Llamada materna

de la Reina del Cielo

 

Hija queridísima, siento la irresistible necesidad de bajar del Cielo para hacerte mis visitas maternas. Si tú me aseguras tu amor filial y tu fidelidad Yo me quedaré para siempre contigo, en tu alma, para ser tu maestra, tu modelo y tu Madre amorosísima.

Vengo para invitarte a entrar en el Reino de tu Mamá, es decir, en el Reino de la Divina Voluntad, y llamo a la puerta de tu corazón para que tú me abras... Mira, con mis mismas manos te ofrezco como don este libro[1]: te lo ofrezco con amor materno para que tú, leyéndolo, aprendas a vivir de Cielo y ya no más de tierra.

Este libro es de oro, hija mía; él formará tu fortuna y tu felicidad espiritual aun en la tierra. En él encontrarás la fuente de todos los bienes: si eres débil, adquirirás la fuerza; si eres tentada, adquirirás la victoria; si te encuentras caída en la culpa, hallarás la mano misericordiosa y potente que te levantará; si te sientes afligida, hallarás el consuelo; si te sientes fría, encontrarás el medio seguro para enfervorizarte; y si tienes hambre, tomarás el alimento exquisito de la Divina Voluntad.

Con este libro ya no te faltará nada, no estarás más sola, porque tu Mamá te hará dulce compañía y con todos sus cuidados maternales se comprometerá a hacerte feliz. Yo, la Celestial Emperatriz, me encargaré de todas tus necesidades, si tú accedes a vivir unida a Mí.

¡Si tú conocieras mis ansias, mis suspiros ardientes, y hasta las lágrimas que derramo por mis hijos...! ¡Si tú supieras cómo ardo por el deseo de que escuches mis lecciones todas de Cielo y aprendas a vivir de Voluntad Divina!

En este libro encontrarás maravillas: encontrarás una Madre que te ama tanto que sacrifica a su querido Hijo por ti, y así poder hacerte vivir de la misma Vida que Ella vivió sobre la tierra.

¡Ah, no me des este dolor: no me rechaces; acepta este don de Cielo que te traigo: acoge mi visita, atiende mis lecciones!

Has de saber que Yo recorreré todo el mundo, iré a cada alma, a todas las familias, a todas las comunidades religiosas, a todos los países, a todos los pueblos, y si se necesita iré por siglos enteros, hasta que haya formado, como Reina a mi pueblo, y como Madre a mis hijos, los cuales conocerán y harán reinar por doquier la Divina Voluntad.

He aquí explicada la finalidad de este libro. Aquellos que lo acojan con amor serán mis primeros afortunados hijos que pertenecerán al Reino del Fiat Divino, y Yo con letras de oro escribiré sus nombres en mi Corazón materno.

Mira, hija mía, el mismo amor infinito de Dios que en la Redención quiso servirse de Mí para hacer descender al Verbo Eterno a la tierra, ahora me llama otra vez y me confía la tarea, el sublime mandato, de formar sobre la tierra a los hijos del Reino de su Divina Voluntad. Y yo, maternalmente presurosa me pongo a la obra y te preparo el camino que te conducirá a este feliz Reino...

Para tal fin te daré lecciones sublimes y celestiales y especialmente te enseñaré nuevas oraciones, en las que el cielo, el sol, la creación entera, mi misma vida y la de mi Hijo, todos los actos de los santos, queden incluidos, para que a nombre tuyo pidan el Reino adorable del Querer Divino. Estas oraciones son las más potentes, porque encierran en ellas la potencia del mismo obrar divino; por medio de ellas Dios se sentirá desarmado y vencido por la criatura. En virtud de este auxilio tú apresurarás la venida de su Reino felicísimo, y conmigo obtendrás que la Divina Voluntad se haga como en el Cielo así en la tierra, según el deseo del Maestro Divino.

¡Animo, hija mía, conténtame y Yo te bendeciré!


 

[1] El libro al que se hace alusión aquí es: “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad”, en el que Ella misma da lecciones al alma sobre cómo vivir en el Reino de la Divina Voluntad, poniéndole como ejemplo los diferentes episodios de su propia vida y de la de su Hijo Divino. Estas lecciones están divididas en 31 meditaciones para cada día del mes.