2 de febrero de 1922

La Divina Voluntad es semilla que multiplica las imágenes de Dios.

Esta mañana mi siempre amable Jesús vino, todo bondad y dulzura; traía una cuerda al cuello y en la mano un instrumento, como si quisiera hacer alguna cosa. Entonces se quitó la cuerda del cuello y la puso en el mío, luego fijó el instrumento en el centro de mi persona y con una regla que hacía girar por una rueda que estaba en el centro del instrumento, me medía toda para ver si todas las partes de mi persona las encontraba iguales. Él estaba todo atento para ver si la regla al girar encontraba la perfecta igualdad y habiéndola encontrado dió un suspiro de gran contento diciendo:

"Si no la hubiera encontrado igual, no habría podido cumplir lo que quiero. A cualquier costo estoy decidido a hacer de ella un portento de la gracia".

La rueda que estaba en el centro parecía que era una rueda de sol y Jesús se reflejaba en ella y la miraba para ver si su adorable Persona aparecía toda entera en esa rueda de sol, y apareciendo, todo contento pareció que oraba. Entonces, descendió del Cielo otra rueda de luz, semejante a la que tenía yo en el centro de mi persona, pero sin separar sus rayos del Cielo y se fundieron juntas, y Jesús las selló en mí con sus santísimas manos y agregó:

"Por ahora la incisión, la hice; el sello, lo puse; después me ocuparé en desarrollar lo que hice". Y desapareció.

Yo quedé asombrada porque no supe qué cosa signifique eso, sólo comprendí que Jesús para obrar en nosotros necesita que haya suma igualdad en todas las cosas, de otra forma Él obra en un punto de nuestra alma y nosotros destruimos en otro. Las cosas desiguales son siempre molestas y defectuosas y si se quiere apoyar alguna cosa, hay peligro de que la parte desigual la haga caer por tierra. Un día, un alma que no es siempre igual, quiere hacer el bien, quiere soportar todo, pero otro día ya ni se reconoce: desganada, impaciente, etc., así que no se puede hacer ningún proyecto sobre ella.

Después de esto, mi Jesús volvió y atrayéndome en su Querer me dijo:

"Hija mía, la tierra, cuando se pone la semilla dentro de ella, hace germinar y multiplica la semilla que se puso. Mi Voluntad, más que tierra, se extiende y pone la semilla de mi Querer en las almas y hace germinar y multiplicar innumerables imágenes mías semejantes a Mí. Mi Querer hace germinar a mis hijos y los multiplica.

Has de saber que los actos hechos en mi Querer son como el Sol, del que todos pretenden la luz, el calor y los bienes que contiene el Sol y nadie puede impedir que uno goce de sus bienes sin que defraude al otro pues todos gozan de él, todos son propietarios del Sol, todos pueden decir: ‘el Sol es mío’. Así los actos hechos en mi Querer, más que sol son deseados, pretendidos y esperados por todos: los esperan las generaciones pasadas para recibir en todo lo que hicieron la luz deslumbrante de mi Querer, los esperan los presentes para sentirse fecundar e investir por esta luz y los esperan los futuros para cumplimiento del bien que harán. En suma, mi Voluntad soy Yo y los actos hechos en mi Querer girarán siempre en la rueda interminable de la eternidad para constituirse vida, luz y calor de todos".

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4 de febrero de 1922

Quien vive en la Divina Voluntad toma parte activa en toda la actividad eterna de la Divina Voluntad y gira como ruedecita.

Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús al venir me dijo:

"Hija mía, las almas que viven en mi Voluntad son las pequeñas ruedecitas que giran en la gran rueda de la eternidad. Mi Voluntad es el movimiento y la vida de la rueda de la eternidad interminable; al entrar ellas en mi Querer para orar, para amar, para obrar, etc., la rueda de la eternidad las hace girar en su circunferencia interminable, y ellas, encontrando en esta rueda todo lo que se ha hecho y lo que se debe hacer, todo lo que debería hacerse y no se hace, a medida que giran derraman luz y oleadas divinas en lo que ha sido hecho y en lo que se debe hacer, dando a nombre de todos el honor divino a su Creador y rehacen lo que no ha sido hecho por las demás criaturas.

¡Oh, qué hermoso es ver entrar a un alma en mi Querer! Cuando entra, la gran rueda de la eternidad le da la cuerda para hacerla girar en su gran mole y la pequeña ruedecita realiza giros eternos. La cuerda de la gran rueda la pone en comunicación con todas las cuerdas divinas y mientras gira hace lo que hace su Creador. Por esto, estas almas son como las primeras creadas por Mí, y como las últimas, porque al girar se hallan al principio, en el medio y al final, y por eso serán la corona de toda la familia humana, la gloria, el honor y el cumplimiento de todo y el regreso a Dios de todo el orden de las cosas por Él creadas. Por eso tus giros sean continuos en mi Querer, Yo te daré la cuerda y tú te prestarás a recibirla, ¿no es verdad?"

Después añadió:

"No has dicho todos los giros que hace la ruedecita de tu voluntad en la gran rueda de la eternidad".

Y yo: "¿Cómo podía decirlos si no lo sé?"

Y Él: "Cuando el alma entra en mi Voluntad, aun con una simple adhesión, con un abandono, Yo le doy la cuerda para hacerla girar. ¿Y sabes cuántas veces gira? Gira por cuantas inteligencias piensan, por cuantas miradas se dirigen, por cuantas palabras se dicen, por cuantas obras se hacen, por cuantos pasos se dan; gira en cada acto divino, en cada movimiento, en cada gracia que del Cielo desciende, en fin, en todo lo que se hace en el Cielo y en la tierra esta alma hace su giro. Los giros de estas ruedecitas son veloces, rápidos y por eso son incalculables a ellas mismas, pero Yo sí que los numero todos; primero para tomarme la gloria y el amor eterno que me dan, y después para fundir en ellas todo el bien eterno, para darles la capacidad de hacerlas sobrepasar todo, para poder abrazar a todos y hacerse corona de todo".

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4 de febrero de 1922

El llanto y los sollozos del Amor errante.

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hizo ver todo sofocado; su respiro era fuego, y estrechándome a Él me dijo:

"Hija mía, quiero apagar mis llamas, quiero desahogar mi amor, pero mi amor es rechazado por las criaturas. Debes saber que al crear al hombre hice salir fuera, de dentro de mi Divinidad, una cantidad de amor que debía servir como vida primaria de las criaturas, debía servir para enriquecerlas, para sostenerlas, para fortificarlas y para ayuda en todas sus necesidades. Pero el hombre rechazó este amor y mi amor va errante desde que fue creado el hombre y gira siempre, siempre, sin detenerse nunca, y al ser rechazado por uno, corre a otro para darse y al ser rechazado rompe en llanto. Así que la incorrespondencia forma el llanto del amor.

Y mientras mi amor va errante y corre para darse, si ve a uno débil y pobre rompe en llanto y en sollozos y le dice: ‘¡Ay, si no me hicieras andar errante y me hubieras dado alojamiento en tu corazón, serías fuerte y nada te faltaría!’ Si ve a otro, caído en la culpa, rompe en sollozos diciéndole: ‘¡Ay, si me hubieras dado entrada en tu corazón no habrías caído!’ Ante aquel otro que ve arrastrado por las pasiones y enlodado de tierra, el amor llora y sollozando le repite: ‘¡Ay, si hubieras tomado mi amor, las pasiones no tendrían vida en ti, la tierra no te tocaría, mi amor te bastaría para todo!’ Así que, en cada mal del hombre, pequeño o grande, el amor tiene un sollozo y continúa yendo errante queriendo darse al hombre.

Cuando en el Huerto de Getsemaní se presentaron todos los pecados delante de mi Humanidad, cada culpa tenía el sollozo de mi amor. Todas las penas de mi Pasión, cada golpe de flagelo, cada espina, cada llaga, eran acompañados por el sollozo de mi amor, porque si el hombre me hubiera amado, ningún mal le hubiera podido llegar; la falta de amor es lo que ha germinado todos sus males y también todas mis penas.

Yo, al crear al hombre hice como un rey que queriendo hacer feliz su reino toma un millón y lo pone a disposición de todos para que quien quiera, tome; pero a pesar de que está a disposición de todos, sólo alguno toma algunos centavos. Entonces ese rey, ansioso de saber si sus pueblos toman el bien que les quiere hacer, pregunta si su millón se ha agotado, para hacer salir fuera otros millones y le viene respondido: ‘Majestad, apenas unos cuantos centavos han tomado’. El rey siente dolor al oír que sus pueblos no reciben sus dones ni los aprecian. Y saliendo en medio de sus súbditos empieza a ver a uno cubierto de harapos; a otro, enfermo; a otro, muerto de hambre; a otro, temblando de frío; a otros, sin techo; entonces el rey en su dolor rompe en llanto y sollozos y dice: ‘¡Ah, si hubieran tomado de mi dinero no vería a ninguno que me haga deshonor cubierto con harapos, sino a todos bien vestidos; no vería enfermos sino sanos a todos; no vería a ninguno en ayunas y casi muerto de hambre, sino satisfechos a todos. Si hubieran tomado de mi dinero ninguno estaría sin techo, habrían podido muy bien construirse una casa para abrigarse.’ En suma, en cada desventura que ve en su reino, ese rey tiene un dolor, una lágrima y sufre por la ingratitud del pueblo que rechaza sus riquezas. Pero es tanta la bondad de este rey que a pesar de tanta ingratitud no retira ese millón, lo continúa dejando a disposición de todos esperando que otras generaciones puedan tomar el bien que aquellos rechazaron, para así recibir la gloria del bien que hizo a su reino.

Así hago Yo. El amor que saqué no lo retiraré, continuará yendo errante, sus sollozos durarán aún, hasta que encuentre almas que tomen de este amor mío hasta el último centavo y cese así mi llanto y pueda recibir la gloria de la dote del amor que hice salir para bien de las criaturas. Y ¿sabes tú quiénes serán las afortunadas que harán cesar el llanto al amor? Serán las almas que vivirán en mi Querer; ellas tomarán todo el amor rechazado por las otras generaciones y con la potencia creadora de mi Voluntad lo multiplicarán cuanto quieran y por cuantas criaturas me lo han rechazado y entonces cesarán sus sollozos y su llanto y serán sustituidos por la alegría y el gozo, y el amor satisfecho dará a esas afortunadas todos los bienes y toda la felicidad que todas las demás no quisieron".

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9 de febrero de 1922

En la flagelación, Jesús se despojó de todo para dárselo al hombre.

Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las Horas de la Pasión y mientras acompañaba a mi dulce Jesús en el misterio de la dolorosa flagelación, se hizo ver todo descarnado, su cuerpo desnudo, no sólo de sus vestiduras, sino de su carne; sus huesos se podían numerar uno por uno, su aspecto era no sólo desgarrador sino horrible al verse, tanto que infundía temor, miedo, reverencia y amor a la vez. Yo me sentía muda ante esta escena tan desgarradora y hubiera querido hacer no sé qué cosa para aliviar a mi dulce Jesús, pero no sabía hacer nada, la vista de sus penas me daba la muerte; entonces Jesús, todo bondad, me dijo:

"Querida hija mía, mírame bien para que conozcas a fondo mis penas. Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que comete pecado. El pecado lo desnuda de los vestidos de mi gracia, y Yo, para dárselos de nuevo, me hice desnudar de mis vestidos. El pecado lo deforma y mientras es la criatura más bella que salió de mis manos, se hace la más horrible y fea y da asco y repugnancia; Yo era el más hermoso de los hombres y para darle de nuevo la belleza puedo decir que mi Humanidad tomó la forma más fea... ¡mírame cómo estoy horrible! Me hice quitar la piel y la carne por los azotes y quedé irreconocible. El pecado no sólo quita la belleza, sino que forma llagas profundas, putrefactas y gangrenosas que corroen las partes más íntimas y consumen los humores vitales, así que todas las obras que hace en estado de pecado son obras muertas, esqueléticas, que le arrancan la nobleza de su origen, la luz de su razón y lo vuelven ciego; y Yo, para llenar la profundidad de sus llagas me hice arrancar a pedazos la carne y me reduje todo a una sola llaga y con derramar mi sangre a ríos, hice correr nuevamente los humores vitales en su alma para darle nuevamente la vida.

¡Ah, si no hubiera tenido en Mí la fuente de la vida de mi Divinidad que a cada pena que me daban mi Humanidad moría y Ella me sostenía la vida, Yo habría muerto desde el principio de mi Pasión!

Ahora, mis penas, mi sangre, mis carnes arrancadas a pedazos están siempre en acto de dar vida al hombre, pero el hombre rechaza mi sangre para no recibir la vida y pisotea mis carnes para quedar llagado. ¡Oh, cómo siento el peso de la ingratitud!"

Entonces Jesús, arrojándose en mis brazos rompió en llanto; yo lo estreché a mi corazón y Él lloraba fuertemente. ¡Qué desgarro ver llorar a Jesús! Hubiera yo querido sufrir cualquier pena para que no llorara. Lo compadecí, le besé sus llagas, le sequé sus lágrimas, y entonces Él, como reconfortado agregó:

"¿Sabes cómo hago Yo? Hago como un padre que ama mucho a su hijo y este hijo es ciego, deforme, tullido, etc., y el padre que lo ama hasta la locura ¿qué hace?, se saca los ojos, se arranca las piernas, se quita la piel y dándoselo todo a su hijo le dice: ‘estoy más contento con quedar ciego, deforme, tullido, etc., con tal de saber que tú, hijo mío, puedes ver, puedes caminar y eres bello.’ ¡Oh, cómo estará contento aquel padre que ve a su hijo mirar con sus mismos ojos, caminar con sus mismas piernas, cubierto con su misma belleza! Pero ¿cuál no sería el dolor de ese padre si viera que su hijo, ingrato, le arrojara los ojos, las piernas y se contentara con permanecer horrible como es? Así soy Yo, en todo he pensado, pero los hombres ingratos forman mi más acerbo dolor".

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14 de febrero de 1922

El contento de Jesús cuando se escribe de Él. Jesús predicará siempre.

Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hizo ver todo complacido y con un contento indescriptible, y yo le dije:

"¿Qué tienes Jesús? ¿Buenas nuevas me traes, que estás tan contento?"

Y Jesús:

"Hija mía, ¿sabes por qué estoy tan contento? Toda mi alegría y mi fiesta es cuando te veo escribir. Veo versar en las palabras escritas mi gloria, mi vida, el conocimiento de Mí que se multiplica cada vez más, la luz de la Divinidad, la Potencia de mi Voluntad, el desahogo de mi amor... todo lo veo puesto en el papel, y Yo en cada palabra siento la fragancia de todos mis perfumes. Veo después a todas estas palabras correr, correr en medio de los pueblos para llevarles mis nuevos conocimientos, mi amor desbordante y los secretos de mi Querer. Ah, me alegro tanto que no sé que te haría cuando escribes. Y al ir tú escribiendo nuevas cosas sobre Mí y sobre lo que se relaciona conmigo, Yo voy inventando nuevos favores para recompensarte y me dispongo a decirte nuevas verdades para darte nuevos favores. Yo he amado siempre más y he reservado gracias más grandes a quienes han escrito de Mí, porque ellos son la continuación de mi vida evangélica, los portavoces de mi palabra, y lo que no dije en mi evangelio, me lo reservé para decirlo a quien habría escrito de Mí. Yo no terminé en ese entonces de predicar, no, debo predicar siempre, mientras existan las generaciones".

Entonces yo le dije:

"Amor mío, escribir las verdades que Tú me dices es sacrificio, pero el sacrificio se siente más duro y casi no siento la fuerza cuando me veo obligada a escribir mis intimidades entre Tú y yo y lo que se refiere a mí, tanto que no sé qué haría para no ponerlo en el papel".

Y Jesús me respondió:

"Tú quedas siempre aparte, es siempre de Mí de quien hablas, de lo que Yo te hago, del amor con el que te quiero y de hasta dónde llega mi amor hacia las criaturas. Esto incitará a otros a amarme, para que también ellos puedan recibir el bien que te hago a ti. Además, este mezclar a ti y a Mí al escribir es también necesario, de otra forma se diría: ‘¿a quién dijo esto?, ¿con quién fue tan magnánimo en favorecerla?, ¿quizá al viento, al aire?’ ¿No se dice en mi vida que fui tan magnánimo con mi Mamá, que hablé a los Apóstoles, a las muchedumbres y que sané a tal enfermo? Por lo tanto, todo es necesario, y debes estar segura de que en todo lo que escribes es siempre a Mí a quien haces conocer más".

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17 de febrero de 1922

El amor es la cuna del hombre. En el amor de Dios concurren todos sus atributos.

Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús y no hacía otra cosa que llamarlo y desear que viniera, pero en vano; entonces, después de haber esperado mucho, cuando yo ya no podía más, vino, y quién sabe cuántas cosas quería yo decirle, pero Él se elevó en alto sin darme tiempo. Yo lo miraba y lo llamaba: "Jesús, Jesús, ven". También Él me veía y hacía llover de su persona un rocío sobre mí que me perlaba toda y este rocío lo atraía tanto hacia mí que se abajó y acercándose a mí me dijo:

"Hija mía, el deseo de verme, rompiendo el velo que existe entre el tiempo y la eternidad y la repetición de este deseo, dan al alma el vuelo para acercarse a Mí. Mi amor está casi inquieto cuando veo que el alma me anhela y Yo no me hago ver y sólo se calma cuando no sólo me hago ver sino cuando le doy nuevos carismas y nuevas prendas de amor.

Mi amor está siempre en acto de querer dar nuevas prendas de amor a la criatura y en cuanto veo que mi Voluntad toma la parte obrante y dirigente de darse a la criatura, mi amor hace fiesta, corre, vuela hacia ella y se hace cuna del hombre, y si ve que no reposa en esa cuna, le mueve la cuna y le canta para hacerla descansar y dormir en su seno; y mientras ella duerme, le sopla su aliento en la boca para darle nueva vida de amor. Si ve que su corazón no es feliz por su irregular respiro, con el aliento que le da, mi amor le forma la cuna a su corazón para quitarle las amarguras, los estorbos, las molestias, y hacerla feliz de amor... y cuando se despierta, oh, cómo se alegra mi amor al verla renacida, feliz y llena de vida y le dice: ‘Mira, te he cuneado en mi seno para hacerte descansar, he velado a tu lado durante tu sueño para hacer que te despertaras fuerte, feliz y otra diferente de la que eras, ahora quiero ser cuna de tus pasos, de tus obras, de tus palabras... de todo, piensa que estás cuneada por Mí, y en la cuna de mi amor pon tu amor para que fundiéndose ambos, nos hagamos felices recíprocamente, pero fíjate y cuídate de poner alguna otra cosa, porque entonces me entristecerías y me harías llorar amargamente.’

Es mi amor lo que más se acerca al hombre, es más, es la cuna donde él nació. Y si bien en mi Divinidad todo es armonía, así como están en plena armonía los miembros al cuerpo, si bien la inteligencia toma la parte dirigente donde reside la voluntad del hombre, pues si él no quiere, se puede decir que el ojo no ve, la mano no obra, el pie no camina; en cambio, si quiere, el ojo ve, la mano obra, el pie corre y todos los miembros se ponen de acuerdo; así en mi Divinidad: mi Voluntad toma la parte dirigente y todos los atributos se ponen en plena armonía para seguir lo que mi Querer quiere, así que concurre la sabiduría, la potencia, la ciencia, la bondad, etc., y como todos mis atributos, si bien distintos entre ellos, viven en la fuente del amor, desahogan amor; es por esto por lo que mientras que es el amor el que corre, el que actúa, el que se da, todos mis demás atributos concurren a la vez.

Además, lo que al hombre le es más necesario es el amor. El amor le es como el pan a la vida natural, de modo que puede carecer de ciencia, de potencia, de sabiduría, porque a lo más éstas son cosas que se necesitan en alguna circunstancia y en alguna ocasión. Pero ¿qué se diría si Yo hubiera creado al hombre y no lo amara? Además, ¿para qué crearlo si no debiera amarlo? Esto sería para Mí un deshonor y una obra no digna de Mí, porque no sé hacer otra cosa que amar. Y ¿qué sería del hombre si no tuviera un principio de amor y no pudiera amar? Sería un bruto y no sería digno ni de ser mirado. Por eso en todo debe correr el amor. El amor debería correr en todas las acciones humanas así como corre la imagen del rey en la moneda del reino, y si la moneda no está sellada con la imagen del rey no es reconocida por moneda; así, si no corre el amor no es reconocida por obra mía".

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21 de febrero de 1922

El amor hace morir y vivir continuamente para formar una sola vida.

Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús al venir me dijo:

"Hija mía, mi amor por la criatura me hacía morir a cada instante. La naturaleza del verdadero amor es morir y vivir continuamente por la persona amada; el amor de quererla para sí le hace sentir la muerte, le da un martirio tal vez de los más dolorosos y prolongados, pero el mismo amor, más fuerte que la misma muerte, en el mismo instante en que muere le da la vida; y ¿para qué?, para dar vida a la persona amada y formar así una sola vida. Estas llamas del amor tienen la virtud de hacer consumar una vida para fundirla en la otra. Es ésta exactamente la virtud de mi amor: hacerme morir y de mi consumación formar tantas semillas para ponerlas en los corazones de todas las criaturas, para hacerme de nuevo resurgir y formar con ellas una sola vida conmigo.

Ahora, también tú puedes morir quién sabe cuántas veces por amor mío y tal vez a cada instante: cada vez que me quieres ver y no me ves, tu voluntad siente la muerte de mi privación, pero en realidad, porque al no verme, tu voluntad muere por no encontrar la vida que busca; pero después que en ese acto se ha consumado, Yo renazco en ti y tú en Mí y encuentras así la vida querida por ti y esto para volver a morir y así vivir en Mí. Así también si me deseas, tu deseo no satisfecho siente la muerte y al hacerme ver encuentra nuevamente la vida; también tu amor, tu inteligencia, tu corazón, pueden estar en continuo acto de morir y de vivir por Mí. Si yo lo hice por ti, es justo que tú lo hagas por Mí".

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24 de febrero de 1922

Nuestra cruz sufrida en la Divina Voluntad se hace tan grande como la de Jesús.

Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús se hizo ver en el acto de tomar la cruz para ponerla sobre su santísima espalda y me dijo:

"Hija mía, cuando recibí la cruz, la miré de arriba a abajo para ver el lugar que cada alma tomaba en mi cruz, y entre tantas miré con más amor y puse especial atención a aquellas que habrían estado resignadas y habrían hecho vida en mi Voluntad; a éstas las miré y vi su cruz tan larga y ancha como la mía, porque mi Voluntad suplía lo que le faltaba a su cruz, y la alargaba y ensanchaba como la mía. Oh, cómo sobresalía tu cruz, tan larga, de tantos años de cama, sufrida sólo para cumplir mi Voluntad. La mía era sólo para cumplir la Voluntad de mi Padre Celestial, la tuya, para cumplir la mía; una hacía honor a la otra, y como una y otra contenían la misma medida, se fundían juntas.

Ahora bien, mi Voluntad tiene la virtud de ablandar la dureza, de endulzar la amargura, de alargar y ensanchar las cosas pequeñas, por eso cuando sentí la cruz sobre mi hombro, sentí también la suavidad y la dulzura de las cruces de las almas que habrían sufrido en mi Querer; ah, mi Corazón tuvo un respiro de alivio... y la suavidad de las cruces de ellas hizo recibir la cruz sobre mi hombro, y se hundió tanto que me hizo una llaga profunda, y si bien me dio un dolor acerbo, sentí al mismo tiempo la suavidad y la dulzura de las almas que habrían sufrido en mi Querer. Y como mi Voluntad es eterna, el padecer de ellas, sus reparaciones, sus actos, corrían en cada gota de mi sangre, en cada llaga, en cada ofensa; mi Querer les hacía encontrar como presentes las ofensas pasadas, desde que el primer hombre pecó, las presentes y las futuras. Eran precisamente ellas las que me volvían a dar los derechos de mi Querer, y Yo por amor de ellas decretaba la redención; y si las otras entran y toman parte es por razón de ellas. No hay bien ni en el Cielo ni en la tierra que Yo conceda que no sea por causa de ellas".

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26 de febrero de 1922

Cómo Jesús nos cubrió de belleza en la redención.

Estaba pensando en el gran bien que el bendito Jesús nos hizo con redimirnos, y Él, todo bondad me dijo:

"Hija mía, Yo creé a la criatura bella, noble, de origen eterno y divino, llena de felicidad y digna de Mí. El pecado la hizo caer desde estas cimas hasta el fondo, la desnobleció, la deformó y la hizo la criatura más infeliz, sin poder crecer, porque el pecado le impedía el crecimiento y la cubría de tales llagas que daba horror verla. Mi redención rescató a la criatura de la culpa y mi Humanidad no hizo otra cosa que como una tierna madre con su recién nacido que no pudiendo tomar otro alimento, para dar vida a su bebé se abre el pecho y lo acerca a él y de su sangre, convertida en leche, le suministra el alimento para darle la vida.

Más que madre, mi Humanidad se hizo abrir en sí misma, a fuerza de azotes, tantas aberturas, como pechos, de donde salían ríos de sangre para hacer que mis hijos, tomándolos, pudieran chupar el alimento para recibir la vida y desarrollar su crecimiento; y con mis llagas cubría su deformidad y los hacía más bellos que antes. Si al crearlos los hice cielos tersísimos y nobles, en la redención los adorné tachonándolos con las estrellas refulgentes de mis llagas para cubrir su fealdad y hacerlos más bellos; en sus llagas y en su deformación Yo ponía los diamantes, las perlas y los brillantes de mis penas para ocultar sus males, vistiéndolos con tal magnificencia que supera el estado de su origen.

Por eso, con razón la Iglesia dice: ‘Feliz culpa’, porque con la culpa vino la redención, y mi Humanidad no sólo los alimentó con su sangre, los vistió con su misma persona y los adornó con su belleza sino que mis pechos siempre están llenos para alimentar a mis hijos. ¿Cuál no será la condena de aquellos que no quieren tomar de Mí para recibir la vida, para crecer y para ser cubiertos de su deformidad?"

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1 de marzo de 1922

Cómo Jesús queda encadenado por el alma que hace su Voluntad, y el alma, por Jesús.

Estaba muy afligida por la privación de mi dulce Jesús, entonces, después de mucho hacerme esperar, vino y de sus llagas hacía escurrir su sangre alrededor de mi cuello y sobre mi pecho, y en cuanto caían sobre mí esas gotas se transformaban en rubíes brillantísimos, formando el más bello ornamento. Jesús me miraba y me dijo:

"Hija mía, ¡qué hermoso te queda el collar de mi sangre!, ¡cómo te embellece! Mira, mira tú misma cómo te hace ser bella".

Y yo, un poco molesta porque me había hecho esperar tanto para venir, le dije:

"Amor mío y vida mía, oh, cómo quisiera por collar tu brazo estrechado a mi cuello; eso sí que me haría feliz, porque sentiría la vida y me aferraría tanto a Ti que ya no te dejaría huir. Tus cosas, es verdad, son bellas, pero cuando las separas de ti, yo no te encuentro a ti, no encuentro la vida y a pesar de tener tus cosas, mi corazón delira, desvaría y sangra por el dolor de que Tú no estás conmigo. Ah, si supieras en qué torturas me pones cuando no vienes, tendrías más cuidado de no hacerme esperar tanto".

Y Jesús, todo enternecido, circundó mi cuello con su brazo y tomándome una mano en la suya agregó:

"Lo sé, sé cuánto sufres, y para contentarte he aquí mi brazo como collar alrededor de tu cuello. ¿No estás ahora contenta? Sabe que a quien hace mi Voluntad no puedo hacer menos que contentarla, porque al respirar forma el aire de mi Querer en torno a Mí, de modo que no sólo me ciñe el cuello, sino todo Yo mismo y quedo encarcelado y encadenado por el alma en la misma fortaleza de mi Voluntad; y esto está muy lejos de disgustarme, es más, por el gran contento que siento, la encarcelo y la encadeno a ella; de modo que si tú no puedes estar sin Mí es por mis cadenas que te tienen tan atada que basta un momento sin Mí para darte un martirio de los más dolorosos, que no hay nada que lo iguale. Pobre hija, pobre hija, tienes razón... Yo tendré cuenta de todo, pero no te dejo, es más, me encierro en ti para gozarme el aire de mi Querer que me formas tú misma, porque aire de mi Voluntad es tu latido, tu pensamiento, tu deseo, tu movimiento, y Yo en este aire encuentro mi apoyo, mi defensa y el más bello reposo sobre tu pecho".

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3 de marzo de 1922

El Agricultor Celestial siembra su Palabra.

Continuando mi habitual estado, mi dulce Jesús vino pero sin decirme nada, todo taciturno y sumamente afligido, y le dije:

"¿Qué tienes, Jesús, que no me hablas? Si Tú me eres vida, tu palabra me es alimento y yo no puedo estarme en ayunas, soy muy débil y siento la necesidad continua del alimento para crecer y mantenerme fuerte".

Y Jesús, todo bondad me dijo:

"Hija mía, también Yo siento la necesidad de un alimento, y después de que te he alimentado con mi palabra, esa misma palabra masticada por ti, habiéndose convertido en sangre, germina el alimento para Mí; y si tú no puedes estar en ayunas, Yo tampoco quiero estar en ayunas, quiero la compensación del alimento que te he dado y después volveré de nuevo a alimentarte. Ahora siento mucha hambre, pronto, quítame el hambre."

Yo quedé confundida y no sabía qué darle, porque nunca he tenido algo, pero Jesús con sus dos manos tomaba mi latido, mi respiro, mis pensamientos, los afectos, los deseos... cambiados en tantos globitos de luz y se los comía diciendo:

"Todo esto es el fruto de mi palabra, es cosa mía, es justo que me lo coma."

Y pareció que tomaba un poco de reposo y después agregó:

"Hija mía, ahora conviene que me ponga de nuevo al trabajo para trabajar el terreno de tu alma, para poder así sembrar la semilla de mi palabra para alimentarte. Yo hago como el campesino cuando quiere sembrar su terreno: forma las zanjas, hace los surcos, después echa la semilla, luego regresa para cubrir de tierra las zanjas y los surcos donde puso la semilla para tenerla defendida y darle tiempo para hacerla germinar, para recogerla centuplicada y hacer de ella su alimento; pero está atento a no poner demasiada tierra, pues sofocaría la semilla y la haría morir bajo la tierra, y él correría el peligro de quedarse en ayunas. Así hago Yo: preparo las zanjas, formo los surcos, ensancho la capacidad de su inteligencia para poder sembrar mi palabra divina y así poder formar el alimento para Mí y para ella, luego cubro los surcos de tierra, y esto es la humildad, la nada, el aniquilamiento del alma y alguna pequeña debilidad o miseria suya, pues esto es tierra y es necesario que la tome de ella, porque a Mí me falta esa tierra; así cubro todo y espero con alegría mi cosecha. Pero ¿quieres saber cuándo sobre la semilla se pone demasiada tierra? Cuando el alma siente sus miserias, sus debilidades, su nada, y se aflige y piensa tanto en esto que pierde el tiempo, entonces el enemigo se sirve de esto para arrojarla en la turbación, en la desconfianza y en el abatimiento; todo esto es tierra de más sobre mi semilla. ¡Oh, cómo mi semilla se siente morir, cómo se le dificulta germinar bajo esta tierra! Muchas veces estas almas cansan al Agricultor Celestial y Él se retira. ¡Oh, cuántas de estas almas hay!"

Y yo: "Amor mío, ¿soy yo una de ésas?"

Y Él: "No, no, quien hace mi Voluntad no está sujeto a poder formar tierra para sofocar mi semilla, es más, muchas veces no encuentro ni la humildad siquiera sino su nada sola que produce tan poca tierra que apenas es un capita que puedo poner sobre mi semilla y el sol de mi Voluntad la fecunda en seguida y germina, y Yo hago grandes cosechas e inmediatamente vuelvo a echar mi semilla. Además, puedes estar segura de esto, ¿no ves cómo vuelvo frecuentemente a sembrar nuevas semillas de verdad en tu alma?"

Mientras esto decía, sobre su rostro se veía una tristeza y tomándome de la mano me transportó fuera de mí misma y me hizo ver diputados y ministros, todos trastornados y como si ellos mismos hubieran preparado un gran fuego y ellos mismos quedaran envueltos en sus llamas. Se veían los jefes sectarios, que cansados de esperar en lanzarse contra la Iglesia, o querían se dejados libres para iniciar luchas sangrientas contra ella, o bien, se querían retirar de gobernar. Se veían faltar el piso bajo sus pies, tanto por finanzas como por otras cosas, y para no hacer el ridículo querían retirarse de regir la suerte de la nación, pero ¿quién puede decirlo todo?

Entonces Jesús, doliente, dijo:

"¡Terribles, terribles son los preparativos! ¡Quieren hacerlo todo sin Mí, pero todo servirá para confundirlos!"

* * *

7 de marzo de 1922

Cómo la Verdad rapta y transmuta al alma.

Estaba pensando en lo que está escrito y pensaba entre mí: "¿Es realmente Jesús el que me habla o es un juego del enemigo o de mi fantasía?" Y Jesús al venir me dijo:

"Hija mía, mis palabras están llenas de verdad y de luz, y llevan con ellas la sustancia y la virtud de trasmutar al alma en la misma verdad, en la misma luz y en el mismo bien que contienen; de manera que el alma no solamente conoce la verdad sino que siente en ella la sustancia de obrar según la verdad que ha conocido. Además, mis verdades están llenas de belleza y de aliciente, de modo que el alma, embelesada por su belleza, se hace raptar por ella. En Mí todo es orden, armonía y belleza. Mira, creé el cielo y podía bastar él solo, pero no, lo quise adornar de estrellas, llenándolo de belleza para hacer que el ojo humano pudiera gozar más las obras de su Creador. Creé la tierra y la adorné con tantas plantas y flores; ninguna cosa creé que no tuviera su ornamento. Y si esto es en el orden de las cosas creadas, mucho más en el de mis verdades, que tienen su sede en mi Divinidad, y mientras llegan al alma, son como rayos solares que llegan y calientan la tierra, pero nunca se separan del centro del Sol; y el alma queda tan enamorada de mis verdades que se le hace casi imposible, aun a costa de la propia vida, el no poner en práctica la verdad que ha conocido.

En cambio, cuando es el enemigo o especulaciones de la propia fantasía quienes quieren hablar de verdad, ésas no llevan ni luz, ni sustancia, ni belleza, ni aliciente, son verdades vacías, sin vida, y el alma no siente la gracia de sacrificarse para practicarlas. Por tanto, las verdades que te dice tu Jesús están llenas de vida y de todo lo que mis verdades contienen. ¿Por qué dudas?"

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10 de marzo de 1922

Efectos universales que producen los actos hechos en la Divina Voluntad.

Estaba haciendo las Horas de la Pasión y según mi costumbre me fundía en el Santo Querer de Dios ofreciéndolas para bien de todos, pero mi voluntad como si quisiera individualizar, frecuentemente decía: "Jesús mío, en modo especial para ayuda, para consuelo y para liberación de aquella alma."

Y mi dulce Jesús, reprendiéndome, me dijo:

"Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad es como sol que se difunde a todos y conforme se reza en mi Voluntad y se ofrecen mi sangre, mis penas, mis llagas, se convierten en tantos rayos de luz que se difunden a todos, descienden con rapidez a lo más profundo de la cárcel del purgatorio y convierten sus penas y tinieblas en luz; por tanto la cosa puede ser igual para todos, y si alguna diferencia puede existir, no es nunca por parte de quien da, sino por parte de quien recibe, según las disposiciones de cada una. Sucede como al Sol que da la luz a todos igualmente, toca y calienta tanto un punto de tierra como otro, pero ¿quién gana?, quien trabaja, ¿qué terreno produce fruto?, donde se sembró la semilla. Otro, con toda la luz del Sol pero sin semilla y sin quien lo trabaje, queda infecundo. Por tanto, individualizar, en mi Voluntad no existe, porque por sí misma corre, se difunde y se quiere dar a todos, y el que quiere, toma."

Yo quedé afligida al oír esto y Jesús agregó:

"Ah, tú quisieras hacer como el Sol que quisiera concentrar en un punto más fuerte su luz, su calor, para poder calentarlo tanto e iluminarlo tanto para convertir ese punto en el mismo Sol, mientras hace su camino regular sobre todas las demás cosas."

Y yo: "Sí, sí, es precisamente así. Es el peso de la gratitud que siento lo que me lleva a esto."

Jesús sonrió al oírme y continuó:

"Si es así, hazlo. Pero debes saber que así como mi Voluntad domina todo, se encuentra por todas partes, sostiene a todos, es conocida por el Cielo, por la tierra y hasta por los demonios y no hay ninguno que pueda oponerse a Ella, así el alma que hace mi Voluntad debe dominar todo, encontrarse en todas partes, sostener todo y quiero que sea conocida por todos."

Y yo: "Amor mío, yo no soy conocida por nadie."

Y Él: "¿Cómo que no te conoce nadie? Te conocen todos los santos y ángeles, uno por uno y con ansia esperan tu obrar en mi Querer como nota divina y la más armoniosa para que corra sobre todo lo que hicieron en su vida para darles mayor esplendor y contento. Te conocen todas las almas purgantes sintiendo sobre ellas el continuo refrigerio que les lleva el obrar en mi Querer. Te conocen los demonios por la fuerza de mi Voluntad que sienten en ti. Y si la tierra por ahora no te conoce, te conocerá pronto. Sucede y hago con quien hace mi Voluntad como hice con mi Madre Celestial, que la constituí Reina de todo y ordené a todos que la reconocieran y la honraran como su Reina y a Ella le ordené que aplastara con su pie la cabeza del dragón infernal; así hago con quienes viven en mi Voluntad: todo está bajo su dominio y no hay bien que de ellos no venga."

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13 de marzo de 1922

El gran bien que lleva el oír las verdades.

Estando fuera de mí misma me encontré en medio de un valle florido, en el cual estaba mi Confesor difunto, muerto el pasado día diez, y según su costumbre de cuando vivía acá abajo me dijo:

"Dime: ¿qué te dijo Jesús?"

Y yo: "Me habló en mi interior, pero con palabras no me dijo nada y usted sabe que no tomo en cuenta las cosas que siento en mi interior".

Y él: "Quiero oír también lo que te dijo en tu interior".

Y yo, como obligada:

"Me dijo: ‘Hija mía, te llevo en mis brazos; mis brazos te servirán de barquita para hacerte navegar en el mar interminable de mi Voluntad. Tú, después, al hacer tus actos en mi Querer formarás las velas, el mástil, el ancla, que servirán no sólo como adorno de la barquita sino servirán para hacerla caminar con más velocidad. Es tanto el amor que tengo a quien vive en mi Querer que la llevo en mis brazos sin dejarla jamás’. Y mientras esto dijo, vi los brazos de Jesús en forma de barquita y yo en medio de ella".

El Confesor al oír esto me dijo:

"Has de saber que cuando Jesús te habla y te manifiesta sus verdades, son rayos de luz que llueven sobre ti. Y cuando tú me las manifestabas a mí, no teniendo su virtud, me las manifestabas a gotas, pero mi alma quedaba toda llena de esas gotas de luz, y aquella luz me incitaba más y me daba más deseos de escuchar otras verdades para poder recibir más luz, porque estas verdades llevan consigo el perfume celestial, la sensación divina, y esto sólo con oírlas ¿qué será para quien las practica? Es por esto por lo que amaba y deseaba tanto escuchar lo que te decía Jesús y por lo que quería decirlo a otros: era la luz y el perfume que sentía y quería que otros participaran. ¡Si supieras el gran bien que recibió mi alma por escuchar las verdades que te decía Jesús! ¡Cómo todavía gotea luz y expande perfume celestial, que no sólo me da refrigerio sino que me sirve de luz a mí y a quien está cerca de mí! Y cuando tú haces tus actos en el Divino Querer, yo tomo parte especial, porque me siento la semilla del Querer Santísimo que tú sembraste en mí".

Y yo: "Hágame ver su alma, ¿cómo es que gotea luz?"

Y él, abriéndose por la parte del corazón, me hizo ver su alma toda goteante de luz, y esas gotas se unían, se separaban, una corría sobre otra... era muy bello verlo.

Entonces continuó: "¿Has visto cómo es bello escuchar las verdades? Quien no escucha las verdades gotea tales tinieblas que da terror".

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16 de marzo de 1922

Vivir en la Divina Voluntad no tiene nada de extraordinario exteriormente, todo es entre el alma y Dios.

Continuando mi habitual estado, estaba pensando para mí: "Me siento la más mala de todos, y sin embargo, mi dulce Jesús me dice que sus designios sobre mí son grandes y que la obra que realiza en mí es tan importante que no quiere ni siquiera confiarla a los ángeles, sino que Él mismo quiere ser el custodio, el actor y el espectador. Pero ¿qué es lo que hago de grande? Nada. Mi vida externa es tan ordinaria que hago menos que los demás".

Y mientras pensaba esto, mi siempre amable Jesús, interrumpiendo mi pensamiento, me dijo:

"Hija mía, se ve que sin tu Jesús no sabes pensar ni decir más que disparates. Tampoco mi querida Mamá hizo nada de extraordinario en su vida exterior, es más, aparentemente hizo menos que otros. Ella se abajaba a las acciones más ordinarias de la vida: hilaba, cosía, barría, encendía el fuego... ¿Quién habría pensado que Ella era la Madre de Dios? Sus acciones externas nada hacían entreverlo. Pero cuando me llevaba en su seno, conteniendo en Ella al Verbo Eterno, cada movimiento suyo, cada acción humana de Ella obtenía adoración de todo lo creado; de Ella procedía la vida y la conservación de todas las criaturas; el sol dependía de Ella y de Ella esperaba la conservación de su luz y de su calor; la tierra, el desarrollo de la vida de las plantas; todo giraba en torno a Ella; Cielo y tierra estaban al pendiente hasta de sus más pequeños movimientos; pero ¿quién veía algo? Nadie. Toda su grandeza, potencia y santidad y los mares inmensos de bienes que de Ella salían, era de su interior. Cada uno de sus latidos, de sus respiros, de sus pensamientos, de sus palabras era un desbordamiento en su Creador, entre Ella y Dios había continuas corrientes que recibía y daba; nada salía de Ella que no hiriese a su Creador y en lo que no quedara herida por Él. Estas corrientes la engrandecían, la elevaban y la hacían superar todo, pero nadie veía nada. Sólo Yo, su Dios e Hijo, estaba al corriente de todo; entre Mí y mi Mamá pasaba una tal corriente, que su palpitar corría en el mío, y el mío corría en el suyo, de manera que Ella vivía de mi palpitar eterno y Yo de su palpitar materno y, por eso, nuestras vidas se confundían juntas. Y era precisamente esto lo que ante Mí la hacía distinguirse como mi Madre. Las acciones externas no me satisfacen ni me agradan si no brotan de un interior del que Yo sea vida.

Entonces, ¿cuál es tu extrañeza de que tu vida externa sea del todo ordinaria? Es mi costumbre cubrir con las cosas más ordinarias mis obras más grandes para que nadie me las señale y Yo esté más libre para obrar, y cuando las he cumplido entonces doy la sorpresa y las manifiesto a todos, haciendo maravillarse a todos. Y con todo es cierto que la obra que hago en ti es grande, ¿te parece poco que haga correr todos tus actos en la corriente de mi Querer y que la corriente de mi Querer corra en los tuyos, y que mientras estas corrientes corren, forman un solo acto con todos los actos de las criaturas, haciendo correr en todos un Querer Divino que se hace actor de cada acto de cada uno y que sustituye por todos un acto divino, un amor, una reparación, una gloria eterna y divina? ¿Te parece poco que la corriente de una voluntad humana esté en continuas relaciones con la Voluntad Divina, y que una se desborde en la otra? Hija mía, lo que te recomiendo es que estés atenta y me sigas fielmente".

Y yo: "Amor mío, en estos días fueron tantas las circunstancias, que me sentía distraída".

Y Él: "Por lo tanto sé atenta, porque cuando lo que haces no corre en mi Querer, sucede como si el Sol detuviese su carrera; y cuando estás distraída formas las nubes delante del sol y te quedas oscurecida. Sin embargo, cuando las distracciones son involuntarias, basta con un acto fuerte y decidido de tu voluntad de correr en mi Querer para poner el sol en camino, y como un rápido vientecillo disipar las nubes para hacer resplandecer más hermoso el sol de mi Querer".

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18 de marzo de 1922

La culpa encadena al hombre y le impide hacer el bien. Reposo de Dios y de la criatura.

Estaba acompañando a mi dulce Jesús en las penas de su Pasión, entonces Él, haciéndose ver, me dijo:

"Hija mía, la culpa encadena al alma y le impide hacer el bien; la mente siente la cadena de la culpa y queda impedida para comprender el bien, la voluntad siente la cadena que la ata y se siente entorpecida, y en lugar de querer el bien, quiere el mal; el deseo, encadenado, siente cortadas las alas para volar a Dios. ¡Oh, cómo me da compasión ver al hombre encadenado por sus propias culpas! He aquí por qué la primera pena que quise sufrir en la Pasión fue la de las cadenas. Quise estar atado para liberar al hombre de sus cadenas. Las cadenas que Yo sufrí, en cuanto me tocaron se convirtieron en cadenas de amor, las cuales al tocar al hombre, le quemaban y le destrozaban las suyas, atándolo con mis amorosas cadenas.

Mi amor es operativo, no sabe estar si no obra, por esto, para todos y para cada uno preparé lo que se necesita para rehabilitarlo, para sanarlo y para embellecerlo nuevamente, hice todo a fin de que, si se decide, encuentre todo preparado y a su disposición. Por eso tengo listas mis cadenas para quemar las suyas, los pedazos de mi carne para cubrir sus llagas y embellecerlo, mi sangre para darle la vida; todo lo tengo listo. Tengo en reserva para cada uno lo que cada uno necesita, y como mi Amor quiere darse, quiere obrar, siento una intranquilidad, una fuerza irresistible que no me da quietud si no doy. Pero ¿sabes qué hago cuando veo que ninguno toma? Concentro mis cadenas, los pedazos de mi carne y toda mi sangre en quien los quiere y me ama y lo lleno de belleza, atándolo todo con mis cadenas de amor y le centuplico la vida de la gracia; sólo así mi amor se desahoga y encuentra reposo".

Y mientras Él decía esto, yo veía que sus cadenas, los pedazos de su carne y su sangre corrían sobre mí, y Él se divertía aplicando todo a mí y encadenándome toda. ¡Cómo es bueno Jesús... sea siempre bendito!

Después volvió y agregó:

"Hija mía, siento la necesidad de que la criatura repose en Mí y Yo en ella. Pero ¿sabes cuándo la criatura reposa en Mí y Yo en ella? Cuando su inteligencia piensa en Mí y me comprende, ella reposa en la inteligencia de su Creador y la del Creador encuentra su reposo en la mente creada; cuando la voluntad humana se une con la Voluntad Divina, las dos voluntades se abrazan y reposan juntas; si el amor humano se eleva sobre todas las cosas creadas y ama sólo a su Dios, ¡qué bello reposo encuentran recíprocamente Dios y el alma! Quien da reposo lo encuentra, Yo le hago de lecho y la tengo en el más dulce sueño estrechada entre mis brazos. Por eso tú ven y reposa en mi seno."

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21 de marzo de 1922

El doble sello del Fiat en todas las cosas de la creación.

Continuando en mi habitual estado, estaba pensando en el santo Querer Divino; entonces, mi siempre adorable Jesús me estrechó entre sus brazos y suspiró fuertemente. Yo sentí su aliento que me penetraba hasta en el corazón, y luego me dijo:

"Hija de mi Querer, mi aliento omnipotente te da la vida de mi Querer, porque a quien hace mi Voluntad, mi Querer le suministra su aliento por vida, y al darle su aliento le aleja todo lo que no pertenece a Mí y el alma no respira otra cosa que el aire de mi Voluntad, y así como el aire se recibe y se emite, así el alma: es un continuo recibirme a Mí y un darse en cada respiro a Mí.

En toda la creación aletea mi Voluntad, no hay cosa en la que mi Querer no tenga su sello. Al pronunciar el Fiat al crear las cosas, mi Querer tomó el dominio y se hizo vida y conservación de todas. Ahora, este Querer mío quiere que todas las cosas queden encerradas en Él para recibir la correspondencia de sus mismos actos nobles y divinos, quiere ver aletear en todo los actos humanos el aire, el viento, el perfume y la luz de su Querer, de manera que aleteando juntos los actos suyos con los de la criatura, se confundan y formen una sola cosa. Fue ésta sola la finalidad de la creación: que las emanaciones de los quereres fueran continuas, y así lo quiero, lo pretendo y lo espero. Por eso tengo tanta premura de que se conozca mi Querer, su valor y sus efectos, para hacer que las almas que vivan de mi Querer con sus emanaciones continuas en mi Voluntad, conforme hagan sus actos, como aire los difundan en todo, se multipliquen en todos los actos humanos, invistiendo y cubriendo todo como actos de mi Voluntad y entonces tendré la finalidad de la creación, mi Voluntad se reposará en ellas y formará la nueva generación y todas las cosas creadas tendrán el doble sello de mi Querer: el Fiat de la creación y el eco de mi Fiat en las criaturas".

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24 de marzo de 1922

Cada acto hecho en la Divina Voluntad suple a la multiplicación de la Vida sacramental de Jesús.

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me dijo:

"Hija mía, a medida que el alma hace sus actos en mi Querer, así multiplica mi Vida; de manera que si hace diez actos en mi Voluntad, diez veces me multiplica; si hace veinte, cien o mil actos, o aun más, otras tantas veces quedo multiplicado. Sucede como en la consagración sacramental: por cuantas hostias se ponen, otras tantas veces quedo multiplicado. La diferencia es que en la consagración sacramental tengo necesidad de las hostias para multiplicarme y del sacerdote que me consagre, mientras que en mi Voluntad, para quedar multiplicado tengo necesidad de los actos de la criatura, en los cuales, más que hostia viva, no muerta como son las hostias antes de consagrarme, mi Voluntad me consagra y en ellos me encierra, y quedo multiplicado en cada acto suyo hecho en mi Voluntad.

Por eso, mi Amor tiene su desahogo completo con las almas que hacen mi Voluntad y viven en mi Querer. Ellas son siempre las que suplen no sólo a todos los actos que me deben las criaturas sino a mi misma vida sacramental. Cuántas veces queda obstruida mi vida sacramental en las pocas hostias en las que Yo quedo consagrado, porque son pocos los que comulgan y, otras veces, porque faltan sacerdotes que me consagren, y mi vida sacramental no sólo no queda multiplicada todo lo que Yo quisiera sino que se queda sin existencia. ¡Oh, cómo sufre mi Amor! Quisiera multiplicar mi Vida todos los días en tantas hostias por cuantas criaturas existen, para darme a ellas, pero en vano espero, mi Voluntad queda sin efecto. Pero lo que he decidido tendrá cumplimiento, por eso tomo otro camino y me multiplico en cada acto vivo de la criatura hecho en mi Querer, para hacer que supla a la multiplicación de mi vida sacramental. Ah sí, sólo las almas que vivan en mi Querer suplirán todas las comuniones que no reciben las criaturas y suplirán todas las consagraciones que no son hechas por los sacerdotes. En ellas encontraré todo, aun la misma multiplicación de mi vida sacramental.

Por eso te repito que tu misión es grande, para una misión más alta, más noble, sublime y divina no podría haberte escogido; no hay cosa que no concentraré en ti, aun la multiplicación de mi Vida. Haré nuevos prodigios de gracia jamás hechos hasta ahora; por tanto, te recomiendo que seas atenta y que me seas fiel; haz que mi Voluntad tenga Vida siempre en ti; y Yo, en mi mismo Querer en ti hallaré entera y completada la obra de mi creación, con mis plenos derechos y con todo lo que quiero".

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28 de marzo de 1922

Todo el obrar de Jesús está en acto continuo de darse al hombre. Correspondencia por las cosas creadas.

Continuando mi habitual estado, estaba fundiéndome toda en el Santo Querer de mi amable Jesús y Él me dijo:

"Hija de mi Querer, si conocieras los portentos, los prodigios que suceden cuando te fundes en mi Querer, te quedarías estupefacta. Escucha: todo lo que Yo hice sobre la tierra está en continua actitud de darse al hombre, haciéndole corona; mis pensamientos forman corona en torno a la inteligencia de la criatura; mis palabras, mis obras, mis pasos, etc., forman corona en torno a sus palabras, a sus obras y a sus pasos, para así, entrelazando sus cosas con las mías, poder decir a mi Padre Celestial que el obrar de ella es como el mío. Ahora bien, ¿quién toma este acto mío continuo? ¿Quién se hace entrelazar por mis obras, con las que coroné a toda la familia humana?: Quien vive en mi Querer.

Conforme fundías tus pensamientos en mi Querer, mis pensamientos, que te hacían corona, sentían su propio eco en tu mente, e identificándose con los tuyos, los multiplicaban con los míos, y Yo formaba una doble corona en torno a la inteligencia humana, y mi Padre Celestial recibía no sólo de Mí sino también de ti la gloria divina de parte de todas las inteligencias creadas; y lo mismo de las palabras y de todo lo demás.

Y no sólo mi Padre obtiene esta gloria divina de parte de todas las criaturas, sino de parte de todas las cosas creadas, porque todas las cosas fueron creadas para hacer correr continuo amor hacia el hombre, y el hombre por justicia debería dar por cada cosa creada homenaje y amor a su Creador. Ahora bien, ¿quién suple a todo esto? ¿Quién hace suyo ese Fiat por el que todas las cosas fueron creadas, para difundir en todo un homenaje, una adoración, un amor divino a su Creador?: Quien vive en mi Querer. Se puede decir que en cada una de sus palabras hace suyo aquel Fiat Omnipotente, el eco del Fiat Eterno resuena en su Fiat Divino en el cual vive y se difunde y corre y vuela, y en cada cosa creada estampa otro Fiat y da a su Creador el homenaje y el amor por Él queridos.

Esto lo hice Yo cuando estuve en la tierra; no hubo cosa alguna por la que Yo no correspondiera a mi Divino Padre por parte de todas las criaturas. Y ahora lo ha de hacer, lo quiero y lo espero, quien vive en mi Querer. Si tú vieras qué hermoso es ver en cada parpadeo de las estrellas, en cada gota de luz del Sol mi gloria, mi amor, mi profunda adoración unida a la tuya. ¡Oh, cómo corre, cómo vuela en las alas de los vientos, llenando toda la atmósfera; cómo recorre todas las aguas del mar, cómo se apoya en cada planta, en cada flor; cómo se multiplica en cada movimiento! Es un voz que forma su eco en todo y dice: ‘Amor, gloria, adoración a su Creador’. Así que quien vive en mi Voluntad es el eco de mi voz, es el repetidor de mi Vida, es la perfecta gloria de mi creación. ¿Cómo no habría de amarlo? ¿Cómo no habría de darle todo lo que debería dar a todas las demás criaturas juntas y hacerle tener el primado en todo? ¡Ah, mi amor se ahogaría si no lo hiciera así!"

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1 de abril de 1922

La pena de la privación de Jesús es mayor que las penas del purgatorio.

Paso días amarguísimos por la privación de mi dulce Jesús, y si se hace ver es casi como relámpago que huye. ¡Qué pena! ¡Qué desgarro! Mi mente estaba afligida por el pensamiento de que no habría regresado más mi Vida, mi todo. ¡Ah, todo para mí ha terminado! ¿Qué haré para volverlo a encontrar? ¿A quién me dirigiré? ¡Ah, nadie se mueve a piedad de mí! Y mientras esto y más pensaba, mi amable Jesús vino y me dijo:

"Pobre hija mía, pobre hija mía, cuánto sufres. Tu estado doloroso sobrepasa al mismo estado de las almas purgantes, porque si éstas están privadas de Mí, son las culpas con las que se ven ensuciadas las que les impiden verme y las que les hacen que ellas mismas no osen venir ante Mí, porque frente a mi Santidad infinita no hay pequeño defecto que pueda resistir mi presencia. Además, si Yo permitiera que estuvieran así sucias ante Mí, para ellas sería el más grande tormento, que superaría las mismas penas del infierno. La mayor tortura que podría Yo dar a un alma sería hacerla estar ante Mí manchada; entonces Yo, para no torturarla mayormente la dejo purgarse primero y después la admito en mi presencia.

Pero entre Mí y la Pequeña Hija de mi Querer no son las culpas las que me impiden hacerme ver, es mi Justicia la que se interpone entre Mí y ella, por eso tu pena de no verme supera cualquier pena. Pobre hija, ánimo, te ha tocado mi misma suerte. ¡Cómo son terribles las penas de la Justicia! Y puedo participarlas sólo a quien vive en mi Voluntad, porque se necesita una fuerza divina para sostenerlas. Pero no temas, volveré pronto a los modos habituales. Deja que los rayos de la Justicia toquen a las criaturas; también mi Justicia tiene que hacer su curso, además no la podrías sostener tú toda. Después estaré contigo como antes, pero a pesar de esto no te dejo. Yo también sé que no puedes estar sin Mí, por eso estaré en el fondo de tu corazón y rezaremos juntos".

Después, seguía las Horas de la Pasión, especialmente en el momento en que fue vestido y tratado como demente. Mi mente se perdía en este misterio y entonces Jesús me dijo:

"Hija mía, el paso más humillante de mi Pasión fue justamente éste: el ser vestido y tratado como demente, esto me convertía en juguete y diversión de los judíos. Humillación más grande no podría tener mi infinita Sabiduría; sin embargo, era necesario que Yo, Hijo de Dios, sufriera esta pena.

El hombre, pecando se vuelve demente. Locura y demencia más grande no puede darse, y de rey cual es, se convierte en esclavo y juguete de vilísimas pasiones que lo tiranizan y más que a un loco lo encadenan a ellas a su beneplácito y capricho, arrojándolo en el fango y cubriéndolo con las cosas más puercas. ¡Oh, qué gran demencia es el pecado! En este estado el hombre jamás podía ser admitido ante la Suprema Majestad. Por eso quise sufrir esta pena tan humillante: para implorar que el hombre saliera de este estado de demencia, ofreciéndome Yo a mi Padre Celestial a sufrir las penas que merecían por su locura. Cada pena que sufrí en mi pasión no fue otra cosa que el eco de las penas que merecían las criaturas; este eco retumbaba en Mí y me sujetaba a penas, a escarnios, a burlas y a todos los tormentos".

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