Consagración a Jesús,

Rey de reyes

 

Oh Jesús, Rey de reyes, Dios de bondad, de amor y de misericordia, yo adoro, amo, agradezco, glorifico tu Voluntad Santísima emanada de tu Omnipotencia, guiada por tu Sabiduría, acompañada por tu Bondad y tu Amor.

En todo lugar y en todo tiempo, sea en la alegría que en el dolor, tu Santísima Voluntad y tu divino Amor sean las estrellas que mire, la ley que me gobierne, el aire que respire, el latido de mi corazón, la sustancia y la vida de mi vida. A esta finalidad uno todas mis oraciones y acciones a las tuyas, toda mi vida a la tuya, asimismo a las de la Virgen Santísima, Madre tuya y Madre mía, a las de San José y a las de todos los elegidos que ha habido y habrá, con todo el bien pasado y futuro que es posible en el Cielo y en la tierra.

Yo consagro y dono todo yo mismo, cuanto soy, cuanto tengo, cuanto me pertenece, cuantos me son queridos, mi vida, mi muerte, mi eternidad, todo lo que has creado, a tu Supremo Querer y a tu infinito amor; y te pido, oh Sabiduría increada, que me escribas con caracteres indelebles en tu adorable Corazón como hijo amoroso y celoso de tu Divino Querer y de tu puro amor.

Cumplo este ofrecimiento y donación en la Potencia del Padre, en la Sabiduría del Hijo, en la Virtud del Espíritu Santo, a nombre mío y a nombre de todas las criaturas, para obtener el advenimiento y expansión de la Divina Voluntad y de tu divino Amor en la tierra.

Haz, oh mi Señor, que de toda boca y de todo corazón, como de un sagrado altar, se eleve continuamente al Cielo la oración que Tú mismo por primero dirigiste al Padre: “Venga tu Reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo.”

Así sea.