra era una, pero el Querer Divino la difundía sobre todas las cosas creadas y en todas quedaba su marca; la llevaba al empíreo y todos los bienaventurados no sólo recibían la marca, sino les era causa de nueva beatitud; descendía abajo, a la tierra y hasta al purgatorio, y todos recibían los efectos. Pero ¿quién puede decir cómo se reza con Jesús y todos los efectos que esa oración produce?

Entonces, después de haber rezado juntos me dijo:

"Hija mía, ¿has visto lo que significa rezar en mi Querer? Como no hay punto en el que mi Querer no exista, Él circula en todo y en todos, es vida, es actor y espectador de todo, así también los actos hechos en mi Querer se hacen vida, actores y espectadores de todo, aun del mismo gozo, beatitud y felicidad de los bienaventurados; llevan la luz por todas partes y el aire balsámico y celestial de los que brotan gozos y felicidad. Por eso no te separes nunca de mi Querer, Cielo y tierra te esperan para recibir nuevos gozos y nuevo esplendor".

* * *

25 de abril de 1922

Millones de ángeles están en guardia y custodia de los actos hechos en el Divino Querer.

Continuando mi habitual estado me sentía toda sumergida en el Divino Querer y mi dulce Jesús me dijo:

"Hija mía, así como el Sol no deja la planta, la acaricia con su luz, la fecunda con su calor hasta que produce flores y frutos y, celoso, los hace madurar, los custodia con su luz y sólo deja al fruto cuando el agricultor lo toma para hacerlo su alimento, así de los actos hechos en mi Querer: es tanto mi amor y mi celo por ellos que la gracia los acaricia, mi amor los concibe, los fecunda y los madura y pongo millones de ángeles para custodiar un solo acto hecho en mi Querer, porque siendo estos actos hechos en mi Querer semillas para que mi Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo, todos están celosos de estos actos. Su rocío es mi aliento, su luz es mi luz, los ángeles quedan arrobados y, reverentes, los adoran, porque ven en estos actos a la Voluntad Eterna que merece toda su adoración. Y estos actos son dejados sólo cuando encuentro otras almas que tomándolos como frutos divinos, los hacen alimento para sus almas. ¡Oh, la fecundidad y multiplicidad de estos actos; la criatura misma que los hace no los puede numerar!"

Después, estaba pensando para mí: "¿Es posible que estos actos sean tan grandes? ¿Y por qué los mismos ángeles quedan raptados por ellos?"

Y Jesús, estrechándome más fuerte entre sus brazos, agregó:

"Hija mía, son tan grandes estos actos que conforme el alma los va cumpliendo no hay cosa ni en el Cielo ni en la tierra que no tome parte y ella queda en comunicación con todas las cosas creadas. Todo el bien, los efectos, el valor del cielo, del Sol, de las estrellas, del agua, del fuego y demás, están no sólo en continuas relaciones con ella sino que son cosas suyas; ella armoniza con toda la creación y toda la creación armoniza en ella.

¿Y por qué? Porque las almas que viven en mi Querer son las depositarias, las conservadoras, las sostenedoras y las defensoras de mi Voluntad. Ellas prevén lo que quiero y sin que Yo lo ordene ejecutan lo que quiero y comprendiendo la grandeza y la Santidad de mi Querer celosamente lo custodian y lo defienden. ¿Cómo entonces no deberían quedar raptados todos al ver a estas almas que forman el sostén de su Dios en virtud del prodigio de mi Voluntad? ¿Quién puede defender mis derechos si no quien vive en mi Querer? ¿Quién puede amarme de verdad, con amor desinteresado, semejante a mi Amor, si no quien vive en mi Voluntad? Yo me siento más fuerte en estas almas, pero fuerte de mi misma fortaleza. Soy como un rey rodeado de ministros fieles, que se siente más fuerte, más glorioso, más sostenido en medio de éstos sus ministros fieles, que solo; y si queda solo, llora a sus ministros, porque no tiene con quien desahogarse y a quien confiar la suerte del Reino. Así soy Yo. ¿Y quién puede serme más fiel que quien vive en mi Voluntad? Siento mi Voluntad duplicada y por lo tanto me siento más glorioso, me desahogo con ellas y de ellas me fío".

* * *

29 de abril de 1922

Quien vive en el Querer Divino vive de un latido eterno.

Encontrándome en mi habitual estado, veía mi alma y todo mi interior: pensamientos, afectos, latidos, tendencias, etc., cambiados en tantos hilos de luz, y estos se alargaban y agrandaban tanto que saliendo de mi interior armonizaban con el Sol, subían más alto y tocaban el cielo y se difundían sobre toda la tierra. Y mientras miraba esto, vi que mi dulce Jesús tenía en su mano todos esos hilos de luz y con una maestría encantadora los dirigía, los alargaba, los multiplicaba y agrandaba cuanto quería. Al ser tocadas por la luz, todas las cosas creadas hacían armonía juntas y hacían fiesta.

Luego mi Jesús me dijo:

"Hija mía, ¿has visto con qué amor me entretengo con los actos hechos en mi Querer y los dirijo? Es tal mi celo que no los confío a nadie, ni siquiera a la propia alma. Yo no dejo que ni un solo pensamiento, ni una sola fibra dejen de encerrar toda la Potencia de mi Voluntad.

Cada acto de estos contiene una Vida Divina, por eso al toque de estos actos, todas las cosas creadas sienten la Vida de su Creador, sienten de nuevo la fuerza de aquel Fiat Omnipotente del que tuvieron la existencia y hacen fiesta; así que estos actos son para ellas nueva gloria y nueva fiesta. Ahora bien, esta bella armonía, estos hilos de luz que salen de tu interior, si tu corazón no corriera en mi Querer, sino en la tuya o en otra voluntad, en tu corazón faltarían tantos latidos de Vida Divina, quedando tantos latidos humanos por cuantos faltan a la Vida Divina, así también de las fibras, de los afectos, etc., y como lo humano no es capaz de formar luz, sino tinieblas, entonces se formarían tantos hilos de tinieblas y mi Querer quedaría entristecido por no poder desarrollar en ti toda la potencia de mi Voluntad".

Mientras Jesús me decía esto, yo quería ver si en mi alma había estos latidos humanos que interrumpieran la vida del latido Divino, y por cuanto miraba no encontraba nada. Entonces Jesús agregó:

"Por ahora no hay ninguno, y te lo digo para hacerte estar atenta y hacerte conocer qué significa vivir en mi Querer: vivir de un latido eterno y divino, vivir con mi aliento omnipotente".

* * *

8 de mayo de 1922

Las penas de quien ama a Jesús están en corriente con Él.

Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús apenas se hacía ver como relámpago que huye; ahora hacía ver el reflejo de su luz, ahora su mano, etc.; yo sentía una pena indescriptible, entonces Él, acariciándome la cara con su mano, me dijo:

"¡Pobre hija mía, cuánto sufres!"

Y rápidamente se retiró.

Entonces yo pensé entre mí: "Jesús tantas veces me ha dicho que me quiere mucho y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de su privación, ¿quién sabe cuánto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de su privación? Entonces, para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo y actitud en su Voluntad, para que así le lleve mi beso, no afligido sino pacífico y alegre, que no lo entristezca sino lo consuele".

Y mientras pensaba esto, Él salió de mi interior, todo doliente y con su Corazón todo herido, en su centro se veía una herida de la que salía una llamita y me dijo:

"Hija mía, es cierto que por cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena por causa de mi privación, no es otra cosa que efecto del amor que tienes por Mí; por lo tanto, si tú estás afligida y oprimida, tu latido hace eco en mi Corazón y siento tu aflicción y tu opresión. Oh, si supieras cuanto sufro cuando te veo sufrir por causa mía usarías siempre esta cautela, tendrías esta atención para no afligirme más, pues las penas de quien más me ama son las que están en continuas corrientes con mi Corazón. Mira, la herida que ves en el centro de mi Corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate porque si me da sumo dolor, me da sumo amor. Tú quédate tranquila, Yo iré adelante en cumplir mi justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, pero no dejaré de hacerte mis pequeñas visitas".

* * *

12 de mayo de 1922

Quien vive en el Querer Divino concurre en todo lo que hace Dios.

Estaba pensando para mí: "Quién sabe en qué cosa lo ofendí que mi dulce Jesús no viene según su costumbre, pues ¿cómo puede ser posible que sin motivo alguno la bondad de su Corazón Santísimo, que fácilmente cede ante quien lo ama, debe resistir a tantas llamadas mías?"

Entonces, mientras éstas y otras cosas más pensaba, Él salió de mi interior y cubriéndome toda bajo un manto de resplandeciente luz, pero tan resplandeciente que yo no veía más que luz, me dijo:

"Hija mía, ¿de qué temes? Mira, para hacerte estar segura y bien defendida te he circundado bajo este manto de luz para que ninguna criatura ni ninguna cosa pueda hacerte daño. Y además ¿por qué quieres perder el tiempo con pensar en qué me has hecho? Para quien vive en mi Querer, el veneno de la culpa no entra. Además, tu Jesús te fulminaría si te viera aun con pequeñas manchas de pecados y te sacaría del círculo de mi Voluntad y tú perderías de inmediato la actitud de obrar en mi Querer.

Ah hija mía, la santidad en mi Querer no es aún conocida. Cada especie de santidad tiene su distintivo especial; muchos, al oír que vengo tan frecuentemente contigo se asombran, pues no ha sido mi costumbre hacerlo así con otras almas. La santidad en mi Querer es inseparable de Mí, y para elevar al alma al nivel divino me es necesario tenerla o abismada en mi Humanidad o en la luz de mi Divinidad; de otra manera ¿cómo podría tener el alma la actitud de su obrar en mi Querer, si mi obrar y el suyo no fuera uno solo? Ahora bien, el alma que vive en mi Querer toma parte en todos mis atributos y junto conmigo corre en cada acto mío y por lo tanto debe correr conmigo también en los actos de Justicia. He aquí por qué cuando quiero castigar te oculto mi Humanidad, la cual es más accesible a la naturaleza humana, y tú a los reflejos de mi Humanidad sientes el amor y la compasión que tengo hacia las almas y me desarmas de los flagelos con los que las quiero castigar, pero cuando ellas hacen tanto mal que me obligan a castigarlas, ocultándote mi Humanidad te elevo en la luz de mi Divinidad, la cual, absorbiéndote y haciéndote feliz, hace que en Ella tú no sientas los reflejos de mi Humanidad, y Yo, quedando libre castigo a las criaturas. Así que o te manifiesto mi Humanidad, haciéndote concurrir junto conmigo a los actos de misericordia hacia las criaturas o te absorbo en la luz de mi Divinidad, haciéndote concurrir a los actos de justicia. Siempre conmigo estás, es más, cuando te absorbo en la luz de mi Divinidad es más grande la gracia que te hago, y tú, porque no ves mi Humanidad te lamentas de que te privo de Mí y no aprecias la gran gracia que recibes."

Yo, al oír que concurría a los actos de justicia, espantada le dije: "Así que, amor mío, ahora que estás castigando a las criaturas haciendo caer las casas, ¿estoy junto contigo al hacer eso? ¡No, no, el Cielo me guarde de tocar a mis hermanos! Cuando Tú quieras castigarlos, yo me haré pequeña en tu Querer y no me difundiré en Él para que no tome parte en lo que haces Tú; en todo quiero hacer lo que Tú haces, pero en esto de castigar a las criaturas, no, jamás".

Y Jesús: "¿Por qué te asustas? En mi Querer no puedes eximirte de hacer lo que hago Yo; la cosa es connatural y es precisamente ésta la Santidad en mi Querer: no hacer nada propio, sino hacer lo que hace Dios. Además, mi justicia es santidad y amor, es equilibrar los derechos divinos; si no tuviera justicia, le faltaría toda la plenitud de la perfección a mi Divinidad. Igual, si tú quieres vivir en mi Querer y no quieres tomar parte en los actos de la justicia, la santidad hecha en mi Querer no tendría su pleno cumplimiento. Son dos aguas fundidas juntas, en que una está obligada a hacer lo que hace la otra, en cambio si están separadas, cada una hace su camino; así, mi Voluntad y la tuya son las dos aguas fundidas juntas y lo que hace una debe hacerlo la otra. Por eso te quiero siempre en mi Voluntad".

Entonces me abandoné toda en su Voluntad, pero sentía gran rechazo por la justicia, y mi dulce Jesús, volviendo, continuó:

"Si tú supieras lo que me pesa usar la justicia y cuánto amo a la criatura. Toda la creación es para Mí como el cuerpo al alma, como la cáscara al fruto. Yo estoy en continuo acto inmediato con el hombre, pero las cosas creadas me ocultan, así como el cuerpo oculta al alma, pero si no fuera por el alma, el cuerpo no tendría vida; así Yo, si me retirara de las cosas creadas, todas quedarían sin vida. Así que, en todas las cosas creadas Yo visito al hombre, lo toco y le doy la vida. Estoy oculto en el fuego y lo visito con el calor, si Yo no estuviera, el fuego no tendría calor, sería un fuego dibujado y sin vida, y mientras Yo visito al hombre en el fuego, el hombre no me reconoce ni me da un saludo; estoy en el agua y lo visito con quitarle la sed, si Yo no estuviera en el agua, ella no le quitaría la sed, sería agua muerta, y mientas Yo lo visito, él me pasa por delante sin hacerme ni una inclinación; estoy escondido en el alimento y visito al hombre con darle la sustancia, la fuerza, el gusto, si Yo no estuviera, el hombre tomando el alimento quedaría en ayunas y con todo, ingrato, mientras se alimenta de Mí, me vuelve la espalda; estoy escondido en el Sol y lo visito con mi luz casi a cada instante, pero, ingrato, me responde con continuas ofensas. En todas las cosas lo visito, en el aire que respira, en la flor que perfuma, en el vientecillo que refresca, en el trueno que cae, en todo, mis visitas son innumerables... ¿ves cuánto lo amo? Y tú, estando en mi Voluntad, estás junto conmigo en visitar al hombre y en darle la vida, por eso, no te asustes si algunas veces concurres en la justicia".

* * *

15 de mayo de 1922

Lamentos y temores de Luisa, Jesús se ofende y la tranquiliza.

Continuando mi habitual estado, me sentía toda oprimida por la privación de mi dulce Jesús. Y mientras yo rezaba sentí a una persona detrás de mí y sin saber que era Jesús sentí un escalofrío de temor, entonces Él extendió un brazo y tomando mi mano en la suya me dijo:

"Luisa, no temas, soy Yo".

Yo, oprimida como estaba y cansada por esperarlo le dije: "Se ve, oh Jesús, que ya no me quieres como antes, pues me has quitado todo, hasta el sufrir; me habías quedado Tú solo, pero muy frecuentemente te desapareces y yo no sé qué hacer ni dónde encontrarte. Ah, es verdad que ya no me quieres".

Y Jesús tomando aspecto serio y tan lleno de dignidad que hacía temer, agregó:

"Tú me ofendes al decirme que ya no te quiero como antes. Ten cuidado, pues la sola sospecha de que no te amo es para Mí la más grande ofensa. ¿Cómo, no te amo? ¿Cómo..., no te amo? ¿Así que tienes por nada todas las gracias que te estoy haciendo?"

Yo quedé confundida y temí en verdad al ver el aspecto severo de Jesús y en el fondo de mi corazón imploré perdón y piedad.

Y Él, tomando aspecto más suave:

"Prométeme que no me lo dirás más, y para hacerte ver que te amo, quiero hacerte sufrir, haciendo que tomes parte en mis penas".

Y después de haberme hecho sufrir un poco, continuó: "Ahora quiero hacerte ver cómo te amo".

Entonces me hizo ver su Corazón abierto, desde dentro del cual salían mares inmensos de Potencia, de Sabiduría, de Bondad, de Amor, de Belleza, de Santidad, etc., y en el centro de cada uno de esos mares estaba escrito: "Luisa, hija de mi Inmensidad; Luisa, hija de mi Potencia; Luisa, hija de mi Sabiduría; hija de mi Bondad; hija de mi Amor; hija de mi Belleza; hija de mi Santidad..."

Por cuanto más yo veía tanto más quedaba confundida. Y Jesús continuó:

"¿Has visto cómo te amo, y cómo no sólo en mi Corazón sino también en todos mi atributos llevo escrito tu nombre? Y este nombre tuyo escrito en Mí hace abrir hacia ti nuevas corrientes de gracia, de luz, de amor, etc. ¿Y con todo esto tú dices que no te amo? ¿Cómo puedes siquiera sospecharlo?"

Sólo Jesús sabe cómo quedé aplastada, pensando que había ofendido a mi Jesús, y además, en su presencia. ¡Oh Dios mío, qué pena! ¡Cuán horrible es la culpa!

* * *

19 de mayo de 1922

El Divino Querer en el Cielo es beatificante pero en la tierra es obrante y multiplica sus bienes y su Vida en el acto de la criatura.

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hizo ver en mi interior, en el cual abría como una puertecita en la que apoyaba sus brazos y asomaba su cabeza para ver qué cosas hacían las demás criaturas. Yo veía junto con Jesús, pero ¿quién puede decir los males que se veían, las ofensas que se le hacían y los castigos que les lloverían? Era horrorizante esta vista tan dolorosa. También veía a nuestro pobre país golpeado por el flagelo divino. Entonces yo, viendo que Jesús miraba con ternura de amor y de dolor, siendo que días antes me había sido imposible hacerle dirigir su rostro y su mirada hacia las criaturas, le dije:

"Amor mío, vida mía, mira cuánto sufren nuestros queridos hermanos. ¿No quieres tener piedad? ¡Con cuántas ganas sufriría yo todo, con tal de hacer que ellos no fueran tocados por los castigos! Mira, este es un deber que me impone mi estado de víctima, a imitación tuya. ¿No sufriste Tú todo por nosotros? ¿Y quieres que no sufra yo para librarlos de los castigos, y que no te imite, mientras que Tú sufriste tanto?"

Y Jesús, interrumpiendo mi hablar, me dijo:

"Ah hija mía, el hombre ha llegado a tanto que no puedo mirarlo sino con horror y si lo miro es sólo desde dentro de ti, porque encontrando en ti todas las ternuras de mi Humanidad y todas mis oraciones, me siento movido a mirarlo con compasión, y por amor tuyo preservaré sus vidas. El hombre tiene necesidad de purificaciones fuertes, de otra manera no se desengaña ni quiere salir de su error y por eso arrollaré todo para renovar todo; haré cosas imprevistas, castigos nuevos de los que el hombre no podrá encontrar la causa, y esto para confundirlo. Pero tú no temas, por tu amor libraré y preservaré una porción, pues siento en ti, como sentía en mi Humanidad, las corrientes de las comunicaciones con todas las criaturas y por eso me es muy duro no darte nada, no contentarte en nada."

Luego, más tarde, me encontré fuera de mí misma en un punto altísimo y encontré a mi Mamá Celestial, a nuestro obispo difunto, a mis padres y a mi dulce Jesús en los brazos del obispo, quien en cuanto me vió, me lo puso en mis brazos diciéndome: "Tómalo, hija mía y gózalo". Entonces Jesús haciendo fiesta en mis brazos, me dijo:

"Hija queridísima de mi Querer, quiero renovar el vínculo del gran don de hacerte vivir en mi Querer, por eso quiero presentes, como testigos, a mi querida Mamá, al obispo que tomó parte en tu dirección cuando estuvo en la tierra y a tus papás, para que tú quedes mayormente confirmada en mi Voluntad y recibas todas las corrientes y todos los bienes que mi Voluntad contiene, y ellos sean los primeros en recibir la gloria del obrar del vivir en mi Querer.

Tú no eres otra cosa que un átomo en mi Querer, pero en este átomo Yo pongo todo el peso de mi Voluntad, para que a medida que te mueves, el mar inmenso de mi Querer reciba su movimiento, las aguas se encrespen y como agitadas exhalen su frescura, sus perfumes y se desborden en bien del Cielo y de la tierra. El átomo es pequeño, es ligerísimo y no es capaz de agitar todo el mar inmenso de mi Voluntad, pero puesto dentro de él todo el peso de Ella, será capaz de todo, y me darás campo para dar de Mí otros actos divinos. Serás como la piedrecita arrojada a la fuente, que cuando cae, las aguas se encrespan, se agitan y exhalan su frescura y su perfume, pero la piedrecita no contiene el peso de mi Querer y por eso no puede hacer que la fuente se desborde, pero tu átomo, con el peso de mi Querer, no sólo puede mover y agitar todo mi mar, sino que puede también inundar Cielo y tierra. Como dentro de un respiro aspirarás toda mi Voluntad con todos los bienes que Ella contiene y en otro la emitirás y por cada vez que hagas esto, tantas veces multiplicarás mi Vida y mis bienes. Además, en el Cielo los bienaventurados gozan de toda la beatitud y felicidad que contiene mi Querer y viven en Él como en su propio centro, pero no lo multiplican, pues en ellos están ya fijos sus méritos, entonces tú eres más feliz que ellos, porque puedes multiplicar mi Vida, mi Querer y todos mis bienes en ellos. Mi Querer, haciéndose feliz en ti, es obrante y pide tus actos para multiplicarme; por eso cuando tú obras, Yo estoy con ansias viendo si obras en mi Querer, para recibir el gozo de verme multiplicado en tu acto. ¡Cuánto deberías estar atenta, para no dejar pasar nada!"

* * *

27 de mayo de 1922

El acto preventivo y el acto actual.

Estaba pensando para mí: "Si es tan grande un acto hecho en su Querer, ¿cuántos, ay de mí, dejo escapar?"

Y mi dulce Jesús, moviéndose en mi interior me dijo:

"Hija mía, existe el acto preventivo y el acto actual. El preventivo es cuando el alma al primer surgir del día fija su voluntad en la Mía y se decide y se confirma en querer vivir y obrar sólo en mi Querer y previene todos sus actos y los hace correr en mi Querer. Con la voluntad preventiva mi sol surge, mi Vida queda duplicada en todos sus actos como dentro de un solo acto y éste suple al acto actual. Pero el acto preventivo puede ser opacado y oscurecido por los modos humanos, por la voluntad propia, por la estima propia, por el descuido, etc., y todas estas cosas son como las nubes que se interponen con el sol y hacen menos vívida su luz sobre la faz de la tierra. En cambio el acto actual no sólo no está sujeto a nubes, sino que tiene la virtud de despejar las nubes, si es que las hay, y hace surgir otros nuevos soles en los que queda duplicada mi Vida con siempre mayor intensidad de luz y de calor, y estos nuevos soles son el uno más bello que el otro. Así que los dos actos son necesarios: el preventivo da la mano, dispone y forma el campo al actual y el actual conserva y ensancha el campo del preventivo".

* * *

1 de junio de 1922

Qué es la Verdad.

Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las Horas de la Pasión de mi dulce Jesús, especialmente cuando fue presentado ante Pilatos, el cual le preguntó cuál era su reino, y mi siempre amable Jesús me dijo:

"Hija mía, esta fue la primera vez en mi vida terrena que tuve que tratar con un gobernante gentil, quien me preguntó que cuál era mi reino, y Yo le respondí: ‘Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera, miles de legiones de ángeles me defenderían’. Y con esto abría mi reino a los gentiles y les comunicaba mi celestial doctrina, tanto que Pilatos me preguntó: ‘¿Cómo, Tú eres Rey?’ y Yo inmediatamente le respondí: ‘Sí, Yo soy Rey y vine al mundo a enseñar la Verdad’. Y con esto Yo quise abrir camino en su mente para hacerme conocer, tanto que él, sintiéndose conmovido por mi respuesta me preguntó: ‘Y ¿qué cosa es la Verdad?’, pero no esperó mi respuesta y Yo no tuve el bien de poderme explicar. Le hubiera dicho: ‘La Verdad soy Yo; todo en Mí es Verdad; verdad es mi paciencia en medio de tantos insultos, verdad es mi mirada dulce entre tantas burlas, calumnias y desprecios; verdad son mis modos afables y atrayentes en medio de tantos enemigos, que mientras ellos me odian, Yo los amo, mientras quieren darme la muerte, Yo quiero abrazarlos y darles la Vida; verdad son mis palabras dignas y llenas de sabiduría celestial... todo en Mí es Verdad.’ La Verdad es más que sol majestuoso que por cuanto se quiera pisotear, surge más bello y luminoso y hace avergonzar a sus mismos enemigos, haciéndolos caer por tierra, a sus pies.

Pilatos me preguntó con ánimo sincero y Yo le respondí inmediatamente; en cambio Herodes me preguntó con maldad y por curiosidad y a él no le respondí. Así que a quien quiere saber las cosas santas con sinceridad Yo me revelo y lo hago más allá de lo que se quiere; en cambio, a quien quiere saberlas con maldad y para curiosear, Yo me le escondo, y mientras éstos quieren hacer burla de Mí, Yo los confundo y me burlo de ellos. Pero como mi persona llevaba la Verdad consigo, también ante Herodes hizo su oficio: mi silencio ante sus tempestuosas preguntas, mi mirada modesta, el aspecto todo lleno de dulzura, de dignidad y de nobleza de mi persona eran todas verdades, y verdades operantes".

* * *

6 de junio de 1922

Viviendo en la Divina Voluntad la cruz y la santidad se hacen semejantes a las de Jesús.

Estaba pensando para mí: "Mi buen Jesús ha cambiado conmigo, porque antes se deleitaba en hacerme sufrir, todo era participación de clavos, de espinas, de cruz, pero ahora todo eso ha desaparecido, ya no se deleita en hacerme sufrir, y si alguna vez sufro, me mira con indiferencia y no muestra ya el gusto que mostraba antes".

Entonces, mientras pensaba esto, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior y suspirando me dijo:

"Hija mía, cuando se tienen gustos mayores, los gustos menores pierden su deleite y su atractivo y por eso se ven ya con indiferencia.

La cruz ata a la gracia, pero ¿quién la alimenta?, ¿quién la hace crecer a la debida estatura?: Mi Voluntad. Es Ella la única que completa todo y hace cumplir mis más altos designios en el alma. Si no fuera por mi Voluntad, aun la misma cruz, por cuanto poder y grandeza contiene, puede hacer que las almas queden a medio camino. ¡Oh, cuántos sufren, pero como les falta el alimento continuo de mi Voluntad no llegan a la meta, que es el morir al propio querer humano, y el Querer Divino no puede dar su último toque ni la última pincelada de la santidad divina!

Por otra parte, tú dices que han desaparecido clavos, espinas y cruz, pero es falso, hija mía, es falso; lo que pasa es que antes tu cruz era pequeña e incompleta, pero ahora mi Voluntad, elevándote en mi Voluntad, hace que tu cruz se haga grande, y cada acto que haces en mi Querer es un clavo que recibe tu querer. Viviendo en mi Voluntad, tu voluntad se extiende tanto que te difundes en cada criatura y me das por cada una la vida que les he dado y me haces volver y me das el honor, la gloria y la finalidad para los que las creé. Y extendida tu voluntad, tu cruz se extiende también, no sólo por ti sino por cada una de las criaturas, así que ahora en todas partes veo tu cruz y no como antes que la veía sólo en ti, no, ahora la veo en todos. Este fundirte en mi Voluntad sin ningún interés personal sino sólo para darme lo que todos deberían darme y para darles a todos todo el bien que mi Querer contiene es sólo de la Vida Divina, no de la humana y sólo mi Voluntad es la que forma esta santidad divina en el alma; así que tus cruces anteriores eran santidad humana, y lo humano, por cuan santo sea, no sabe hacer cosas grandes sino pequeñas, y mucho menos sabe elevar al alma hasta la santidad y a la fusión del obrar de su Creador y queda siempre en la restricción de criatura; pero mi Voluntad, derribando todas las barreras humanas, la arroja en la inmensidad divina y todo se hace inmenso en ella: cruz, clavos, santidad, amor, reparación... Toda mi mira sobre ti no era la santidad humana, si bien era necesario que primero hiciera las cosas pequeñas en ti y por eso me deleitaba tanto, pero ahora, habiéndote hecho pasar más adelante y debiendo hacerte vivir en mi Querer, al ver tu pequeñez, tu átomo, abrazar la inmensidad para darme por todos y por cada uno amor y gloria, para volverme a dar todos los derechos de toda la creación, me deleita tanto que todas las demás cosas ya no me dan gusto. Así pues, tu cruz, tus clavos, serán mi Voluntad, la que teniendo crucificada a la tuya completará en ti la verdadera crucifixión, no a intervalos, sino perpetua, toda semejante a la Mía: fui concebido crucificado, viví crucificado y morí crucificado, siendo alimentada mi cruz por la sola Voluntad Eterna, y por eso, por todos y por cada uno Yo fui crucificado y mi cruz selló a todos con su emblema".

* * *

9 de junio de 1922

Jesús quiere su reposo en el alma.

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino muy frecuentemente y una vez apoyó su cabeza sobre la mía y dijo:

"Hija mía, tengo necesidad de reposo; la inteligencia increada quiere reposarse en la inteligencia creada. Pero para encontrar el verdadero reposo debo encontrar en tu inteligencia toda la gloria y todo el contento que todas las demás inteligencias deberían darme; por eso mi Voluntad quiere ensanchar tu capacidad para poder encontrar este reposo. No, no estoy contento si mi Voluntad no pone en ti todo lo que los otros me deberían dar".

Entonces pareció que soplaba a mi inteligencia y ella quedaba atada como por tantos hilos de luz a cuantas mentes creadas salían de las manos de nuestro Creador y cada hilo de luz decía: "Gloria, reconocimiento, honor, amor, agradecimientos... a mi Dios, tres veces Santo".

Y Jesús dijo: "Ah sí, ahora puedo reposarme, porque encuentro la correspondencia de la inteligencia de la creación; la mente creada se confunde con la mente increada".

Después, apoyó su cabeza en mi corazón y pareció que no encontraba completo reposo, entonces puso su boca sobre mi corazón y le sopló, y a cada soplido mi corazón se agrandaba y después agregó:

"Hija, estoy decidido a reposarme, por eso quiero soplar a tu corazón tanto, para poner en él todo el amor que todo el resto de la creación debería darme. Mi reposo no puede ser perfecto si no encuentro la correspondencia del amor que salió de Mí, por eso quiero encontrar en este corazón el amor que todos deberían darme; mi Querer hará este prodigio en ti y tu corazón tendrá una nota por todos que me dirá: ‘Amor’".

Después puso de nuevo su cabeza sobre mi corazón y se reposaba. ¡Cuán bello era ver reposar a Jesús!

Luego desaparecía y volvía... y ahora quería reposarse en mis manos, ahora sobre mis hombros; parecía que quería ver si toda mi persona se prestaba para hacerlo reposar. Y después me dijo:

"Amada mía, ¡cuánto amor siento hacia ti! Todo el amor que debería dar a todos los demás y que ellos rechazan, lo concentro en ti. Siento en ti el eco de mi palabra creadora: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’ y veo su cumplimiento. Ah, sólo nuestro Querer hará volver al hombre a su origen primero; nuestro Querer pondrá todas las impresiones divinas en el querer humano y fundiendo un querer en el Otro, lo llevará sobre sus alas a los brazos de su Creador, pero no deforme como lo hizo la culpa sino puro, bello y semejante a su Creador. Por eso quiero que tú recibas todas las impresiones de mi Voluntad en la tuya, para que Cielo y tierra no puedan distinguir sino sólo la Voluntad Divina obrante en ti, por la cual se sentirán como envueltos y todos recibirán el bien del obrar divino en la criatura, por eso préstate en todo y séme fiel".

Después de esto, Jesús volvió, pero ahora todo afligido y me dijo:

"Yo quedo adolorido cuando piensan de Mí que soy severo y que hago más uso de la justicia que de la misericordia, están conmigo como si a cada cosa Yo debiera castigarlos; oh, cuán deshonrado me siento por ellos, porque esto los lleva a estar a mucha distancia de Mí, y quien está distante no puede recibir toda la fusión de mi amor. Y mientras son ellos los que no me aman, piensan que Yo soy severo y casi un ser que infundo miedo, pero con sólo dar una mirada a mi vida pueden claramente notar que sólo un acto de justicia hice, el cual fue que para defender la Casa de mi Padre tomé cuerdas en mis manos y golpeando a diestra y siniestra eché a los profanadores, mientras que todo lo demás fue todo misericordia. Misericordia mi concepción, misericordia mi nacimiento, mis palabras, mis obras, mis pasos; misericordia mi sangre derramada, mis penas..., todo era en Mí amor misericordioso. Sin embargo se teme de Mí, mientras que deberían temer mucho más de ellos mismos que de Mí".

* * *

11 de junio de 1922

La vida natural simboliza la vida espiritual.

Estaba pensando entre mí: "Cómo es que también la vida espiritual sufre tantos cambios, pues mientras se ha convencido de que ‘éste debe ser mi camino’, cuando menos se piensa ya se ha saltado a otro lado, sufriendo quién sabe cuantos desgarros y tan dolorosos que hacen sangrar al corazón. Se puede decir que, por los tantos cambios que se sufre, es un continuo martirio".

Entonces mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me dijo:

"Hija mía, es verdad que la vida espiritual debe ser un continuo martirio, porque debe ser semejante al primero y al más grande de los mártires, el cual fui Yo, y si no es así, no se puede dar verdadero nombre de vida espiritual, sino larva y sombra de ella. Además, es necesario que sufra varios cambios y esto es para hacer llegar al alma a la debida estatura y para hacerla noble, bella y perfecta. Si la misma naturaleza humana, menos importante, sufre quién sabe cuántos cambios para hacerla llegar a la debida estatura, mucho más la espiritual, que es más importante y superior a la vida natural, es más, la vida natural simboliza a la vida espiritual.

Observa un poco cuántos cambios sufre la vida natural: Ella es concebida en el seno materno y permanece ahí por nueve meses para formar bien el cuerpecito, y cuando está formado es forzado a salir y si quisiera continuar dentro, moriría, porque faltándole el espacio para crecer se sofocaría, comprometiendo su vida y la de la mamá. Ahora bien, si esta concepción se formara fuera de un seno materno ¿quién debería prestar la sangre y el calor para formar el cuerpecito? Y además, siendo miembros ternísimos, el aire mismo lo mataría. Luego, ¿cuánta cautela se necesita para el pequeño recién nacido? El calor, el frío, la estrechez misma del regazo materno le pueden ser de muerte; he aquí el porqué de pañales, de cuna, de leche... y si se le quisiera dar otro alimento, el pequeño no sabría cómo masticarlo y se pondría en peligro su vida. Después llega el tiempo en el cual se hace capaz de tomar otro alimento, de quitarse los pañales, aprende a dar los primeros pasos... ¿ves?, no estamos más que en la infancia y ya ha sufrido tres cambios. Y ¿qué se diría si este pequeño, viéndose puesto en el suelo para hacerle dar el primer paso, temiendo ser soltado por los brazos de la mamá, se emberrinchara, llorara y no quisiera saber nada? Pues sería de lamentarse, porque en brazos de la mamá jamás se haría hombre, se quedaría sin movimiento y no se haría fuerte ni se desarrollaría.

Ahora veamos la verdadera vida espiritual: ella se concibe en mi seno, mi sangre, mi amor, mi aliento la forman; después la alimento de mi pecho y la fajo con mi gracia; luego paso a hacerla caminar con mis verdades, pero como no es mi objeto hacer una niña de juguete, sino formar una copia semejante a Mí, por eso entran los cambios, que no son para otra cosa sino para hacerla llegar a edad madura y darle todos los privilegios y todas las prerrogativas que contiene la verdadera vida espiritual; de otra manera quedará como niña en pañales, que en vez de formar mi honor y mi gloria, formará mi dolor y mi deshonor... y cuántas almas hay que quedan recién nacidas, o, a lo sumo, en pañales... y poquísimas son las que trabajan junto conmigo para hacerse una copia de Mí".

* * *

15 de junio de 1922

Los actos de Jesús en la Divina Voluntad. El Latido Divino: celda del alma.

Continuando mi habitual estado, estaba pensando en el Santo Querer de Dios, y mientras me fundía en Él, mi siempre amable Jesús me dijo:

"Hija mía, mi Voluntad eterna fue el punto central de mi Vida. Desde el primer acto de mi concepción hasta el último respiro me precedió, me acompañó, haciéndose vida de cada acto, y me siguió, encerrando mi acto en el ámbito eterno de mi Querer, del que no encontraba salida, y como mi Voluntad eterna es inmensa, no hay punto en el que no circule ni generación en la que Ella no domine, para Ella era como connatural formar mis actos y multiplicarlos por todos, como si fueran hechos por uno solo. Una cosa puede dar sólo lo que tiene, y por cuanta potencia tenga no puede dar más de lo que posee. Pues bien, mi Voluntad poseía la Inmensidad, el poder de la multiplicación de los actos por cuantos quería, la eternidad en la que envolvía todas las cosas, teniendo presentes a todos, como al principio y como hasta el fin. He aquí por qué desde el primer acto de mi concepción, la potencia de mi Querer formaba tantas concepciones mías por cuantas criaturas saldrían a la existencia. Mis palabras, mis pensamientos, mis obras, mis pasos, los multiplicaba y los extendía desde el primero hasta el último de los hombres. La potencia del Querer Eterno convertía mi sangre, mis penas en mares inmensos de los que todos pueden servirse. Si no fuera por el prodigio del Querer Supremo, mi misma redención hubiera sido individual, limitada y sólo para alguna generación.

Ahora, mi Voluntad no ha cambiado; tal cual era es y será. Y mucho más, pues habiendo venido Yo a la tierra, vine a anudar de nuevo la Voluntad Divina con la humana, y quien no rechaza este nudo y se entrega a merced de Ella, haciéndose preceder, acompañar y seguir por Ella, encerrando su acto dentro de mi Querer, lo que sucedió conmigo sucede con el alma. Mira, a medida que tú fundías tus pensamientos, tus palabras, tus obras, tus reparaciones, tu pequeño amor en mi Querer, Él los extendía, los multiplicaba y se hacían antídoto y remedio de cada pensamiento, de cada palabra, de cada obra, se hacían reparación de cada ofensa, se hacían amor por cada amor que se me debe. Y si esto no llega a realizarse es sólo por defecto de la voluntad humana, que no arrojándose del todo en brazos de la Voluntad Divina, no toma todo ni puede darse a todos y por lo tanto siente las sensaciones de lo humano que la hacen infeliz, la limitan, la empobrecen y la hacen parcial. He aquí por qué todo mi interés de que tu querer haga vida en el Mío y que comprendas bien qué significa vivir en Él, por cuanto a criatura es posible: porque si haces esto, habrás obtenido todo y me darás todo".

Dicho esto, desapareció.

Más tarde vino de nuevo y se hizo ver todo cubierto de llagas y esas llagas formaban muchas celditas, en las que Jesús llamaba a las almas para encerrarlas en ellas y ponerlas al seguro.

Entonces le dije: "Amor mío, y mi celda ¿cuál es? Para que encerrándome en ella ya no salga más".

Y Jesús: "Hija mía, para ti no hay celditas en mi cuerpo, porque quien vive en mi Querer no puede vivir en un departamento mío, sino que debe vivir en el latido de mi Corazón. El latido es el centro y la vida del cuerpo humano y si cesa el latido, cesa la vida. El latido mantiene la circulación de la sangre, el calor, la respiración y por consiguiente la fuerza y la actividad en los miembros. Si el latido no es regular, toda la actividad humana está en desorden, aun la misma inteligencia pierde la vivacidad, el ingenio y la plenitud de la luz del intelecto, y todo esto porque al crear al hombre le puse en el corazón un sonido especial que até a la armonía eterna, de manera que si el latido es sano, todo es armonía en la criatura. Pues así, mi Voluntad es como el latido en la criatura; si Ella late, armoniza la santidad, armoniza las virtudes, establece la armonía entre el Cielo y la tierra; su armonía se extiende hasta la Trinidad Sacrosanta. He aquí por qué para ti es mi latido el que se ofrece como celda para encerrarte dentro de él, para que latiendo con un solo latido formes la armonía entre el Cielo y la tierra, circules en el pasado, en el presente y en el futuro, en todo te encuentres tú circulante en Mí y Yo en ti".

* * *