Acto completo de
Correspondencia de amor
en el Divino Querer
Oh eterna e inaccesible Voluntad Suprema de mi eterno Amor, postrado en ti tu inmensidad me envuelve, me abisma, me anonada; pero al mismo tiempo me eleva hasta tu trono y me da de nuevo la vida, pero una Vida nueva, vida inmutable y santa, la Vida del Querer mismo de mi Jesús, en cuyo centro encuentro, como en un punto solo, pasado, presente y futuro.
Ah sí, encuentro el Querer Supremo creante, que en todas las cosas que crea me envía amor, océanos de inmensidad de amor... Pero espera la correspondencia de amor de cada criatura. Y yo, a nombre de toda la familia humana, desde la primera hasta la última criatura, tomo de este inescrutable Querer el amor de cada una de ellas y entro en cada acto creador, en cada parpadeo de las estrellas, en cada rayo de luz del sol, en cada soplo de viento, en cada gota de agua, en cada ser vegetal y animal, y también entro en cada latido de cada corazón, en cada palabra, en cada paso, acción, pensamiento y mirada, y llenando todo de amor, me presento ante la Majestad Suprema, para darle la correspondencia del amor de cada cosa creada.
Oh Voluntad amable, potentísima Voluntad inmensa, de la que todo sale y nada escapa, vengo a traerte el amor de todos; vengo a armonizar y a unir el Amor Eterno con amor creado. Ah, sí, te doy por todos correspondencia de amor; mi voz armonice en todo y en todos, y haciendo eterna esta voz y haciendo que se multiplique en todo instante e infinitamente, te dirá siempre: "Te amo, te amo, te amo"...; será el sello del amor creado, y no habrá cosa ni acto que no selle con mi amor.
Pero veo que mi eterno amor Jesús me mira y me sonríe, y quiere que en su mismo Querer entre en el segundo Fiat: el de la Encarnación, y espera la correspondencia de los actos de la Redención.
Y yo, oh Jesús, siguiendo a tu Querer Eterno, entro en el primer instante de tu Concepción, en cada latido tuyo, en cada pensamiento y respiro, en cada movimiento tuyo, oración y pena que sufriste en el seno de tu Madre; en cada gemido, lágrima y pena de tu infancia; en cada paso, palabra y obra de tu vida mortal. En tu Voluntad Santísima entro en el mar inmenso de tu Pasión, en cada gota de tu sangre, en cada una de tus llagas, en cada insulto y desprecio, en cada espina, en cada golpe y empujón; me unifico en las penas que sufriste sobre la cruz, en la sed ardiente, en la amargura de la hiel, en tus reparaciones y satisfacciones, hasta en tu último respiro; y junto con todas las generaciones y a nombre de todas, en tu Voluntad interminable en la que todos están contenidos, en modo divino vengo a darte la correspondencia de amor por todo; a darte amor por amor, reparación por reparación... En el mar de tu Querer me profundizo y adoro cada gota de tu Sangre, beso cada llaga; te bendigo, te alabo y te agradezco por cada uno de tus actos... En tu Querer me has dado todo, y yo en tu Querer te correspondo por todo y por todos.
Amor mío, unamos juntos el Fiat Creante, el Fiat Redimiente y mi Fiat en tu Querer; hagámoslos uno solo; uno desaparezca en el otro, para que Tú recibas amor completo, gloria perpetua, adoración divina, bendiciones y alabanzas eternas de la Creación, de la Redención y del Fiat Voluntas Tua en la tierra como en el Cielo.
Celestial Reina, Madre Divina, Tú que tienes el primado en el Divino Querer, extiende tu manto en la inmensidad del Querer Eterno y envuelve a todas las criaturas, sella sus frentes con el sello del Divino Querer, a fin de que todas vivan de la Vida de la Divina Voluntad en la tierra, para poder pasar en tu regazo materno a vivir de Divina Voluntad en el Cielo.
Así sea.